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miércoles, 23 de septiembre de 2015

EL SOL como divinidad



"Los antiguos heliólatras identificaban el supremo Espíritu con la naturaleza y veneraban al Sol como divinidad. "en quien reside el Señor de la vida". Según la teoría induista, Gama es el sol, la fuente de las almas y de toda vida. También la divinidad inda Agni, el fuego divino, está identificado con el sol; Ormazd es la luz, el dios-sol, donador de vida. Según la filosofía induista, las almas emanan del alma del mundo y a su origen vuelven como las chispas al fuego; y otro pasaje dice que el sol es el alma de todas las cosas, que todo salió del sol y al sol ha de volver, de lo cual se infiere que el sol físico es símbolo del invisible sol central y espiritual, es decir, de Dios cuya primera manifestación es Sephira, la Luz emanada de En-soph.

Dice el profeta Ezequiel: "Y miré y he aquí que venía del Aquilón un viento de torbellino y una grande nube envuelta en fuego y en su torno un resplandor y de en medio de él, esto es, de en medio del fuego, como apariencia de electro"

Y dice Daniel: " sentóse el Anciano de días...en su trono de llamas de fuego con ruedas de fuego encendido... Un impestuoso rio de fuego salía de su faz"

Los antiguos heliólatras consideraban al sol visible como emblema del invisible y metafísico sol espiritual...

El Rig Veda dice: "Su radiación es perpetua. Los intensamente BRILLANTES, CONTINUOS, INEXTINGUIBLES Y OMNIPENETRANTES RAYOS DE AGNI NO CESAN DE IRRADIAR DE DÍA Y DE NOCHE". Esto se refiere sin duda alguna al sol central y espiritual, al eterno e infinito donador de vida cuyos rayos son omnipenetrantes y continuos. El sol espiritual es el centro (que está en todas partes) de la circunferencia (que no está en ninguna); es el fuego etéreo y espiritual; el alma y espíritu del omnipenetrante y misterioso éter..."



Fragmentos de ISIS SIN VELO
HELENA P. BLAVATSKY

domingo, 30 de agosto de 2015

Teorema de la dignidad o la práctica de la filosofía en el combate cotidiano





Teorema de la dignidad o la práctica de la filosofía en el combate cotidiano

Autor: Fernand Schwarz

publicado el 30-09-2014
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Los seres humanos pueden aceptar perder muchas cosas, salvo una: su dignidad. ¿Pero qué es la dignidad?

En el mundo de hoy, no existe propuesta alguna que exija una disciplina interior para que los seres humanos puedan discernir entre las vanidades e ilusiones que les presenta la sociedad de consumo y lo que es realmente esencial y renovador.

Una de las claves para llegar al interior de uno mismo, para comprender nuestra propia identidad y desarrollar una vida con plena conciencia, consiste en la práctica de la dignidad. No se trata de la búsqueda del reconocimiento a nuestros méritos, sino del respeto por nuestra propia esencia y del compromiso de actuar en la vida en función de ella.Hay algo sin embargo, en nuestro interior, que nos obliga a enfrentarnos permanentemente con nosotros mismos, con nuestras dependencias y automatismos, adquiridos generalmente por comodidad y sumisión o por cobardía e ignorancia. La práctica diaria de la filosofía, como búsqueda de la verdad y amor a la sabiduría, nos hace ver que éstas suelen ser las trabas más frecuentes que se anteponen a nuestra evolución cotidiana  cuando queremos ser nosotros mismos.
La palabra dignidad proviene del latín, dignitas. Está asociada al valor personal, al mérito, a la virtud, a la condición, al rango, al honor. Se la asocia también a la idea de la belleza majestuosa, a la magnificencia.

La falsa dignidad

Cuando mencionamos aquellos que ocupan altas funciones en un régimen político, se habla a menudo de “dignatarios del régimen” y se entiende por dignidad un rango en la jerarquía social que todo el mundo reconoce. Ser digno se confunde con el hecho de representar algo frente a los demás y, por extensión, al hecho de representar algo frente a uno mismo. Los seres humanos tienen cada uno su propia presunción y vanidad, la necesidad de decirse que son alguien y no un “don nadie”.
Ya  en la época romana y más tarde, la aspiración a lograr su dignitas, su dignidad, consistía  más en obtener aquello que uno consideraba merecer como persona, en el sentido del rango que debía ocupar en la sociedad, que en encontrarla dentro de sí mismo. Platón nos alerta sobre esta conducta, recordándonos que puede conducir a una forma de gobierno desviado, como es la timocracia o la búsqueda de los honores.
Esta forma de abordar la dignidad la hace depender excesivamente del reconocimiento social y de las circunstancias, sin tener en cuenta la interioridad del individuo. Y así, en nombre de la “sacrosanta dignidad” de unos y de otros se cometieron los peores crímenes, debido al orgullo herido, a los celos, al egoísmo y a la avidez.
La búsqueda de la dignidad social, a través del reconocimiento y el ejercicio del poder, lleva en general a la carrera por los honores,  al fasto y a la apariencia. Es una dignidad de imagen, donde la moda y el pensamiento consensual dictan lo que es “conveniente y digno”.
Todos podemos ver que nuestro mundo se ha transformado hoy en una sociedad del espectáculo, donde la forma prevalece sobre el fondo. Lo importante ya no es lo que uno dice o piensa, sino la manera en que las cosas se dicen, y así los auténticos valores se esfuman. Pero en realidad, hemos ido aún más lejos, porque ahora hemos entrado, gracias al mundo virtual, en la era del simulacro. “La realidad importa poco, lo que cuenta es todo lo demás, todo lo que rodea aquello que podríamos haber vivido, si no hubiésemos tenido esta vida banal, previsible…” (1) Es increíble la cantidad de paraísos virtuales que abundan en internet, con sus villas impecables y sus amores perfectos, donde se puede hacer todo lo que uno sueña, donde se puede hacer todo sin vivirlo verdaderamente y sin esfuerzo. La vida real ya no existe y, como consecuencia, tampoco existe la responsabilidad ni el compromiso. Cada cual se construye su  identidad virtual y su falsa dignidad.
Es curioso que una civilización que ha luchado durante décadas por la dignidad del hombre, por el respeto a las culturas y el compromiso con la naturaleza, haya perdido finalmente su propia dignidad, impotente para  realizar las reformas individuales y colectivas. Se refugia en la fantasía como si, después de ella, viniese simplemente el diluvio.

