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jueves, 12 de diciembre de 2013

EL INFLUJO DE LA LUNA AYER Y HOY

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En la Antigüedad, la Astrología era el conjunto de relaciones que, acatando las leyes de analogía, enlazan un Cosmos infinitamente grande y otro infinitamente pequeño. Trataba el estudio de los astros como seres vivos y la relación que éstos mantenían con todas las demás entidades vivientes. Dicho con otras palabras, para la Astrología el Universo es un Gran Ser Vivo, regido por una misma Ley y alimentado por una misma energía, siendo su fuente de origen y su destino el mismo. De ahí que la Ley que lo rige, la Vida que lo impregna y la forma o la materia que lo cubre, estén relacionados, pues son Espíritu y cuerpo de un mismo Ser: el Universo.

Como resultado de lo anteriormente expuesto, en el pasado, la Astrología abarcaba varias ciencias, que podríamos resumir en: Astronomía, que se encargaba del aspecto forma de los astros; Astrología, ocupada del aspecto vida, o sea la relación vital entre los astros y los hombres; y la Horoscopía del aspecto Ley, o sea la influencia de unos sobre otros y el destino común que los rige. La relación o influencia entre los astros y toda la naturaleza sería no sólo física, sino general, vital, psíquica, mental y espiritual, dependiendo de si es el cuerpo, el alma o el Espíritu la causa de esta respuesta. Por ello esbozaremos el tema de la Luna desde estas tres perspectivas y además recopilaremos algunas de las populares tradiciones sobre su influjo, así como aporte del Esoterismo y la visión religiosa de todos los tiempos, salpicada de algunos elementos científicos. Comenzaremos exponiendo algunos datos de tipo astronómico para situar en el espacio básicamente a este satélite de la Tierra (en Astrología todos se consideran planetas), el más cercano a nosotros y cuya influencia por consiguiente es más notoria.

ASTRONOMIA (Aspecto Forma)
Su distancia con respecto a la Tierra es de 383.404 Km. Carece de atmósfera y agua, siendo su gravedad 6 veces menos que la de la Tierra y su diámetro ecuatorial de 3.473 Km. Gira sobre sí misma a la par que en 28 ó 29 días aproximadamente recorre su órbita en torno a la Tierra, de ahí que sólo veamos una de sus caras; en este giro alrededor de la Tierra va formando las distintas fases lunares. La órbita de la Luna, al ser elíptica, hace que parezca cambiar de tamaño. Sale y se pone aproximadamente 40 minutos más tarde el mismo día del año sucesivo. Refleja sólo el siete por ciento de la luz del Sol que recibe. Cuando la Luna está en lo alto del cielo tiene una familiar apariencia plateada, y cuando está cerca del horizonte se ve de color “rojo sangre”. Estos cambios se deben a la interacción de la luz de la Luna y la atmósfera terrestre. Si la Luna se ve blanca es la mezcla de todos los colores del arco iris. Cuando las ondas de luz son muy cortas ésta se ve azulada. Cuando son muy largas se ve rojiza. Los colores verde y amarillo son ondas de longitud intermedia.

CAMBIOS RITMICOS QUE INFLUYEN EN LA TIERRA
Las Mareas: La atracción entre la Luna y la Tierra es sustancial debido al gran volumen de cada esfera y a la distancia relativamente pequeña que las separa. Así, la Luna tiende a jalar las aguas hacia ella provocando las mareas. Estas pueden deberse a la atracción de la Luna o a la del Sol. Este par de influencias combinadas nos dan un juego de mecanismos complejos que provocan las mareas ascendente, descendente e intermedia. Cuando el Sol se encuentra en la misma línea direccional de la Luna o próximo, sus influencias se suman.

Los Eclipses: Los antiguos creían que ciertas entidades “vampíricas”, espíritus o cascarones astrales, que habitaban en la Luna, descendían por el cono de sombra hasta la Tierra, durante los eclipses de Luna. Y en los eclipses de Sol las entidades lunares impedían el trabajo benéfico de las deidades que habitaban en el cono de luz.

