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sábado, 12 de julio de 2014

LOS SUEÑOS: UNA PUERTA ABIERTA AL MISTERIO

 
 
 
“Un sueño no comprendido
es como una carta que no ha sido abierta”
Talmud
El sueño es una experiencia que, como la muerte, la vejez, la enfermedad, nos incumbe a todos. Todos la vivimos, todos la gozamos o la sufrimos, a todos nos aporta un mensaje desconocido.
En la Antigüedad, el sueño fue considerado principalmente como un “puente” entre los hombres y los dioses. A través de los sueños, el hombre recibía mensajes de los Dioses, que entraban en contacto con él. Curiosamente, el lenguaje de los sueños es simbólico, y siempre se afirmó que fueron los dioses quienes enseñaron este lenguaje a los hombres para que pudieran entenderse mutuamente.
El sueño sirvió, entre otras cosas, para curar a los enfermos. Asimismo, como medio de profetización, gracias a que en este estado de conciencia, algunos seres eran capaces de ver el futuro. En cuanto a la curación, los enfermos acudían a ciertos templos como el de Seraphis o Asclepios, y gracias al sueño provocado en estos lugares, el paciente veía a la divinidad protectora que le indicaba la causa, el remedio para sus males, o simplemente sanaba con su presencia.
A continuación transcribimos algunas citas recogidas de distintas partes del mundo y de diversos autores sobre el origen, naturaleza y valor de los sueños:

 
Dice un texto demótico: “El dios creó el sueño para indicar el camino del durmiente cuyos ojos están en la oscuridad”. En el Kurdistán iraní se dice: “El sueño permite una toma de conciencia, uno puede convertirse por él, en otra persona”. Y el budismo: “Hay sueños provocados que permiten conocer los pliegues más recónditos del alma”. Platón afirma: “Genios extendidos por las regiones etéreas vienen a posarse cerca de nosotros para imprimir en nuestras almas ideas desasidas de los sentidos y transmitirnos las órdenes de Dios”. Artemidoro de Efeso dijo: “Soñar es un movimiento o una conformación del alma, que bajo los aspectos más diversos anuncia los bienes o los males”, y afirmó asimismo que no existían claves inmutables de interpretación. En el Islam: “el sueño es una conversación entre el hombre y su Dios”. Para Filón de Alejandría: “existen sueños cuyas imágenes son comunicadas por la Divinidad, principio de su movimiento; hay otros que nacen de una colaboración del alma del Universo con nuestro pensamiento, de suerte que éste llega a ser capaz de predecir el futuro; y otros, en fin, que surgen del propio movimiento del alma, cuyo entusiasmo aumenta la facultad de previsión, haciéndola igualmente capaz de predecir el futuro”. Finalmente Homero decía que el sueño “lo envía, o bien Apolo, Zeus o Cronos”.
Desde las más antiguas culturas, el sueño se incorporó a todo e simbolismo mágico-religioso de la Humanidad. Los papiros egipcios, las tabletas cuneiformes, los textos bíblicos, nos hablan de sueños proféticos, sueños en los que la mente humana, libre de las ataduras del cuerpo físico y de las restricciones del cerebro, se conecta con ese otro mundo más sutil, pudiendo leer y captar la Realidad de la Naturaleza. Citaremos algunos nombres y casos concretos: Zoroastro recibió diversas revelaciones. Bruto conoció en sueños la noticia de su propia derrota. Calpurnia vio la muerte de César. Abraham Lincoln conoció su propia muerte. A Dante un sueño le inspiró la Divina Comedia. A Galeno se le apareció Apolo en sueños y le indicó que se dedicase a la Medicina. De Edison son famosos sus sueños, ya que, como él mismo cuenta, cada vez que tenía un problema sin resolver, se iba a dormir y encontraba así la respuesta. Jung afirma que fueron una serie de sueños sorprendentes los que le llevaron a la búsqueda de la relación entre la Psicología y la Alquimia.
Según las hipótesis de las ciencias herméticas los sueños fueron la nodriza de la Humanidad, los que guiaron al hombre en sus primeros pasos por la Tierra. Con el paso de las edades, aquel espíritu virgen que era el hombre, lleno de potencialidades, pero sin desarrollo alguno, ha ido generando un alma, una conciencia, una historia, y es esa misma alma experimentada la que aconseja a su doble físico desde el mundo de los sueños. El alma eterna dialoga así con el ser pasajero y le advierte de los peligros a que le conducen sus errores de visión.