En busca  de la dignidad

A pesar de todo, la necesidad de recobrar la dignidad humana es irreprimible en el interior del ser humano y, desde principios del siglo XXI, nuevas corrientes se alzan en su búsqueda, rechazando las falsas propuestas del siglo pasado. A través del voluntariado social, humanitario y cultural, miles de jóvenes y menos jóvenes se han lanzado a la práctica y al desarrollo de su propia dignidad, aportándoles una nueva dignidad a los hombres y mujeres que ayudan con sus acciones.
Este compromiso con la realidad tiene un valor verdaderamente inestimable y nos permite reapropiarnos el sentido filosófico de la dignidad. El concepto de la dignidad y su práctica es un excelente motor para desarrollar una reforma en nuestra visión de la vida, inspirada en la sabiduría y las filosofías humanistas. El humanismo destaca que si no se supone que el ser humano es libre, no lo será jamás.
La dignidad humana, desde el punto de vista filosófico, se entiende bajo estos principios. El filósofo Bertrand Vergely nos recuerda que “existe en el ser humano algo que no tiene precio, porque está más allá de todo precio y, al mismo tiempo, da su precio a todo lo que tiene precio”. Este “algo” no evoca otra cosa que el plano del espíritu. El espíritu no es algo precioso, simplemente porque nos permite comprender la realidad y liberarnos de ella, sino porque ver las cosas a través del espíritu las ennoblece, elevándolas en vez de rebajarlas, es decir instalándolas en lo que tienen de dignas, de excelentes. La vida moral, que es la práctica de la filosofía en lo cotidiano, tiene como sentido el hacernos vivir esta verdad.
Los filósofos griegos ya nos habían advertido de que la filosofía no tenía ningún valor si sólo se limitaba a un discurso. A través de la adquisición de un saber vivir, el sabio actualiza la potencia de la que es capaz el ser humano para acceder al bien. Dispone de la mayor fuerza que una persona puede poseer, la que los filósofos griegos asimilaron a la virtud. Y  la práctica de la virtud no es otra cosa que el desarrollo de las dignidades humanas. El término griego para indicar la palabra virtud es arete, la excelencia. Es una fuerza y una energía capaz de engendrar un movimiento, una buena acción, una acción excelente. La virtud conduce a la acción que produce dignidad.
Las virtudes cardinales que los griegos habían distinguido como principales son la fortaleza, la prudencia, la templanza y la justicia. Ellas son el pedestal de la sabiduría. Representan siempre actos que nos llevan a trascender nuestros instintos, nuestra comodidad y nuestra inercia, nuestra mecanicidad y nuestra cobardía.
Sócrates, como nos recuerda Platón, decía: “No digo que los bienes no morales de los cuales he hablado (dinero, reputación, prestigio), no tengan ningún valor, lo que digo es que su valor es ampliamente inferior al del bien más preciado en la vida, que es la perfección del alma…” (2)
Las virtudes componen los bienes constitutivos de la felicidad que es el Bien último. No están condicionadas por nada exterior. Son bienes morales, que tienen su fuente en la vida interior de cada ser. Nos aportan dignidad, porque nadie nos la puede quitar y por eso constituyen la verdadera felicidad, la eudaimonia. (3)