Los Iones: La Tierra está cargada negativamente y rodeada por un cinturón protector o ionosfera cargado eléctricamente. Este cinturón está polarizado u orientado de manera que su parte interior está cargada positivamente, y su parte exterior negativamente. En noches de luna llena, y siendo ésta de carga negativa como la Tierra, se encuentra más cerca de nosotros que en ningún otro momento. De esta forma la carga negativa de la Luna repele a la parte exterior o negativa de la ionosfera terrestre, que se aplasta y contrae hacia el interior, desplazando a su vez a la carga positiva que hay en la parte interna. Así, en la luna llena existe una concentración mayor de iones positivos en la superficie de la Tierra, que causa por consiguiente trastornos en los ciclos vitales de los seres vivos. Se ha comprobado que los iones positivos producen cansancio, irritación, malestar.
Características astrológicas de su influencia
Es la antítesis del Sol, si éste representa la plenitud y la conciencia de la vida, lo que tiene luz propia, la Luna es símbolo de la infancia, de todo lo oculto, de lo inconsciente e ilusorio, el claro reflejo de nuestro “yo” más profundo. Gobierna la imaginación, los sueños, la receptividad y, junto con Mercurio, la memoria. Crea un gran apego al pasado, los recuerdos, el folklore y los tiempos anteriores. El carácter del nativo influido por la Luna es cambiante como ella misma, inestable y extremadamente influenciable.

Generalmente, la influencia lunar ha sido relacionada con el amor, el sexo y también con los vicios y las bajas pasiones. Nos dice el esoterismo tradicional que la energía lunar es opuesta a la solar, y que bajo su influencia sentimos más poderosos los instintos. La energía solar nos eleva, nos purifica; la lunar en cambio es como un reflejo, un rebote de la vida, y está artificialmente “condimentada”. Representaría todo lo contrario al Sol.

La posición de la Luna en el tema natal nos indicará el grado de sensibilidad de la persona, su receptividad, su tipo de imaginación y su capacidad de ensoñación. En el plano emocional, activará todo lo que permanece latente, obligándolo a manifestarse. Explica las relaciones y el contacto que se establecerá con el ambiente. Otorga un gran valor al entorno que envuelve a las personas ya que, al ser sumamente dependientes, se dejarán envolver y sugestionar por éste. El sueño, la contemplación, el instinto, así como toda una serie de cualidades pasivas son características lunares. Su sociabilidad y su necesidad de crear un hogar los llevan a formar familia tempranamente.

El físico lunar típico es más bien linfático, talla pequeña, cabellera abundante, tez pálida. Formas redondeadas, ojos grandes, expresión soñadora o de sorpresa, barbilla redonda y labios gruesos.

Los hombres y mujeres que nazcan bajo la Luna serán humildes, serviciales y muy amables. Odiarán a los conversadores escabrosos y a los comentadores de indecencias, e irán alegremente ataviados con ropas de muchos colores.

La influencia de la Luna en general favorece el idealismo místico, la abnegación, la resignación, el ensueño, la contemplación. Disminuye las facultades mentales objetivas, tales como la voluntad, la atención y el juicio.

En el plano estrictamente biológico, está profundamente ligada al proceso de gestación y parto; hay una enorme influencia de las fases lunares sobre el recién nacido; si el parto tiene lugar cuando la Luna está creciente, la salud del niño será más fuerte que cuando éste tiene lugar en cuarto menguante, ya que entonces posiblemente tenga una salud débil y enfermiza.