La Psicología antigua nos dice que la vigilia y el sueño no son más que distintos estados mentales que se refieren a modalidades existenciales diferentes. De ahí que en Oriente se hable del Gran Despertar como la liberación de la ilusión que nos atrapa. El sueño haría penetrar nuestra conciencia en otra dimensión, astral, mental o espiritual, gracias a lo cual podríamos conocer ese mundo oscuro para nosotros en estado de vigilia. Incluso algunos filósofos, esoteristas y psicólogos, aseguran que el futuro se conquista con los sueños, ya que el sueño del hombre es siempre un sueño cósmico.
Con el paso del tiempo se cortó el cordón umbilical que unía al hombre físico con su trascendencia. El cristianismo convirtió el arte de la adivinación en un arte maldito, pasando a formar parte de la hechicería desde entonces. Con la oscuridad que tendieron sobre todos estos temas, el hombre fue alejándose y perdiendo estos conocimientos, naturales entonces, esotéricos ahora. Después de este oscurantismo, los primeros pensadores capaces de investigar el universo nocturno, vieron en él todo lo que Iglesia había condenado. Allí entraron entonces en conflicto, los deseos del hombre y la moral artificial creada por sus instituciones. Necesidades médicas e históricas presionaban y hubo que devolverle, poco a poco, valor a ese mundo escondido que se reflejaba en los sueños; lo inconsciente. Freud nos hará recuperar el valor significativo de los sueños y los procesos psíquicos, y aunque en principio la única interpretación que se le dará prácticamente a los símbolos oníricos es la de tipo sexual, debido a la neurosis que sufría en esos momentos la sociedad, más adelante, discípulos del propio Freíd, relanzaron muchos otros significados, llegando a conclusiones significativas como la importancia del sujeto y sus circunstancias, ya que no para todos el mismo símbolo tiene igual significado.
En la Antigüedad se hablaba de 3 estados de conciencia: animal, humana y divina. Freud se refiere al ello, yo y super-yo. Jung habla de inconsciente, consciente y supraconsciente, o también imagen, persona y sombra, lo cual nos hace recordar aquello del modelo arquetípico que reclama de su sombra terrestre una mayor perfección, para parecérsele lo más posible, proceso que Jung describe como “individualización”. Estas imágenes arquetípicas, de carácter universal, de las que habla también Platón, entre otros, aparecerían en sueños, jalonando las grandes etapas de la evolución del alma humana hacia su totalidad.
 


En general cada vez que se inicia una gran vocación científica, artística, mística o política, se produce una sucesión de sueños que guían al sujeto a lo largo de una ruta sorprendente para él. Jung demostró que los símbolos oníricos son similares a los que aparecen en la Mitología. Condensan un mensaje que da el inconsciente al consciente como ayuda y orientación. Van informando de la situación interna y muestran la salida, el futuro. Todos ellos buscan la realización del destino histórico en gestación.
El sueño sería como una fotografía de inconsciente, por él aprenderíamos a conocer lo que el otro –nuestro doble- piensa en nosotros y por nosotros. En el descanso es cuando las capas más profundas de nuestra psiquis –hacia arriba o hacia abajo- pueden subir a la superficie como archipiélago que aflora entre las aguas o estalagmitas forjadas con el tiempo por otras estalactitas.
En general se ve al sueño como una suerte de compensador y preparador, compensador porque encontramos en él todo lo que olvida, rechaza o ignora la conciencia despierta. Preparador, porque busca lo que puede realizarnos. En este sentido es fundamental traducir su mensaje, y el único que puede hacerlo con acierto es el propio soñador.
A diferencia de Freud, su discípulo Jung, que le aventajó en muchos aspectos, explica que la “voz de la conciencia” no es un mero atributo cultural impuesto por la civilización exterior, sino una ley interiorizada que cada hombre lleva dentro y que no puede transgredir sin pagarlo de alguna manera.
Esta “voz” no pretende en ningún momento reprimirnos sin más, utilizando el miedo como herramienta, sino más bien acercarnos al verdadero conocimiento de realidades superiores.
El hecho de que el sueño sea posible cuando no hay corteza cerebral, en seres sumidos en coma o ciegos, ha tornado imposible la consideración de éste como un simple residuo de la vida consciente, de la vida despierta ligada a la actividad cerebral. Su origen y fuente más profunda, al parecer, está en las formaciones subcorticales del sistema nervioso. Esto significaría que los sueños tendrían su origen, más que en el adormecimiento de la actividad de la corteza cerebral, en el sistema nervioso simpático. La conclusión última a la que han llegado estos experimentos, es a tener que admitir que los sueños actúan de manera transcerebral. Se ha demostrado asimismo que nuestro organismo tiene necesidad no sólo de dormir, sino de soñar. La finalidad del sueño es el restablecimiento. No soñar, como no dormir, puede llevar a la locura y a la muerte.
 

