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martes, 17 de marzo de 2015

Astrología oculta o superstición





            Los libros de Hermes Trismegisto contienen el significado exotérico de la astrología y astrolatría caldeas, todavía velados para todos, excepto para los ocultistas. Ambas materias están íntimamente relacionadas. La astrolatría, o adoración de las cohortes celestes, es natural resultado de comprender tan sólo a medias las verdades de la astrología, cuyos adeptos preservaban cuidadosamente de vulgares profanaciones sus ocultos principios y la sabiduría recibida de los “ángeles” o regentes de los planetas. De aquí que hubiese astrología divina para los iniciados, y astrolatría supersticiosa para los profanos. Esto confirma el siguiente pasaje de San Justino:

            Desde la invención de los jeroglíficos, no fueron los hombres vulgares, sino los distinguidos y selectos, quienes quedaron iniciados en los misterios de los templos y en las ciencias astrológicas de toda clase, aun la más abyecta; o sea la que más tarde se prostituyó en público.

            Gran diferencia había entre la sagrada ciencia enseñada por Petosiris y Necepso (los primeros astrólogos de que hablan los manuscritos egipcios, y que se cree florecieron en el reinado de Ramsés II o sesostris) (1), y la miserable superchería de los charlatanes caldeos, que degradaron el divino conocimiento en las postrimerías del imperio romano. Propiamente puede designarse la primera con el nombre de “Astrología superior ceremonial”, y la segunda con el de “Astrolatría astrológica”. La primera dependía del conocimiento que los iniciados tenían de las para nosotros fuerzas inmateriales o seres espirituales que animan y guían la materia. 

Ningún pensador verdadero que reconozca la existencia de un lazo común entre el hombre y la Naturaleza, así visible como invisible, tendrá por “niñerías y necedades” los viejos restos de la Sabiduría antigua


De los kasdim y gazzim o astrólogos primitivos, pasó el conocimiento de esta ciencia a los khartumim, asaphim o teólogos, y a los hakamim o magos de ínfima categoría, hasta caer en manos de los judíos durante la cautividad de Babilonia. Los libros de Moisés quedaron en olvido por algunos siglos; y cuando Hilkiah los volvió a descubrir, habían perdido su verdadero significado para el pueblo de Israel. La primitiva astrología oculta estaba ya en decadencia cuando Daniel, último iniciado judío de la antigua escuela, se puso a la cabeza de los magos y astrólogos de Caldea. En aquel tiempo, el mismo Egipto, cuya ciencia dimanaba del mismo origen que la de Babilonia, había degenerado de su antigua grandeza, y empezaba a eclipsarse su gloria. Sin embargo, la Sabiduría antigua dejaba en el mundo huellas eternas; y los siete grandes dioses primitivos reinaron para siempre en la astrología y en los calendarios de todas las naciones de la tierra.




DOCTRINA SECRETA - H.P. Blavatsky

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