La dignidad del hombre

En el siglo XV, inspirado por los autores clásicos, pero también por la Cábala, la Biblia y el Hermetismo, el filósofo italiano Pico de la Mirandola redacta su célebre discurso “De hominis dignitate” o “De la dignidad del hombre”. Allí nos recuerda que, a diferencia de las otras criaturas terrestres, el ser humano, para realizar su condición como tal, debe saber elegir entre el animal y el ángel. Es el ejercicio de su libertad interior lo que garantiza su dignidad. La naturaleza humana, al contener todas las naturalezas, obliga a la conciencia a una elección que ninguna condición o herencia puede determinar.
“Si ven arrastrarse un hombre sobre el suelo, librado a su vientre, no es un hombre lo que veis, sino un tronco. Si ven un hombre que tiene la vista nublada por las vanas fantasmagorías de su imaginación (…), un esclavo de sus sentidos, es un animal el que veis y no un hombre. Si veis un filósofo discernir todas las cosas según la recta razón, veneradle: es un ser celeste y no terrestre; si veis un ser contemplativo retirarse sin preocuparse de su cuerpo en el santuario de su espíritu, no se trata de un ser terrestre ni de un ser celeste, sino de una divinidad envuelta en carne humana. ¿Pero hacia dónde tiende todo esto? A hacernos comprender que nos corresponde, puesto que nuestra condición nativa nos permite ser lo que queremos, velar por encima de todo para que no se nos acuse de haber ignorado nuestra alta responsabilidad, transformándonos en animales de carga o privados de razón. (…) Que una suerte de ambición sagrada invada nuestro espíritu y nos vuelva insatisfechos con la mediocridad. Nosotros aspiramos a las cimas, trabajamos con todas nuestras fuerzas para llegar a ellas. ” (4)
Kant teoriza de manera muy precisa sobre el principio de la dignidad humana: Obra de manera que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de otro, siempre como un fin y nunca solamente como un medio.”  (5)
Este enunciado del segundo imperativo categórico establece, en efecto, que todo ser humano (o como dice Kant“todo ser racional”), como fin en sí mismo, posee un valor que no es relativo sino intrínseco. Este valor en cuestión, que no se puede cuantificar, es la dignidad.
“Lo que concierne a las necesidades humanas tiene un precio mercantil, lo que procura una satisfacción poniendo en juego nuestras percepciones tiene un precio de sentimiento, lo que puede hacer que algo se vuelva un fin en sí, con un valor intrínseco, no tiene simplemente un precio, tiene dignidad”. (6)
Cada ser humano no tiene precio ni equivalente con ningún otro. Lo que tiene un precio puede ser sustituido por cualquier cosa equivalente;  lo que es superior a todo precio y que por tanto no permite equivalencia alguna, tiene una dignidad. Moralidad y humanidad son las únicas cosas que no tienen precio.
Estos conceptos kantianos reaparecen en un escrito muy bello de F. Schiller “De la gracia y la dignidad”: “El dominio de los instintos mediante la fuerza moral es la libertad del espíritu y la expresión de la libertad del espíritu, en el mundo de los fenómenos, (en lo cotidiano), se llama dignidad.”
Decimos que alguien es autónomo cuando es capaz de dirigirse a sí mismo según una ley propia, fijada desde su interior y no impuesta por el exterior. Substancialmente, la dignidad de un ser racional, nos dice Kant, es el hecho de que él no obedece  a ninguna ley que no sea instaurada también por y en él mismo” y a la cual se adhiere. Pero esta autonomía del ser humano reclama ser conscientes de que  esa ley no es contraria a la ley universal, si no, se cae en la separatividad, el individualismo, en una búsqueda de leyes y principios al servicio de los intereses particulares.
Para poder actuar con autonomía se debe, primeramente, ser capaz de pensar por uno mismo y acatar las propias decisiones, esto es lo que se entiende por libertad del espíritu. El obedecer a sus pensamientos libremente elegidos, concede la dignidad al ser humano. El libre albedrío se refiere a la capacidad que cada cual posee de poder determinarse por sí mismo, decidiendo y siendo fiel a sus principios.
Rousseau,  justamente, concebía la libertad no como el hecho de no estar sometido a nada, sino del hecho de darse a sí mismo leyes de acción que nos comprometan en nuestra vida. Para practicar la libertad es necesario un compromiso interior que no consista en satisfacer nuestros caprichos o deseos inmediatos, sino aquello que es justo y bueno.

La vida moral y la práctica de la dignidad

Kant aclara perfectamente que la moralidad no debe confundirse con moralización. No se trata de dar lecciones a los otros o de apostrofarlos en nombre de algún dogma. Se trata de un comportamiento interior que nos obliga a transcendernos respecto de nuestros propios intereses particulares, para poder actuar en función del bien o interés universal o colectivo. Kant dice “Actúa de tal manera que tu principio de acción pueda ser elevado como una ley universal. Que lo que es bueno para ti, pueda ser bueno para todo el género humano.”  (7)
Debemos entender que la moral no trata simplemente de los usos y costumbres, sino que también está en relación con el dominio de los principios que regulan la acción humana. La vida intelectual es insuficiente para evolucionar y no caer preso de la subjetividad y el egocentrismo. La vida moral implica la práctica de cada una de las ideas que aceptamos como constitutivas de la ética y, para poder desarrollarla, necesitamos fuerza moral. Es decir, un esfuerzo para vencer los obstáculos que nos impiden actuar en nuestra vida del mismo modo en que pensamos.
Ética es la parte de la filosofía que trata de las obligaciones del ser  humano y la moral de las costumbres que pueden implementarlas. Ética y moral son la teoría y la práctica de una filosofía a la manera clásica que eleva al ser humano hacia su propia dignidad.
“El aspecto práctico de la filosofía consiste en hacer emerger esos valores interiores que todos poseemos. Esto proporciona una gran confianza en sí mismo y en los otros y, sobre todo, una inagotable capacidad para resolver las dificultades de la vida.” (8)

Las condiciones de la dignidad

Como hemos visto, el concepto de la dignidad está en relación con una serie de principios o ideas filosóficas: la sabiduría que permite vencer la ignorancia, la libertad de espíritu que nos arranca de la sumisión, la fuerza moral que nos libera del mecanicismo y de la inercia, y la autonomía que nos permite ser menos dependientes  de las situaciones y circunstancias.
Estos principios se encuentran íntimamente relacionados, estimulándose mutuamente y aportándonos un verdadero programa filosófico para el mejoramiento del ser humano y la sociedad.

Sintetizando:

  1. El ser humano es un fin en sí. No tiene precio.
  2. No obedece más que a las leyes que hace propias desde su interior hacia el exterior. Estas son de orden universal o de interés general y le permiten actuar con autonomía.
  3. La vida moral es la condición de esa autonomía y de la dignidad. Para lograrla, hay que dominarse y trascenderse a través del desarrollo de una fuerza moral.
  4. La libertad del espíritu aplicada a la existencia cotidiana, nos conduce a nuestra dignidad.
  5. Las “dignidades” que desarrollamos son las virtudes que conforman la sabiduría. Esto nos lleva a un teorema :
    • El filósofo busca la sabiduría, es decir aprender a hacer el bien. Para ello, debe desarrollar ciertas virtudes que conforman sus cualidades intrínsecas y lo llevan a vencerse a sí mismo, y esa es su dignidad, porque asume y trasciende su condición humana, luchando contra la cobardía, el vicio, etc.
    • Esta dignidad le permite ejercer su libertad de espíritu, evitando toda forma de sumisión.
    • En la práctica, esto se traduce por el desarrollo continuo de una real fuerza moral que le permite hacer frente a las circunstancias y dificultades cotidianas, logrando movilizarse  y salir de la comodidad, de la inercia y de la mecanización.
    • Así logra por lo tanto la autonomía, la no dependencia frente a las circunstancias y las diversas situaciones, pudiendo guardar interiormente intacta su confianza frente a la vida y su corazón alegre.
    • Este es el corolario del camino de la búsqueda y de la práctica filosófica de la dignidad, que consiste, como dirían los orientales, en la práctica de su propia ley de acción, aquella que expresa la propia identidad, lo que no tiene ningún precio.