Su influencia suele repercutir ocasionando continuos cambios de humor; por ello, las personas con una Luna potente en el tema son terriblemente lunáticas. Las enfermedades que de su influencia se derivan guardan un carácter pasajero
SIMBOLISMO RELIGIOSO Y ESOTERICO
La Luna nunca fue adorada por sí misma, sino por lo que en ella había de sagrado, por lo que revelaba, es decir, por la fuerza concentrada en ella, por la realidad y la vida inagotable que muestra. Relacionada con la ley de los ciclos que afecta a todas las formas manifestadas, ella misma está sujeta a esta gran Ley y es a un tiempo su señora. De ahí el papel de la Luna en las ceremonias de Iniciación, en que se hacía experimentar al neófito una especie de muerte ritual (a la vida material), seguida de un renacimiento (a la vida espiritual), y en las que el discípulo adquiría su verdadera personalidad de “hombre nuevo”.

Entre la muerte y la Iniciación hay una evidente similitud. Esta es la razón de la estrecha analogía que existe en griego entre “morir e iniciarse”. Plutarco llama “victoriosas” a las almas que logran alcanzar la parte superior de la Luna; afirma asimismo que llevaban una corona como los Iniciados.

En algunas civilizaciones, la Diosa Luna fue adorada como un Dios –superior incluso- al Sol. Curiosamente, se la consideró femenina, masculina o andrógina, según de qué época o cultura se tratase.

La Luna ha sido siempre la fuerza fertilizadora. Desde tiempos inmemoriales ha existido la creencia en una peculiar y única conexión entre las mujeres y la Luna. En la vieja Babilonia se pensaba que la fertilidad, embarazo y nacimiento de los humanos tenía estrecha relación con la influencia de la Luna.

Aquellas mujeres que habían consagrado su vida al culto de la Luna eran consideradas como impregnadas de ella, y sus hijos eran llamados “niños de la Luna”. En la antigua Persia, la Luna era reverenciada como la Diosa “rica en semillas, leche, grasa, tuétano, vástagos”. En el viejo Egipto, en el templo de la Luna en Tebas, había la siguiente inscripción: “A través de su mirada las mujeres conciben”. En Egipto se relacionó con Mau, la Diosa Gato, al comparar el brillo de sus ojos con el de la Luna en el cielo nocturno. Se la llamó: “Destructor de los enemigos del Sol”. Aseguraban que los ojos del gato seguían las fases lunares en su desarrollo y decrecimiento.

En todos los Dioses de la vegetación y la fecundidad sobreviven atributos o poderes lunares. La Luna era considerada la madre de las plantas, y las plegarias eran ofrecidas a su divino espíritu antes de que se plantaran las semillas y antes de que se cosecharan las siembras.

Trazamos a continuación un somero recorrido por las tradiciones de los distintos pueblos sobre la Diosa Luna. En Europa central, existe la superstición de que si se entierran pelos arrancados a una mujer que está menstruando, se transforman en serpientes (hechiceras de Bretaña). En Africa, la Luna es “la madre de todas las cosas vivas”. Para los chinos, la serpiente (La Luna), está en el origen de todo poder mágico. De la antigua Hélade nos ha llegado un curioso relato que afirma que en una ocasión los atenienses tuvieron que luchar solos, sin la ayuda de sus poderosos aliados los espartanos, porque éstos últimos, por ley, nunca comenzaban una guerra a menos que hubiera luna llena. En Oriente, la Luna está en relación con la luz astral y la mente concreta de deseos, denominada Kama Manas. El Zend Avesta, antiguo texto de origen persa, afirma que la luna calienta, da ánimo y comunica paz; cuando está en el novilunio y plenilunio favorece el crecimiento, desarrollo de la vegetación y tiene una influencia bienhechora y saludable. En Egipto, podemos tomar como punto de partida a la Diosa Hathor, la vaca cósmica, de donde arrancarían todas las divinidades femeninas posteriores. En concreto, y más en relación con la Luna, tenemos claramente a Isis y Nepthis.