 

A continuación destacamos algunas teorías sobre la causa de los sueños, abordados desde distintos puntos de vista:
A) Fisiológico:
La Teoría Energética: El sueño ocurre debido a la fatiga o cansancio de las neuronas, que sufren una disminución de cromatoplasma. El sueño permite la regeneración del cromatoplasma perdido y la recuperación de la energía gastada.
La Teoría Neurodinámica: El sueño es debido a la contracción de las dendritas o interrupción en las vías nerviosas, lo que impide el libre paso de los impulsos nerviosos.
La Teoría Hipotalámica: Según Kleitman, el sueño depende de una actividad rítmica del hipotálamo que está sujeto a la corteza cerebral.
La Teoría Circulatoria: El sueño es debido a una anemia cerebral primaria controlada por el centro hipotético del sueño, localizado en el hipotálamo.
La Teoría Bioquímica: El sueño es debido a la narcosis producida por un acúmulo de dióxido de carbono, uno de los productos de deshecho de la fisiología celular, resultante de la respiración tisular.
B) Psicológico:
La Teoría de Pavlov: El sueño es un estado de inhibición de la corteza cerebral.
La Teoría de Kraepelin: El sueño es una tendencia innata, un instinto, un acto positivo cuyo motivo es evitar el agotamiento. Es capaz de ser modificado por la voluntad y por la sugestión. Las personas dotadas de voluntad pueden dormir fácilmente, mientras que los neuróticos, generalmente no consiguen hacerlo con tanta facilidad.
La Teoría Hipnótica: El sueño fisiológico y el sueño hipnótico son el resultado de una reducción de la atención a estímulos molestos, y aunque distintos estos dos estados, se parecen en que en ambos hay disminución de la velocidad del pulso, del ritmo respiratorio y de la relajación muscular.
C) Ocultistas:
Sylvan J. Muldoon: El cuerpo astral se separa del cuerpo físico durante el sueño, para regenerarse; la profundidad del sueño y el grado de recuperación dependen de la distancia entre estos dos cuerpos.
Leadbeater: Durante el sueño profundo, el cuerpo físico está extendido en la cama, mientras que el cuerpo astral, el vehículo del Ego, flota tranquilamente por encima. El sueño es la retirada del cuerpo físico de los principios superiores, que flotan en el vehículo astral en la vecindad del cuerpo físico.
Gladis Mayer: El sueño es la renovación de la fuerza del alma a través del Espíritu.
Hereward Carrington: Jamás llegaremos a una teoría satisfactoria del sueño, sin admitir la presencia de una fuerza vital y la existencia de un espíritu humano individual, que se retira más o menos completamente del cuerpo durante las horas del sueño, obteniendo alimento y vigor durante su estancia en el mundo espiritual.



 