La dignidad permite reconocer un verdadero ideal

Los seres humanos son seres de conciencia y se realizan como tales dentro de la comunidad humana de conciencias. Si herimos la conciencia de una persona, destruimos de alguna manera su humanidad. Es la conciencia, como lo demostró Sócrates con su daimon, la que hace vivir a los seres humanos  realmente, proyectándolos al plano del espíritu.
Querer significar algo respetando su propia dignidad, luchar para que la Humanidad en general pueda valer algo, no es vano. Es el compromiso esencial, porque tratando de llegar a ese plano de la existencia, la Humanidad encuentra su propia humanidad.
La búsqueda y la práctica de la dignidad transforman al ser humano en un idealista. Un idealista es alguien que tiene necesidad de actuar para que el mundo y él mismo puedan mejorarse y transformarse. Todos sabemos que los ideales nos cambian. Permiten una transformación interior del individuo y también, como consecuencia,  una transformación de la sociedad.
Michel Lacroix nos recuerda que “el alma se tiñe del color de los pensamientos que la ocupan (…) si sus pensamientos se tornan hacia un ideal, el alma se eleva (…) si al contrario, el alma está privada de ideal, se empobrece”. (9)
Pero en la incertidumbre de las valoraciones morales del mundo contemporáneo, acrecentada por las dos guerras mundiales y todos los conflictos terroristas, económicos o interétnicos  posteriores ¿cómo poder elegir un ideal?
Es natural que estemos desconcertados, porque las ideologías, los partidos y los regímenes que de manera explícita o implícita han contravenido el teorema de la dignidad, han demostrado ser ruinosos para sí mismos y para los demás.
Hoy, más que nunca, es el criterio de la dignidad lo que nos puede permitir decidir sobre la validez de los ideales que pueden convenirnos. Toda propuesta que no promueva la dignidad interior y exterior del hombre, contiene ya en sí  el germen de su anti-humanidad.
Se puede decir que la exigencia de la dignidad del ser humano es la clave fundamental que nos permitirá aceptar o no ideales o formas de vida instauradas o propuestas en este siglo XXI.  La dignidad permite vencer el miedo al compromiso y a los ideales.


Recogido de:
http://biblioteca.acropolis.org/teorema-de-la-dignidad-o-la-practica-de-la-filosofia-en-el-combate-cotidiano/

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martes, 14 de julio de 2015

OCULTISMO PRÁCTICO - H.P. Blavatsky


El ocultismo no es magia...

Únicamente del motivo depende que el ejercicio de una facultad sea maligna y negra magia o bien magia blanca y provechosa. Cuando en el actuante queda la mas leve huella de egoísmo, no es posible utilizar las energías espirituales porque la intención no es absolutamente sincera, y la energía espiritual se transmutará en psíquica, que obre en el plano astral con tal vez funestos resultados.

Las potencias y energías de la naturaleza animal, lo mismo puede utilizarlas –el egoísta y vengativo, que el abnegado e indulgente. Las potencias y energías del espíritu sólo cederán al manejo de quien tenga perfectamente puro el corazón. Esto es magia divina.

Así pues, ¿qué condiciones se requieren para ser estudiante de la Sabiduría divina? Porque conviene advertir que no es posible instrucción alguna sobre este punto, a menos que durante los años de estudio se satisfagan y rigurosamente se cumplan determinadas condiciones. Este es un requisito indispensable y sine qua non. Nadie sabrá nadar si no se arriesga en aguas profundas. Ningún ave puede volar antes de que le crezcan las alas y disponga de espacio para moverlas y de valor para lanzarse al aire.

Quien quiera manejar una espada de dos filos debe saber esgrimir a la perfección el florete para no herirse, o lo que es peor, dañar a otros al primer intento. Todo instructor oriental posee “reglas privadas” al objeto de enseñar con toda seguridad el estudio de la Sabiduría divina; y esto dará aproximada idea de las condiciones en que se ha de proseguir dicho estudio, para que la magia divina no se invierta en magia negra. Los pasajes siguientes están escogidos de entre gran número de ellos y se continúa su explicación entre paréntesis:

1º El lugar elegido para recibir instrucción debe ser tal, que no se distraiga la mente y esté lleno de objetos magnéticos de “estimuladora influencia”. Entre otras cosas, han de estar reunidos en un círculo los cinco colores sagrados. El lugar debe hallarse libre de toda influencia maligna que planee en el ambiente.

[El lugar ha de servir exclusivamente Para la instrucción, y apartado de propósito. Los “colores sagrados” son los matices del espectro, dispuestos en determinado orden, Pues son muy magnéticos. Por “influencias malignas” se entiende toda perturbación, disputa, altercado, malos sentimientos, etc., que se imprimen inmediatamente en la luz astral, esto es, en la atmósfera, del lugar y planean “por el aire”. Esta primera condición parece a primera vista muy fácil de cumplir, pero bien considerada resulta una de las más difíciles de obtener].

2º Antes de que se le permita al discípulo estudiar “cara a cara”, ha de adquirir conocimientos preliminares en una selecta compañía de otros discípulos legos (upasaka) cuyo número debe ser impar.