Isis y Nephtis encarnan los dos aspectos de la Luna: creciente y decreciente, la luz y su sombra, siendo así complementarias e indisociables. Isis es la tierra, la Materia Primordial fecundada por el Espíritu que dará nacimiento al mundo (Horus). Es la cara luminosa. Nephtis, el aspecto virginal de la naturaleza femenina, la esterilidad, la cara oculta. Guardiana del fuego, se la llama también la “Dama del Castillo”. Es la madre de Anubis. Representando el alma de la Naturaleza, la iniciadora en sus Misterios.

En general, en todos los pueblos de la Antigüedad vamos a encontrar a la Luna en relación con los siguientes símbolos:

Una Diosa Madre: pero es una madre de unas características muy especiales; ella es virgen, es pura, y sin embargo es la Generadora, es la que da Vida, es la que ampara, la que protege. Es como esa vieja Luna que alguna vez se deshizo ella misma para dar lugar a la Tierra. Muchos mitos y símbolos lunares la refieren a la Materia Primordial, como si fuese el elemento primero del cual partió la Tierra en la cual nos encontramos. A veces, esta Materia Primordial se expresa como Mar, Agua. El Agua como matriz generadora, como esas aguas genesíacas del primer instante de las cuales va a surgir todo el Universo manifestado.

También la encontramos asociada al Amor. ¿Cuántas Diosas relacionadas con el Amor no están íntimamente unidas al símbolo de la Luna? Es un Amor que se encuentra en los Cielos como el astro al que nos referimos, o desciende a la Tierra y se transforma en amor capaz de dar vida, de generar vida física, concreta, material.

Igualmente la encontramos unida a la Idea de Vejez-Sabiduría; en Sumeria, por ejemplo, nos la representan como un anciano de barbas muy largas de color azul, que es el más viejo de todos los Dioses, el que todo lo sabe, el que recuerda todos los acontecimientos por los que pasó la Humanidad.

Y finalmente en relación con el recuerdo, que como hemos visto va asociado a la vejez y a la sabiduría que éste reporta. Pero el recuerdo en esta ocasión, acercándonos a Platón, como reminiscencia, no es el recuerdo de un hecho concreto registrado en la memoria, es una intuición, aquello que nos hace presentir que venimos de muy atrás en el tiempo y aún nos queda mucho camino por recorrer.

Como Diosa Madre y Materia Primordial que por Amor gesta la Vida, se convierte en el vehículo del Espíritu, en su receptáculo. Y así la encontramos en todos los panteones religiosos manifestada bajo distintas formas, pero representando todas ellas el mismo Principio, el Eterno Femenino, la Vida en sus múltiples aspectos más o menos concretos. Esos diversos aspectos se han llamado: Isis, Nephtis, Mau, Hathor, Selene, Artemisa, Hécate, Perséfone, Proserpina, Minerva, Cibeles, Demeter, Afrodita, Maria, etc.
TRADICIONES GENERALES SOBRE LA INFLUENCIA DE LA LUNA
De entre las muchas tradiciones populares referidas a la Luna, reseñamos una breve colección a continuación.

Se afirma que bajo su influencia las plantas adquieren cualidades maléficas, y las que son venenosas aumentan esta facultad cuando se las coge bajo los rayos lunares. Tal influencia varía según las fases del astro nocturno. La fertilidad de las cosechas se aseguraba sembrando cuando la Luna estaba en creciente.

El paso del creciente al menguante parecía ser la representación celestial de la generación y regeneración; nacimiento y muerte, desarrollo y decadencia. Por la Luna también se podía contar el tiempo. Los primeros calendarios conocidos se basaban en el ciclo lunar.

Parece ser que llueve más durante el tiempo de la luna llena y durante los cambios de fase. Las semillas absorben más la humedad que durante cualquier otra fecha del mes.

Todos los cereales, cuando son plantados con la luna creciente, germinarán más rápido que si se plantan cuando la Luna está menguando. Igual ocurre con la madurez del grano.