En ese peculiar estado mental que los místicos de Oriente han llamado “iluminación”, se produce una curiosa serie de fenómenos: nuestros “cerebros” múltiples se convierten en un solo cerebro. El neocórtex (la parte del pensamiento intelectivo), el sistema límbigo y el tálamo (la parte sentimental-emocional) y la médula oblonga (la parte intuitiva-inconsciente) llegan a un modo de comunicación intercelular que no existía previamente pero que siempre había sido posible. La “iluminación” es el más alto estado de conciencia, y se caracteriza por una profunda paz con los demás, la armonía con el mundo y la comprensión del Universo. Lo que se ha venido a llamar la “Conciencia cósmica”. El ser se integra en la Mente universal. Entonces se hace desinteresado, el ego parece sólo una ilusión y su juego termina. Recordemos que “iluminación” es sinónimo de “despertar”.
¿Qué es entonces lo que limita nuestra conciencia? ¿Nuestra mente, nuestro miedo, nuestra propia oscuridad? Los que estudian la percepción humana han aprendido que nuestros sentidos están cegados de muchas maneras, fenómeno que se ha denominado “represión sensorial” y que se da también en los animales para adaptarse y sobrevivir en el medio ambiente. De ahí que la selección de datos sensoriales que lleva a cabo nuestra mente admita algunas cosas, filtre otras e ignore consciente o inconscientemente algunas más. Esta conciencia restrictiva era necesaria para el desarrollo de la raza y la supervivencia en ciertos momentos. Ya no es necesaria, y ahora supone, por el contrario, la causa principal de nuestra carrera hacia la extinción, puesto que nos impide ver cosas y hechos que necesitamos reconocer para cambiar o trasmutar.
Los antiguos pueblos comparaban el sueño con la muerte y le llamaban su hermano menor. Para todos ellos, el día y la noche reflejaban en pequeño el gran ciclo de la vida y la muerte, y a la vez éstas otro mayor que hablaría del día y la noche de la Creación o la manifestación del Espíritu en la materia y su reabsorción en el Principio Primero.
Aunque siguiendo las tradiciones ocultistas, se produzca una profunda actividad astral durante el sueño, puede que no recordemos al despertar nada de lo que hemos vivido o muy poco; que no sepamos de dónde hemos extraído la solución a nuestros problemas o la inspiración recibida. En el plano astral somos capaces de recordar nuestras experiencias de vigilia, pero en el plano físico la mayoría no es capaz de recordar lo vivido en el astral. Al parecer es debido a que el vínculo entre el cuerpo físico, el cerebro y el vehículo astral no está bien forjado o trabajado. Este “puente etérico”, es débil y se rompe cuando la mente intenta “poner el pie físico” en él; incluso suele ocurrir que cuanto más nos esforzamos por recordar, más olvidamos lo vivido. En los templos de formación iniciática de la antigüedad, al discípulo se le recomendaba ejercitarse en pasar su conciencia de un plano a otro. Era necesario dominar la mente y las emociones para no ser un pelele en manos de las fuerzas astrales. Antes de abrir sus ojos en el plano astral, se le pedía al discípulo una gran pureza y una moralidad bien probada y asentada, así como sentido común para no enloquecer.

 
“Dioses sois y lo habéis olvidado” exclamaba Platón hace ya más de dos mil años. Triste condición la del hombre que, siendo inmortal, se siente mortal y vive atrapado y sediento de sombras que consumen su existencia sin atreverse a lograr la libertad de romper esa puerta falsa de papel que le limita. En nuestro interior hay una luz, la conciencia, que nos puede guiar fuera de la caverna de engaños en que vivimos y nos debatimos, tomando por realidad sombras chinescas.
El trabajo de iluminación de nuestra conciencia consiste en cierto modo en asimilar la parte sombría, conocerla, aceptarla y trasmutarla. Cruzar los “mares interiores”, bajar a los “infiernos”, los submundos. Morir como personalidad vieja y renacer como hombre nuevo, pasar mil pruebas y dificultades que desarrollen nuestras potencialidades y las afirmen. Transformar el dragón en nosotros en Ave capaz de volar a los más altos cielos. Renacer de las cenizas como Espíritu consciente de su inmortalidad.
A través del sueño, como de la muerte, cruzamos el puente que existe entre lo material y concreto y lo espiritual y sutil. Todas las noches se muere un poco y se renace también, como tras la muerte, que da paso tal vez a una nueva vida renovada. Podríamos y deberíamos aprovechar este viaje para tomar conciencia de nuestra continuidad más allá de la separación del cuerpo y aprender a conocernos íntegramente. Vencer la muerte; la inconsciencia. ¡Despertar, Vivir! Poder ser dueños y señores de nosotros mismos. Servir con eficacia a favor del plan divino de la Evolución de todo, para alcanzar así la Unidad, el Bien Supremo.



Mª Dolores Villegas
Gijon-1990-
Registro Propiedad Intelectual nº M- 004287/2008

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