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Cartas de los Mahatmas-fragmentos

Uno de  los  Maestros  dijo  que,  en  el  mundo  de  hoy,  donde  se  encuentran  tan  pocos  que  tengan   deseos   desinteresados  p...

sábado, 27 de febrero de 2021

Los Dioses y la humanidad



En otras palabras, fueron los Lemuro–Atlantes los primeros  que  tuvieron  una  dinastía de Reyes–Espíritus, no de Manes, o  “Fantasmas”,  como  algunos creen, sino  de  Devas reales vivientes, o Semidioses y Ángeles, que  habían  asumido  cuerpos  para  gobernar  a esta Raza, a la cual instruyeron en artes  y  ciencias.  Sólo  que,  como  estos  Dhyânis  eran Rûpas  o  Espíritus  materiales,  no  fueron  siempre  buenos.  Su  rey  Thevetat fue  uno  de estos  últimos,  y  bajo  la  maléfica influencia  de  este Rey–Demonio,  la  Raza  Atlante  se convirtió en una nación de “magos” perversos.

La  guerra  que  se  menciona  entre  los  hombres  amarillos  y  negros  se refiere a la lucha entre los “Hijos  de Dios”  y  los  “Hijos  de  los  Gigantes”  o  pobladores  y nigromantes de la Atlántida.

Hasta el  tiempo  en que  la  Sabiduría,  en la  forma  de  los  Espíritus  encarnantes,  de  MAHAT descendió  de  lo  alto  para  animar  y llamar a la Tercera Raza a la vida real consciente,  la Humanidad,  si  así  puede  llamársele en su  estado  animal  e   inconsciente,  estaba,  por  supuesto,  condenada  a  la  muerte, tanto moral como   física.   Los   Ángeles caídos   en   la   generación   son   mencionados metafóricamente como    Serpientes    y    Dragones    de    Sabiduría.    Por    otra    parte, considerados desde el punto de  vista  del LOGOS  el  Salvador  Cristiano,  lo  mismo  que Krishna, ya sea como  hombre  o  como  Logos,  puede decirse que  ha  salvado,  a  los  que han creído en las Enseñanzas Secretas, de la “muerte eterna”,  y  que  ha  vencido  al Reino de  las  Tinieblas  o  Infierno, como  hacen  todos  los  Iniciados.  Ésta  es  la  forma humana terrestre  de  los  Iniciados,  y  también   –por  razón   de   que   el   Logos   es   Cristos–   el “principio”  de  nuestra  naturaleza  interna que desarrolla  en  nosotros  el  Ego  Espiritual––el Ser Superior– formado de la unión indisoluble del Buddhi, el  sexto “principio”,  y  la florescencia espiritual  de  Manas,  el  quinto.

El Logos  es  Sabiduría  pasiva  en  el Cielo, y Sabiduría activa, por sí, en la Tierra”, según se nos enseña. Es  el  Matrimonio  del “Hombre Celeste” con la “Virgen del Mundo” o la  Naturaleza,  según  está  descrito  en  el Pymander: cuyo  resultado  es  su  progenie  –   el  hombre  inmortal.  Esto  es  lo  que  en  el Apocalipsisde San Juan se llama el matrimonio del Cordero con su Prometida.

La  lucha entre los dos principió  el  mismo  día  que  probaron  el  fruto  del  Árbol  de  la  Sabiduría; lucha  por  la  vida  entre  lo  espiritual  y  lo  psíquico,  lo  psíquico  y  lo  físico.  Los  que dominaron los “principios” inferiores, obteniendo la  subyugación  del  cuerpo,  se  unieron a  los  “Hijos  de  la  Luz”.  Los  que  cayeron víctima  de  sus  naturalezas  inferiores,  se convirtieron   en   esclavos   de   la   Materia.   De   “Hijos   de   la   Luz   y   de   la  Sabiduría”, concluyeron por ser “Hijos de las Tinieblas”. Cayeron en la  batalla  de  la  vida  mortal  con la   Vida   Inmortal,   y   todos   los   que   cayeron así, fueron   la   semilla   de   las   futuras generaciones de Atlantes.