[“Cara a cara” significa en este caso un estudio independiente o separado de los demás, cuando el discípulo adquiere la instrucción cara a cara de sí mismo (su divino YO superior) o de su gurú. Entonces recibe cada cual su debida información según el uso que haya hecho de su conocimiento. Esto sólo puede acaecer al término del cielo de instrucción].
Antes de que tú, (el instructor) comuniques a tu lanú (discípulo) las buenas (santas) palabras del LAMRiN, o lo permitas “disponerse” para Dubjed, debes tener cuidado de que su mente esté por completo purificada y en paz con todos, en especial con sus otros Yos. De lo contrario, las palabras de Sabiduría y de la buena Ley se dispersarán arrastradas por los vientos. [“Lamrin” es un tratado de instrucciones prácticas escrito por Tson–kha–pa. Consta de dos partes: una, con fines eclesiásticos y exotéricos, y otra para uso esotérico. “Disponer” para Dubjed es preparar los objetos usados en la videncia, como espejos y cristales. Los “otros Yos” se refieren a los condiscípulos. A menos que entre los estudiantes reine la mayor armonía, no será posible el éxito. El instructor ha de hacer la selección según las magnéticas y eléctricas naturalezas de los estudiantes y aproximando y ajustando con sumo cuidado los elementos Positivo y negativo].

4º Durante el estudio deben los upasakas mantenerse unidos como los dedos de la mano. Les enseñarás que todo cuanto perjudique a uno, ha de perjudicar a los demás; y si lo que uno alegue no encuentra eco en el pecho de los demás, denotará que faltan las requeridas condiciones y será inútil seguir adelante.

[Difícilmente sucederá esto si la elección preliminar se hizo con los requisitos magnéticos. De otro modo, los discípulos, aunque parezcan aptos para recibir la verdad, habrán de esperar muchos años, a causa de su temperamento y de la imposibilidad que experimentan de ponerse, en armonía con sus compañeros].

5º El gurú debe armonizar a los condiscípulos como si fueran cuerdas de un laúd (vina) que aunque cada una distinta de las demás, emiten concertados sonidos. Colectivamente constituyen un teclado que responde en todas sus partes al más ligero toque (el toque del Maestro). Así sus mentes se abrirán a las armonías de la Sabiduría, vibrando en modulaciones de conocimiento en todas y en cada una de ellas, con efectos placenteros para los dioses presidentes (ángeles tutelares o custodios) y provechosos para el discípulo. También así quedará la Sabiduría por siempre impresa en sus corazones, sin que jamás se quebrante la armonía de la ley.

6º Quienes deseen adquirir el conocimiento que conduce a los siddhis (potencias ocultas) han de renunciar a todas las vanidades del mundo y de la vida. (Aquí sigue la enumeración de los siddhis).

7º Nadie puede continuar siendo upâsaka si se cree diferente de sus condiscípulos y superior a ellos diciendo: “Soy el más sabio”. “Soy el más santo, y mas grato al Maestro o a mi comunidad que mi hermano” etc. Los pensamientos del upâsaka han de estar predominantemente fijos sobre su corazón, eliminando de él todo pensamiento hostil a cualquier ser viviente, y llenándolo del sentimiento de su unidad con los demás seres y con todo cuanto en la naturaleza existe. De lo contrario, no es posible el éxito.

8º Un lanú (discípulo) sólo ha de rehuir las influencias externas (las emanaciones magnéticas de las criaturas vivientes). Por lo tanto, aunque en unidad con todo en su interna naturaleza, ha de tener cuidado de apartar su cuerpo externo de toda influencia extraña. Nadie sino él ha de comer en su plato y beber en su vaso. Debe evitar el contacto corporal (esto es, tocar o que le toquen) con seres humanos o con animales.

[Ni siquiera se permite tener animales domésticos, como perros, gatos, canarios, etc., ni tampoco tocar ciertos árboles y plantas. El discípulo ha de vivir, por decirlo así, en su propia atmósfera, a fin de individualizarla con ocultistas propósitos].

9º La mente debe permanecer embotada para todo menos para las universales verdades de la naturaleza, so pena de que la “Doctrina del Corazón” se reduzca a la escueta “Doctrina del Ojo” (esto es, el vano ritualismo exotérico).

10º El discípulo no debe tomar alimentos de índole animal, ni nada que tenga vida. Tampoco ha de beber vino, ni licores, ni usar opio, pues todas estas cosas son como los espíritus malignos (lhamaym) que se aferran al incauto y devoran el entendimiento. [El vino y los licores conservan y contienen el siniestro magnetismo de cuantas personas contribuyen a elaborarlos. La carne conserva las características psíquicas del animal de que procede.]


11º Los medios más eficaces de adquirir conocimiento y disponerse a recibir la sabiduría superior son la meditación, la abstinencia, el cumplimiento de los deberes morales, los pensamientos apacibles, las palabras amables, las buenas acciones y la benevolencia hacia todo, con entero olvido de sí mismo.

12º Únicamente por la observancia de las reglas anteriores, puede esperar el lanú la adquisición, a su debido tiempo, de los siddhis de los arhates, cuyo desenvolvimiento le conducirá gradualmente a la unidad con el Todo universal.

Estos doce pasajes están entresacados de unas 73 reglas cuya enumeración fuera inútil, porque ningún significado tendrían en Europa. Sin embargo, por pocos que sean, bastan para indicar las inmensas dificultades con que en su sendero ha de tropezar el aspirante a upâsaka, nacido y educado en países occidentales




Fragmentos de HELENA P. BLAVATSKY

sábado, 11 de julio de 2015

EL PLAN CÓSMICO ESTÁ SOBRE TODO



Quienes conocen las ciencias ocultas saben que hemos comenzado a penetrar bajo la influencia de la Constelación de Acuario. Las energías específicas de este signo ya se dirigen hacia nuestro planeta colocando las bases de una nueva cultura. Así es que, por más conservadores que sean algunos, ellos representan una pequeña minoría en la Tierra. Son los que intentan detener la llegada de la gran renovación; pero sus esfuerzos no darán fruto. El plan cósmico está sobre todos los planes humanos y sería irrisorio que alguien haga algún esfuerzo para mantener el orden viejo. Por más estrictas, categóricas y amenazantes que sean las leyes y las sanciones impuestas por los fanáticos sostenedores de lo viejo, imperceptiblemente, pero con poder interior, lo nuevo conquistará las mentes y las voluntades de los hombres. En el pensamiento filosófico, en la ciencia, en la literatura y en todas las demás artes, ya se captan elementos de una nueva comprensión del mundo. Este impulso proviene del interior de cada uno como señalando una advertencia indicativa de que los viejos conceptos ya resultan absurdos e inservibles, si se tiene en cuenta la nueva sensibilidad de algunos individuos de la nueva generación. Tales verdades hasta ahora se consideraron superfluas y absurdas, pero ya comienzan a tener imagen de realidad. Incluso, el mismo concepto de la realidad, imperceptible pero rápidamente, amplia sus fronteras. – 





