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viernes, 17 de mayo de 2013

Himno a la Inmortalidad de Holderlin

Alegre, como si pudiera hacer feliz a las criaturas,
audaz, como si los espíritus me venerasen,
vuela hacia ti mi espíritu con la fuerza del amor
para verte en los rayos de tu mirada.
Ya se estremece el visionario embriagado
de gozo ante la dorada aurora de tu recinto
y, más cerca de tu regazo divino,
la bandera del guerrero desafía la fortuna y el tiempo
Los ejércitos de Orión resplandecen en torno a mí,
orgulloso resuena el paso de las Pléyades.
Se imaginan que su salvaje estruendo
ha de durar eternidades.
Majestuosamente en su carro de fuego
llevado a través de los campos de la inmensidad,
desde que el caos dominaba
Helios exigía para sí inmortalidad
¡Retorna, brillante plumaje,
al recinto donde la vida habita!
¡Triunfa, triunfa de nuevo,
bandera de la victoria, donde reina la diosa!
Si retumban los polos y los astros se hunden
en el abismo de la caducidad,
beberá el alma el placer de la victoria,
elevada sobre la fortuna y el tiempo
Cuántas veces en la lúgubre medianoche,
cuando corrían ardientes lágrimas de lamento,
cuando el hombre lleno de desesperación comenzaba
a discutir con Dios y el destino,
miraste a través de las turbias nubes
consolando al hijo del dolor
Más allá, dijiste con amor y paz, más allá
aguarda el bello premio para el que persevera.
Sálvanos, sálvanos, cuando el alma libre
confiándose a la suprema guía
y fiel al mandato divino
venza toda baja pasión
Cuando el pensador escudriñe con profunda seriedad
...
y sólo gracias a ti comprenda su esencia,
porque le llega el placer de la vida como brisa
de aquella tierra donde la semilla se hace cosecha.
Cuando en el templo de los viejos robles
hombres en torno al altar de la reina
sellen con sus manos la alianza fraterna,
la alianza del alegre riesgo
Cuando, encantado por sus besos divinos,
el merecedor del más bello laurel
jure un amor sin tristeza
por el bien de la patria.
Cuando los fuertes irrumpan ante los déspotas
para reclamar el derecho de la humanidad,
para destrozar las cadenas de los tiranos...


Del clemente destello benéfico del futuro
beben los mortales la fuerza de los héroes
¡Cómo desaparece la vida terrena,
madre de los espíritus! Si de tu mano
ebrios de victoria nos elevamos
a la sublime patria de los espíritus
Donde la flor de la virtud
florece no manchada por gusanos,
donde el pensador en el templo
ve las profundidades limpias y manifiestas,
donde ningún tirano reina sobre las ruinas,
ninguna cadena atenaza el alma,
donde se entrega el premio a la muerte heroica,
alabanza de Dios a quien ha muerto por la patria.

¡Mirad! las canciones de los hombres callan
donde el placer del alma es inefable,
con pudor se pliegan las alas del canto
donde el espíritu olvida su finitud
Cuando los espíritus se reúnen ante Dios
para celebrar la victoria del alma,
el serafín sólo puede balbucear arrobado
donde callan los borrachos labios de los hombres.



 fragmento del Himno a la Inmortalidad de HÖLDERLIN
de LOS HIMNOS DE TUBINGA