Pues  la  evolución  del  Espíritu  en  la  Materia no hubiera  podido  tener  nunca  lugar,  ni  hubiese recibido  su  primer impulso,  si  los brillantes Espíritus  no hubiesen sacrificado sus esencias supra etéreas  respectivas  para animar  al  hombre  de  barro,  dotando  a  cada  uno  de  sus  “principios” internos,  con  una parte, o  más bien  con  un  reflejo,  de  esta esencia.  Los  Dhyânis  de  los  Siete  Cielos  –los siete Planos del Ser– son los Nóumenos de los Elementos actuales  y  futuros,  lo  mismo que   los   Ángeles   de   los   Siete   Poderes  de   la   Naturaleza   –cuyos   efectos   groseros percibimos  en  lo  que  la  Ciencia  ha  tenido  a  bien  llamar  “modos  de   movimiento”, fuerzas  imponderables,  y  qué  sé  yo  qué  más–  son  los  Nóumenos  aún  más  superiores de Jerarquías aún más elevadas. Aquellos  remotísimos  tiempos  eran  la  “Edad  de  Oro”;  la   Edad   en  que   los  “Dioses andaban  por  la  tierra,  y  se  mezclaban  libremente  con  los  mortales”.  Cuando  concluyó, los  Dioses  se  fueron,  esto  es,  se  hicieron invisibles,  y  las  generaciones posteriores terminaron por adorar sus reinos: los Elementos. Los  Atlantes,  primera  progenie del  hombre  semidivino  después  de  su  separación  en sexos,   y   por   tanto,   los  primeros   engendrados   y   los   mortales   que primeramente nacieron  al  modo  humano,  fueron los  primeros  “sacrificadores”  al  Dios de  la  Materia. Son ellos, en el oscuro y remoto pasado, en edades más que prehistóricas,  el prototipo sobre  el  cual  se  construyó   el  gran símbolo  de  Caín, los  primeros  antropomorfistas que  adoraron  la  Forma  y  la  Materia,  culto  que  pronto  degeneró  en  personal, y que luego condujo al falicismo que reina supremo hasta hoy  día  en el simbolismo  de todas las religiones exotéricas  de  rituales,  dogmas  y  formas.  Adán  y  Eva  se convirtieron  en materia, o proporcionaron  el  terreno,  o  sea  Caín  y  Abel:  este  último,  como  suelo portador de vida; el primero, como “agricultor de este terreno o campo”. De  este  modo  fue  cómo  los  primeros  Atlantes,  nacidos  en  el  Continente Lemur,  se separaron desde  sus  primeras  tribus  en  buenos  y  en  malos;  en  los  que   adoraban   al Espíritu invisible  de  la  Naturaleza,  cuyo  Rayo  siente  el  hombre  dentro  de  sí  mismo,  o Panteístas,  y  en  los  que  rendían  un  culto fanático  a  los  Espíritus  de  la  Tierra,  los Poderes antropomórficos,  cósmicos  y tenebrosos, con  quienes  se  aliaron.  

Tal   fue   el   origen secreto   y   misterioso   de   todas   las   subsiguientes   y   modernas religiones especialmente  del  culto  de  los  hebreos  ulteriores  a  su  Dios  de  tribu.  Al mismo   tiempo,   esta  religión sexual   estaba   estrechamente   relacionada   con   los fenómenos astronómicos, sobre  los cuales  se  basaba,  y  con  los  que,  por  decirlo así,  se confundía. Los Lemures gravitaron hacia el Polo Norte o el Cielo de sus Progenitores:  el Continente Hiperbóreo;   los   Atlantes   hacia   el   Polo   Sur,   el   “Abismo”, cósmica   y terrestremente considerado,  de  donde   soplan   las  pasiones  ardientes  convertidas  en huracanes   por    los   Elementales cósmicos que   en   él   moran.   Los   dos   Polos   eran denominados  por  los   antiguos,   Dragones   y   Serpientes,   proviniendo   de   aquí   los Dragones  y  Serpientes  buenos  y  malos,  y  también  los  nombres  dados  a  los  “Hijos  de Dios” –Hijos del Espíritu y de la Materia–, los Magos  buenos  y  malos.  Éste  es  el origen de  la  naturaleza  doble  y  triple  del  hombre.  La  leyenda  de  los  “Ángeles Caídos”,  en  su significado esotérico, contiene  la  clave  de  las  múltiples  contradicciones  del  carácter humano; señala ella el secreto de la conciencia de  sí  en  el  hombre;  es  el  eje  en  que gira todo un Ciclo de vida: la historia de su evolución y desarrollo.