Plinio decía que la Luna satura la Tierra con agua, y por su acercamiento los cuerpos se llenan, y cuando parte, éstos se vacían.

Y Plutarco afirmaba asimismo que la Luna, con su Luz húmeda y generadora, es favorable a la propagación de los animales y las plantas.

Su conexión con el agua es obvia. Desde tiempos remotos el hombre observó la influencia de la Luna sobre las mareas y todos los animales marinos.

Los alquimistas descubrieron que sus experimentos eran más satisfactorios cuando la Luna estaba creciendo y ascendiendo.

“Las plantas crecen gracias a su calor”, afirma un texto iranio. En Brasil se la llama “madre de las hierbas”. Las campesinas francesas siembran en luna nueva, talan árboles y recogen verduras en cuarto menguante.

Se creyó siempre que dormir por la noche a la luz de la luna llena enfermaba mentalmente y debilitaba la vista.

En cuanto a las catástrofes acuáticas, manifiestan el otro aspecto de la Luna como agente de destrucción periódico de las formas agotadas, de regenerador en el orden planetario.

El mítico diluvio se corresponde a los tres días de oscuridad, de muerte de la Luna. Tras éstos viene siempre una nueva Humanidad y una nueva Historia.

SINTESIS FINAL
La tradición esotérica afirma que la Luna puede presentarse bajo un triple aspecto simbólico: en el Cielo, sería Selene, Diosa inspiradora y gestadora de vida espiritual. En la Tierra, Artemisa, Diosa-Virgen, en relación con los bosques, la naturaleza y la vida material, y en los submundos, Hécate, en relación con lo oculto, los Misterios, el pasado, lo inconsciente. Como vemos, no dejan de ser tres aspectos o manifestaciones de la misma entidad.

En Egipto, también nos muestran dos aspectos de la Luna; Isis, la Virge-Madre, la cara visible, la luna llena, la gestadora de vida en el mundo sensible, y Nephtis, la estéril, la cara oculta, la luna nueva, el mundo inteligible, la vida espiritual.

Recapitulando, podemos afirmar que para los antiguos la Luna era la divina intercesora, el puente entre el Cielo y la Tierra. “De Isis a Osiris”, decían en los Misterios en Egipto. De la Luna al Sol. De la oscuridad a la Luz. De la mortalidad a la inmortalidad.

Luna y Tierra, representarían simbólicamente el propio Misterio de la Creación. En el principio de los tiempos tenemos a la Gran Madre del Mundo, las Aguas Genesíacas que como Matriz del Cosmos contenían de forma latente toda la Vida, cual arca que portaba en su interior todos los elementos esenciales para dar a luz al mundo. Esta Materia Primordial, Virgen, al ser atravesada por el Espíritu, gesta en su vientre la vida futura, el nuevo Universo, que sometido a la ley de los ciclos y la renovación constante, marchará de espiral en espiral, en esta gran sinusoide que dibuja el Tiempo en el Espacio, ascendiendo, de vuelta a casa, a su Fin original. Ella da a luz al mundo manifestado, le otorga su hálito vital y ése comienza a llevar a cabo el Plan Divino de la Evolución. Supone esto, en cierto modo, un autoinmolarse para dar a luz una promesa de un futuro distinto.

De alguna manera, así marchamos también los hombres, de la vida a la muerte, y de la muerte a la vida de su mano, de ciclo en ciclo, de era en era, de peldaño en peldaño, guiados por su Amor y su Sabiduría, y gracias a su Vida y Energía, hacia la inmarcesible luz de las estrellas

Sirva esta hermosa plegaria egipcia dedicada a Isis, como cierre de este trabajo de investigación:

“¡Oh Isis!, puesto que mi alma es una lágrima de tus ojos,
que ella caiga en rocío sobre otras almas,
y que al morir por ello, sienta yo su perfume subir hasta ti.
Heme aquí presto al sacrificio”.



Mª Dolores Villegas López – 1988 -Gijón
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