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martes, 24 de enero de 2017

El verdadero Sendero



"Existen distintos métodos de adquirir el conocimiento:

a) Aceptar ciegamente los preceptos de la Iglesia o de la ciencia moderna.
b) Rechazar ambas y proponerse hallar uno misma la Verdad.

El primer método es fácil y conduce a la respetabilidad social y a la alabanza de los hombres, el otro es difícil y exige un amor a la Verdad poco común, una indiferencia completa respecto a todo beneficio personal y una inquebrantable perseverancia.  Así era antiguamente, así es hoy día, salvo quizá, que ese amor a la Verdad ha sido más raro en nuestra época que lo era en días pasados. 

Pretende aquél para su Sendero todo el confort moderno, exige aceras asfaltadas, tren rápido y telégrafos, y hasta telescopios con que contemplar, cómodamente tendido, el trabajo de los demás y, mientras les critica, hallar un trabajo fácil; en esas condiciones, dispuesto está a hacer papel de ocultista y de estudiante aficionado a la Teosofía

Muy distinto es el verdadero Sendero que conduce al Conocimiento Esotérico. Obstruida está su entrada por infinidad de plantas espinosas, frutos de la negligencia y de la omisión, los disfraces de la Verdad, que tantos siglos de existencia cuentan, entorpecen el camino, obscurecido por el orgulloso desdén de la propia presunción y por todas las verdades alteradas y desviadas de su origen. Sólo penetrar en el umbral de este Sendero exige una incesante labor de años, no compensada muchas veces, y cuando ha logrado franquear la entrada, el abrumado peregrino ha de caminar con esfuerzo, porque la estrecha senda conduce a las cimas de montes inviolables, inmensurados e ignorados, salvo de aquellos que alcanzaron ya las nebulosas cumbres. Así, ha de ascender, paso a paso, teniendo que conquistar cada palmo de terreno por sus propios esfuerzos, avanza guiado por extraños linderos, cuya naturaleza sólo puede reconocer descifrando en su camino las inscripciones medio borradas por los siglos, porque ¡ay de aquél, si en vez de estudiarlas se detiene, declarando aquéllas indescifrables!. La Doctrina del Ojo es maya, sólo la del Corazón puede hacer de aquél un elegido.

¿Ha de extrañar pues que tan pocos alcancen la meta?
¿Que sean tantos los llamados y tan pocos los elegidos?

Lo hemos explicado en la Voz del Silencio: "Mientras los primeros repiten orgullosos: ¡Ved!. ¡yo sé!, los últimos aquellos que humildemente han atesorado, confiesan en voz baja: "¡Así he oído yo!,y, por lo tanto, conviértense en los únicos elegidos."



 H.P. Blavatsky-fragmentos 

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