Palabras de PETER DEUNOV 1939

lunes, 6 de julio de 2015

PERLAS DE LA SABIDURÍA ATEMPORAL


“No me sigan a mí, ni mi Sendero, 
sino el Sendero que les muestro, 
que conduce a los Maestros"

H.P. Blavatsky



Gemas de Oriente (recopiladas por H.P.B.)

Una vida justa, una vida religiosa, 
esta es la mejor joya.


Después de haber probado la dulzura de la ilusión y
de la tranquilidad, uno se libera del miedo y del pecado 
y bebe de la dulzura de Dhamma (la ley).



La lluvia no puede entrar en una casa con un buen
tejado y tampoco entra la pasión en una mente limpia.


Sólo es sabio el hombre que tiene 
el control de sí mismo.


Busca el refugio en tu alma; ¡ten allí tu Paraíso!
¡Desprecia a los que buscan la virtud por sus dones!



El alma madura a base de lágrimas.


Un estómago pequeño puede llenarse del todo,
pero una mente pequeña no, 
ni siquiera con toda la riqueza del mundo.



Un hombre culto sin estudiantes es un árbol sin frutos; 
un devoto sin buenas obras 
es una vivienda sin puerta.


A los campos les perjudican las malas hierbas 
y al hombre la pasión. 
Benditos son los pacientes 
y los que no tienen pasiones.


El sendero de la virtud consiste en la renunciación
de los siete gran pecados.



Esta vida pasa en el mundo del trabajo y de la justicia retributiva; 
la vida siguiente tiene lugar en un mundo de gran recompensa.


Gemas de Oriente 

lunes, 29 de junio de 2015

SOBRE LA FRATERNIDAD BLANCA UNIVERSAL - Mensaje del Maestro Peter Deunov



Si, la vida de la humanidad se desarrolla siguiendo un plan determinado; si las culturas, las religiones, las ciencias y las artes evolucionan sobre la tierra; si los hombres experimentan una aspiración eterna hacia el progreso y la perfección aquí, es debido a los Grandes Seres razonables que, con una solicitud constante, sostienen e inspiran a los seres de nuestro planeta. De su corazón rebosante de amor, brota la vida y la alegría. Su deseo es que la humanidad adquiera esta luz y esta libertad, de la que ellos disfrutan. Quieren enseñar a vivir a los hombres, según las sublimes leyes del mundo divino. Ellos llevan una vida, la más pura y la más elevada. 

En su gran abnegación y su amor desinteresado, estos servidores de la humanidad, descienden de buen grado sobre la tierra en la que a menudo toman forma humana, para ayudar a los seres en su evolución. Los mensajeros que nos manda constantemente, pueden revestir los aspectos más diversos; los santos, los grandes hombres, los genios, los científicos, los sabios, ciertos escritores, artistas y hombres de estado que contribuyen al progreso de la humanidad de una manera o de otra, son todos servidores de la Gran Fraternidad Universal. Ella elige a las almas más avanzadas y las prepara para trabajar en el desarrollo espiritual de sus hermanos. 

Recordad pues esto: la única comunidad verdadera que existe en el mundo es La Gran FRATERNIDAD UNIVERSAL. Ella dirige el progreso de la humanidad y lleva a un porvenir luminoso. Sus miembros no constituyen ninguna sociedad ni organización visible para los humanos; ellos forman una comunidad viva lejos de las condiciones corruptas a las que los hombres se ven sometidos. Es pues ridículo pretender que la sede de tal fraternidad esté aquí o allí, ¡en tal o cual país! 

Estos Grandes Maestros de la Fraternidad Universal dirigen todo el COSMOS, tras haber completado su evolución, creando nuevas oleadas que se desenvuelven en otro plano y a otro ritmo. Bajo la dirección de su poderoso (…) estas Entidades superiores, han descendido de las altas cumbres de la Creación, creadores de sistemas solares como el nuestro.


 La creación y la organización de la primera tierra cósmica (el Paraíso de antaño) son obra suya. Sobre esta tierra cósmica viven ahora todavía los antepasados perfectos, nuestros ilustres ancestros que terminaron hace mucho tiempo su ciclo de evolución. Ellos descienden todavía sobre nuestra tierra y la van a transformar en paraíso. Con ellos vendrán también las 144.000 almas que menciona la Biblia, entre las que se encuentran representantes de todos los pueblos del presente y del pasado. Los adeptos, los santos y los Maestros, con todos los que les acompañaran. Su poderosa influencia actuará en todas las almas despiertas de la tierra y, todos juntos, instaurarán una organización y un orden perfecto en el mundo. Cuando hayan terminado su obra, se retirarán y dejarán vivir a los hombres y trabajar en las nuevas condiciones. Así se restablecerá la unión entre el mundo visible y el invisible. Es así como la Gran FRATERNIDAD UNIVERSAL ha trabajado, trabaja y trabajará en el mundo. 

AL FIN DEL SIGLO, TODOS LOS SANTOS ESTARÁN SOBRE LA TIERRA, y algunos ya lo están, yo no digo en carne y hueso pero están presentes en alguna forma u otra. Y trabajan. 

LA ENSEÑANZA DE LA FRATERNIDAD BLANCA ES INMUTABLE, ESTA EDIFICADA SOBRE LA ROCA Y NO PUEDE SER DESTRUIDA. 

