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lunes, 16 de marzo de 2015

LOS DRUIDAS Y EL FINAL DE LOS MISTERIOS EN EUROPA




A los golpes del conquistador macedonio, sonó en el reloj de las razas la primera campanada de las horas de la desaparición de los misterios. Las últimas campanadas empezaron a sonar el año 47 antes de J. C.

            Alesia (1), la Tebas de los celtas, tan famosa por sus ritos de iniciación y por sus misterios, fue, según la describe Ragon:

            La antigua metrópoli, tumba de la iniciación druídica y de la libertad de las Galias (2).

            En el primer siglo de nuestra era sonó, pues, la última hora de los misterios. La historia nos muestra las Galias centrales sublevadas contra el yugo de Roma. El país quedó sujeto a César, y fue aplastada la revuelta, cuyo resultado fue el degüello y exterminio de los habitantes de Alesia, incluso el colegio sacerdotal de los druidas con todos sus neófitos; después de lo cual toda la ciudad fue saqueada y arrasada.

            Algunos años más tarde pereció la no menos famosa ciudad de Bibractis, cuyo fin describe Ragon en estos términos:

            Bibractis, madre de las ciencias, émula de Tebas, Menfis y Roma, alma de las primitivas naciones de Europa, era ciudad famosa por su colegio sagrado de druidas, su cultura y sus escuelas en donde 40.000 alumnos aprendían filosofía, literatura, gramática, jurisprudencia, medicina, astrología, arquitectura y ciencias ocultas. Tenía un anfiteatro circuído de colosales estatuas, capaz para cien mil espectadores, un capitolio, templos de Jano, Plutón, Proserpina, Júpiter, Apolo, Minerva, Cibeles, Venus y Anubis. En el centro de la ciudad estaba la naumaquia con su gran estanque de construcción increíble, a propósito para simulacros navales. También poseía un Campo de Marte, acueducto, fuentes, baños públicos, y murallas levantadas en los tiempos heroicos (3).



            Tal era la ciudad de la Galia en donde murieron para Europa los secretos de las iniciaciones en los grandes misterios de la Naturaleza, y en sus olvidadas verdades. César quemó los volúmenes de la famosa biblioteca de Alejandría (4); pero la Historia, que vitupera la vandálica fechoría del general áraba Amrús, que completó la siniestra obra del gran conquistador, no tiene para éste ni una frase de oprobio, a pesar de que fue el incendiario de Alejandría y el destructor de casi la misma cantidad de preciosos documentos en Alesia y Bibractis. El caudillo galo Sacrovir se sublevó contra el despotismo de Roma en el reinado de Tiberio; pero completamente vencido por Silio, el año 21 de nuestra era, fue quemado vivo con sus principales secuaces ante las puertas de Bibractis que los vencedores entregaron después a las llamas, sin perdonar todos sus tesoros de literatura y de ciencias ocultas. De esta majestuosa antigua ciudad, hoy Autun, quedan algunos monumentos, como los templos de Jano y Cibeles.

Prosigue -Ragon:

Así acabó la civilización celto-gálica. Subsistió Roma; pero sólo tuvo los misterios menores, sombras de las ciencias ocultas. La gran iniciación se había extinguido.



Los druidas de la Gran Bretaña practicaban la magia divina en las silentes criptas de sus profundas cavernas; y Plinio dedica más de un capítulo (26) a la “sabiduría” de los caudillos celtas. Los semotis o druidas gálicos enseñaban ciencias físicas y espirituales y exponían los secretos del universo, el armónico movimiento de los cuerpos celestes, la formación de la tierra y, sobre todo, la inmortalidad del alma (27). En sus sagrados bosques, semejantes a naturales academias edificadas por el invisible Arquitecto, se reunían los iniciados a la silenciosa hora de la media noche, para aprender el pasado y el porvenir del hombre (28). No necesitaban luz artificial para alumbrar sus templos, porque la casta diosa de la noche enviaba sus plateados rayos sobre las cabezas ceñidas de roble; y los bardos de blancas vestiduras, sabían conversar con la solitaria reina de la bóveda estrellada (29).

La imagen puede contener: noche y exterior

DOCTRINA SECRETA -H.P. BLAVATSKY

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