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viernes, 22 de julio de 2016

KARMA, ciclos y DESTINO


La cuestión es la siguiente: ¿Ocupan algún lugar o tienen alguna relación directa con la vida humana esas misteriosas divisiones del tiempo llamadas Yugas y Kalpas por los indos, y tan gráficamente..., ciclos, anillos o círculos por los griegos? Hasta la filosofía exotérica explica que estos círculos perpetuos del tiempo vuelven constantemente sobre sí mismos, de un modo periódico e inteligente, en el Espacio y la Eternidad. Hay “Ciclos de Materia” (4), hay “Ciclos de Evolución Espiritual” y Ciclos de raza, nacionales e individuales. 


            Esta idea está admirablemente expresada en una obra científica muy hábil.

            La posibilidad de elevarse a la comprensión de un sistema de coordinación que sobrepuja en el tiempo y el espacio todo límite de observaciones humanas es una circunstancia que señala el poder del hombre para trascender las limitaciones de la mutable e inconsecuente materia, y afirma su superioridad sobre todas las formas insensibles y perecederas del ser. Hay en la sucesión de los acontecimientos, y en la relación de las cosas coexistentes, un método de que la mente del hombre se apodera; y por este medio como clave va hacia atrás o hacia adelante sobre eones de historia material que la experiencia humana no puede atestiguar nunca. Los acontecimientos germinan y se desarrollan. Tienen ellos un pasado que está relacionado con su presente, y sentimos una confianza justificada de que hay un futuro que de un modo semejante se encontrará relacionado con el presente y el pasado. Esta continuidad y unidad de la historia se repiten ante nosotros en todos los estados concebibles de progreso. Los fenómenos nos proporcionan los fundamentos para la generalización de dos leyes que son verdaderamente principios de adivinación científica, sólo por las cuales penetra la mente humana en los sellados anales del pasado y en las páginas sin abrir del futuro. La primera de éstas es la ley de la evolución, o parafraseándola para nuestro objeto, la ley de sucesión correlacionada, o historia organizada en lo individual, ilustrada en las fases cambiantes de cada sistema separado que hace madurar resultados... Estos pensamientos acumulan ante nosotros el pasado inmensurable y el futuro sin medida de la historia material. Parecen ellos abrir casi perspectivas a través del infinito, y dotar a la inteligencia humana de una existencia y de una visión exentas de las limitaciones del tiempo, del espacio y de la causación finita, elevándola hacia una sublime concepción de la Inteligencia Suprema, cuyo lugar de morada es la eternidad (5).



            Sí; “¡nuestro destino está escrito en las estrellas!” Sólo que cuanto más estrecha sea la unión entre el reflejo mortal Hombre y su Prototipo Celestial, tanto menos peligrosas son las condiciones externas y las reencarnaciones subsiguientes - a las que ni Buddhas ni Cristos pueden escapar. Esto no es superstición, ni mucho menos es fatalismo. El último implica el curso ciego de un poder aún más ciego, mientras que el hombre es un agente libre durante su estancia en la tierra. No puede él escapar a su Destino dominante, pero puede elegir entre dos senderos que le conducen en aquella dirección, y puede él llegar al pináculo de la desgracia -si tal le ha sido decretado-, ya sea con los blancos ropajes de nieve del mártir, o con las manchadas vestiduras de un voluntario de los procedimientos inicuos; porque hay condiciones externas e internas que afectan a la determinación de nuestra voluntad sobre nuestras acciones, y en nuestro poder está el seguir cualquiera de los dos senderos. Aquellos que creen en Karma tienen que creer en el Destino que cada hombre, desde el nacimiento a la muerte, teje hilo por hilo alrededor de sí mismo, como una araña su tela; y este Destino es guiado bien sea por la voz celeste del invisible Prototipo exterior a nosotros, o bien por nuestro más íntimo astral, u hombre interno, que demasiado a menudo es el genio del mal de la entidad encarnada llamada hombre. Ambos guían al hombre externo, pero uno de los dos tiene que prevalecer; y desde el principio mismo de la invisible querella, la inflexible e implacable Ley de Compensación interviene y sigue su curso, acompañando fielmente a las fluctuaciones de la lucha. Cuando está tejido el último hilo, y el hombre está aparentemente envuelto en la malla que él ha hecho, se encuentra por completo bajo el imperio de este Destino por él mismo formado. Éste, entonces, o bien  lo fija a manera de concha inerte contra la inmóvil roca, o lo lleva como pluma en un torbellino levantado por sus propias acciones, y esto es Karma.*


Karma-Némesis guarda a los buenos y vela sobre ellos en esta vida así como en las futuras, y castiga al malvado, por tanto tiempo, como tarde en desaparecer el efecto causado por la perturbación aun del más diminuto átomo en el mundo infinito de la Armonía. 

Con nuestras propias manos trazamos diariamente las numerosas tortuosidades de nuestros destinos.

Karma-Némesis no es otra cosa que el efecto espiritual dinámico de causas producidas y de fuerzas puestas en actividad por nuestras propias acciones. 

Tampoco serían los procesos de Karma inexcrutables si los hombres trabajasen en unión y armonía, en lugar de la desunión y la lucha.

Hasta entonces los únicos paliativos para los males de la vida son la unión y la armonía, una Fraternidad in actu, y el Altruismo no únicamente de nombre. La supresión de una sola causa mala suprimirá no uno, sino muchos males efectos.

La unidad de pensamiento y acción, y las investigaciones filosóficas en los misterios del ser, siempre impedirían a algunas personas que tratan de comprender, el crear causas adicionales de desdicha en un mundo tan lleno ya de mal y de dolor. 

Porque la humanidad ha cerrado siempre los ojos a la gran verdad de que el hombre es por sí su propio salvador y su propio destructor.



*KARMA: LA LEY DE RETRIBUCIÓN INFALIBLE



Doctrina Secreta- fragmentos
Helena P. Blavatsky

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