En los archivos de esta escuela, que datan desde la creación del mundo, están conservados todos lo hechos y los secretos, sin ninguna omisión de la historia de la antigüedad, y un día, cuando vuestra evolución lo permita, podréis llegar a conocerlos. Veréis las etapas por las que habéis pasado y comprenderéis. Todos los hechos se presentarán ante vosotros como imágenes vibrantes. Esta perspectiva os animará a trabajar para adquirir esta condición; pero no vendrá de golpe, vuestros esfuerzos os llevarán allí gradualmente. 




ULTIMAS PALABRAS PRONUNCIADAS POR EL MAESTRO PETER DEUNOV ANTES DE SU PARTIDA DE ESTA TIERRA…… EN DICIEMBRE DE 1944 

Todo lo que es viejo va a desaparecer. Poco tiempo va a pasar antes de que este siglo se lo lleve todo. Las filosofías y las ciencias deben cambiar; Dios lo ha decidido así. El plan ya ha sido establecido. La humanidad no puede continuar viviendo en sus harapos. 


Se instaurará un hombre completamente nuevo y diferente. Se realizarán grandes transformaciones en este siglo. Todos deben trabajar, y esto es una preparación. Si ahora os llegase la muerte, no permaneceríais mucho tiempo en el espacio; volveréis hacia el año 1975 por que esta previsto un acontecimiento importante. 

UNICAMENTE POR AMOR EL MUNDO VA A ENDEREZARSE. Yo, me voy; mi obra sigue adelante desde el otro lado. El tiempo que os queda es corto. Estad atentos y vigilantes, no os desaniméis. Tenéis que progresar todos con mucho más ardor; sed sinceros y verídicos en vuestra misión. ¡QUE LA PAZ ESTÉ CON VOSOTROS! 




Maestro PETER DEUNOV
Mensaje antes de desencarnar: Dic 1944

miércoles, 17 de junio de 2015

El Hatha Yoga y los tantras pueden ser peligrosos?




Tal es la Ciencia Oculta en que los modernos ascetas y yoguis de la India basan su desarrollo y poderes anímicos. Se les conoce con el calificativo de Hatha Yoguis. La ciencia del Hatha Yoga se apoya en el Prânâyâma o “detención del aliento”, a cuyo ejercicio se oponen unánimemente nuestros Maestros. Porque ¿qué es el Pranâyâma? Literalmente traducido significa: la “muerte del aliento vital”. Según hemos dicho, Prâna no es Jîva la eterna fuente de la vida inmortal; ni está en modo alguno relacionado con Pranava, como algunos piensan, porque Pranava es un sinónimo de AUM en sentido místico. En Las fuerzas más sutiles de la Naturaleza, se halla todo lo que sobre esto se ha enseñado pública y claramente. Pero tales prácticas sólo pueden conducir a la magia negra y a la mediumnidad. Varios Chelas impacientes, a quienes personalmente conocimos en la India, cayeron en las prácticas del Hatha Yoga, no obstante nuestras advertencias. Dos de ellos se volvieron tísicos y uno de estos murió; algunos quedaron casi idiotas; otro se suicidó; y uno logró desarrollarse como Tântrika o Mago Negro; pero felizmente para él, pronto vino la muerte a cortar su carrera.

            La ciencia de los Cinco Alientos: el húmedo, el ígneo, el aéreo, etc., tiene un doble significado y dos aplicaciones. Los Tântrikas la toman literalmente, en lo relativo a la regulación del vital aliento pulmonar; mientras que los antiguos râja yoguis la referían al aliento mental o de “voluntad”, que sólo puede conducir a las superiores facultades de clarividencia, a la función del tercer ojo y a la adquisición de los verdaderos poderes ocultos del Râja Yoga. Enorme es la diferencia entre ambos métodos. El primero, según queda indicado, emplea los cinco Tattvas inferiores; el segundo comienza por emplear únicamente los tres superiores, para el desarrollo mental y volitivo, dejando los demás para luego de dominados aquellos tres; por lo que sólo emplean uno (Âkâsha) de los cinco Tattvas tántricos. Según dice muy bien la obra citada: “los Tattvas son las modificaciones de Svara”. Pero Svara es la raíz del sonido, el substrato de la pitagórica música de las esferas, lo está más allá del espíritu en la moderna acepción de la palabra, el espíritu en el espíritu; o como propiamente se interpreta, “la corriente de la oleada de vida”, la emanación de la Vida Única. El Gran Aliento de que hablábamos en el primer tomo de esta obra es ÂTMÂ, que etimológicamente significa: “el movimiento eterno”. Ahora bien; mientras el chela asceta de nuestra escuela sigue cuidadosamente para su desarrollo mental el método propio de la evolución del Universo, esto es, de lo universal a lo particular, el Hatha Yogui invierte los términos y empieza por esforzarse en obtener la supresión de su (vital) aliento. Pero si, como enseña la filosofía hinduísta, “Svara asume la forma de Âkâsha” al comienzo de cada evolución, y sucesivamente va tomando las formas de Vâyu (aire), Agni (fuego), Âpas (agua), y Prithivî (materia sólida) (23), resulta patente la razón de empezar por los superiores y suprasensibles Tattvas. Los Râja Yoguis no descienden, en los planos de la substancia, más acá del Sûkshma (la materia sutil), mientras que los Hatha Yoguis únicamente desarrollan y emplean sus poderes en el plano material. Algunos Tântrikas colocan los tres Nâdis, llamados: Sushumnâ, Idâ y Pingalâ, en la médula oblongada, cuya línea central designan con el nombre de Sushumnâ, y con los respectivos de Pingalâ e Idâ las divisiones derecha e izquierda. También colocan en el corazón los tres Nâdis, con los mismos nombres. La escuela transhimaláyica de los antiguos Râja Yoguis de la India, con los cuales no deben confundirse los yoguis modernos, coloca el Sushumnâ, asiento principal de los tres Nâdis, en el conducto central de la médula espinal, e Idâ y Pingalâ a los lados izquierdo y derecho. Sushumnâ es el Brahmadanda, el canal (de la médula espinal), cuyo oficio desconoce la Fisiología, como desconoce los oficios del bazo y de la glándula pineal. Son Idâ y Pingalâ los sostenidos y bemoles del fa, tónica de la naturaleza humana y nota media de la septenaria armonía de los principios que, cuando vibran convenientemente, despiertan a los centinelas de ambos lados (al Manas espiritual y al Kâma físico), y subyugan lo inferior por medio de lo superior. Pero este efecto ha de resultar del ejercicio del poder de la voluntad, y no de la científica o regulada supresión del aliento. Si observáis una sección transversal de la médula espinal, advertiréis tres columnas una de las cuales transmite las órdenes volitivas, y la otra una vital corriente de Jîva (24) durante lo que se llama el estado de Samâdhi y otros análogos.



            Quien haya estudiado ambos métodos, el Hatha Yoga y el Râja Yoga, echará de ver una enorme diferencia entre ambos: el primero es puramente psíquicofísico; el segundo puramente psíquicoespiritual. Los tántricos no parecen ir allá de los seis visibles y conocidos plexos, con cada uno de los cuales relacionan los Tattvas; y la gran importancia que atribuyen al plexo principal de estos, el Mûlâdhâra Chakra (el plexo sagrado) indica su egoísta y material anhelo de adquirir poderes. Los Cinco Alientos y los cinco Tattvas de los tántricos, se relacionan principalmente con los plexos prostático, epigástrico, cardíaco y laríngeo; y como casi desconocen el Âjnâ, nada saben del sintetizante plexo laríngeo. Muy distintamente les sucede a los discípulos de la antigua escuela, que comienzan por dominar el órgano a que los anatómicos occidentales llaman cuerpo pituitario, sito en la base del cerebro, sobre la faringe.  


Es fatal “dedicarse al Yoga” con sólo un somero y a menudo extraviado conocimiento de sus verdades prácticas; porque el diez por ciento de estudiantes, o desenvolverán facultades mediumnísticas, o perderán el tiempo y se aburrirán tanto en la práctica como en la teoría. Antes de entregarse a tan arriesgado experimento y de ir más allá de un minucioso examen del propio yo inferior y de sus pasos en la vida, o lo que en terminología ocultista se llama el “Libro de la Vida diaria del Chela”, es preciso aprender, por lo menos la diferencia entre la “magia” blanca o divina y la magia negra o diabólica, y convencerse de que si se “dedica uno al yoga” sin experiencia alguna, y sin tener quien le muestre los peligros, antes hay que cerciorarse de que no se están cruzando de día en día y de hora en hora, los límites de lo divino para caer en lo satánico. Sin embargo, muy fácil es conocer la diferencia; pues basta recordar que ninguna verdad esotérica enteramente revelada se publicará jamás impresa en libros ni periódicos.




Ahora bien; como la diferencia capital entre la magia blanca y la negra es el objeto con el cual se practica, pues son de secundaria importancia los agentes empleados para producir resultados fenomenales, resulta en extremo tenue la línea divisoria entre ambas. Sin embargo, no es tan grave el peligro al considerar que los libros llamados ocultos lo son tan sólo en cierto sentido; es decir, que el texto es oculto sólo por razón de los velos. El lector ha de entender acabadamente el simbolismo, antes de descubrir el genuino significado de la enseñanza. Además, dichos libros no están nunca completos; pues sus varias partes llevan distintos títulos, y en cada una de ellas se inserta algún trozo de otra obra; de suerte que sin una clave, no se encuentra la verdad completa. 


            En vista de que algunos estudiantes tratan de seguir un método de yoga a su manera, sin otro guía que las escasas e incompletas insinuaciones halladas en revistas y libros teosóficos (que tienen que ser naturalmente incompletas), escojo una de las mejores exposiciones de las antiguas obras ocultas, Las Fuerzas más sutiles de la Naturaleza (Nature’s Finer Forces, Londres, 1897), a fin de hacer ver cuán fácilmente puede uno extraviarse con sus velos.

            Parece que el autor de dicha obra se ha engañado a sí mismo. Los tantras, leído esotéricamente, rebosan sabiduría como las más nobles obras ocultas. Estudiados sin guía y llevados a la práctica, pueden determinar varios resultados fenoménicos en los planos moral y fisiológico. Pero perdido estará sin remedio quien acepte la letra muerta de sus reglas y prácticas e intente llevarlas a cabo con algún egoísta propósito. Seguidas con puro corazón e intenciones inegoístas, con el mero objeto de experimentación, no producirán resultado alguno, o bien desengañarán y retrasarán al operador, los que produzca. Pero ¡ay! del egoísta que trate de educir facultades ocultas con el único fin de lograr beneficios materiales y satisfacer venganzas o ambiciones. La separación del Yo superior de los principios inferiores, y el apartamiento de Buddhi-Manas de la personalidad tántrica, serán las rápidas y terribles consecuencias kármicas de la Magia Negra.

            En Oriente, en la India y en China, se encuentran hombres y mujeres desalmados, tanto como en el Occidente, aunque allí no toma el vicio tanto incremento como aquí. A ello les conduce el olvido de la ancestral sabiduría, y la práctica de la Magia Negra. Pero de esto hablaremos más adelante, limitándonos por ahora a añadir: estáis advertidos y conocéis el peligro.

Además, como ya mostramos, la práctica de los Cinco Alientos resulta fisiológica y psicológicamente en una lesión mortal. Y todo esto es por cierto lo que se llama, Prânâyâma, o la «muerte de la respiración», ya que, para el que la practica resulta, en muerte –en muerte moral siempre, y en muerte física muy frecuentemente.



Autora: Helena P. Blavatsky
Fragmento DOCTRINA SECRETA