Los  llamados  “Ángeles Caídos”  son  la  Humanidad misma. El Demonio del Orgullo, de la Lujuria, de la Rebelión y del Odio no existía antes de  la  aparición  del  hombre  físico  consciente.  El  hombre  es  quien  ha  engendrado  y criado  al  demonio,  y  le  ha  permitido  desarrollarse  en  su  corazón;  él  es   también   quien ha  contagiado  al  Dios  que  mora  en  él  mismo,  enlazando  al  Espíritu   puro   con   el Demonio impuro  de   la  Materia.  Debe  haberse   hecho   ya   evidente   que   nuestras   enseñanzas tienen muy   pocas probabilidades  de  ser  imparcialmente  oídas,  al  presuponer,  como  lo  hacemos:  a) la aparición  del  Hombre  primero  que  la  de  los  otros  mamíferos,  y  aun  antes  de  los períodos de los grandes reptiles; b) que los Diluvios Periódicos  y  los  Períodos Glaciales se  deben  a  la  perturbación  kármica  del  eje;  y  principalmente,  c) el  nacimiento  del hombre  de  un  Ser  Superior,  o  lo  que  el  Materialismo  llamaría  un  Ser  sobrenatural, aunque  sólo  es  super–humano.




H.P. Blavatsky 

Doctrina Secreta-fragmentos

sábado, 23 de enero de 2021

La tutelar divinidad de los hebreos



 "La tutelar divinidad de los hebreos (59) prohibió estrictamente toda práctica de magia negra según estaba en boga entre gentiles (60) 

59)  No tenían los hebreos del Señor a que tributaban culto el concepto del Supremo Dios. En otro lugar más adelantado de esta obra demostraremos que en el Antiguo Testamento se echa de ver cómo los israelitas no fueron rigurosamente monoteístas, sino que adoraron a más de una divinidad. El Shadi de Abraham y Jacob no es el Jehovah de Moisés, adorado durante la peregrinación por el desierto. También el Dios de los ejércitos a que alude el profeta Amós difiere del concepto de la divinidad sinaítica, según podemos colegir del siguiente pasaje: "He aborrecido y desechado vuestras fiestas y no me será grato el olor de vuestras asambleas. Y si me ofreciereis vuestros holocaustos y vuestros dones, no los recibiré ni miraré la enjundia de vuestras ofrendas... Por ventura me ofrecisteis hostias y sacrificios en el desierto durante cuarenta años ¡oh casa de Israel! Y llevásteis la tienda para vuestro Moloch y la imagen de vuestros ídolos y la estrella de vuestro Dios; cosas todas que os hicisteis. Pues os hará transportar más allá de Damasco, dice el Señor cuyo nombre es el Dios de los ejércitos." (Profecía de Amós, cap. V, vers 21, 22, 25, 26, 27)

60) Cuando hubieres entrado en la tierra que te dará el Señor Dios tuyo, guárdate de imitar las abominaciones de aquellas gentes. Y que no se halle entre vosotros quien purifique a sus hijos pasándolos por el fuego  o quien pregunte a adivinos y observe sueños ni agüeros ni que sea hechicero. Ni encantador ni quien consulte a los pitones o adivinos o busque de los muertos la verdad" (Deuteronomio, cap. XVIII, vers. 9,10, 11)

H.P. Blavatsky

Isis sin Velo

viernes, 18 de septiembre de 2020

La Gran Batalla entre el Bien y el Mal

Si   nuestros   filósofos  modernos  –precedidos   por   los   sabios   medievales–    se    han apropiado más de una idea fundamental de la antigüedad, los  teólogos  han  construido por  completo  su  Dios  y  sus  Arcángeles,  su  Satán  y  sus  Ángeles,  juntamente  con  el Logos  y  su  acompañamiento,  con  los  dramatis  personæ de  los  antiguos  Panteones paganos.  Muy  bien venidos  hubieran  sido  para  con  éstos,  si  no  hubieran  desfigurado astutamente   los  caracteres  originales, pervertido  el significado filosófico,  y, aprovechándose  de  la  ignorancia  de  la  Cristiandad –resultado  de  largas  edades  de sueño  mental,  durante  las  cuales  sólo  le  era  permitido  a  la  humanidad  pensar  por procuración–  no  hubiesen  embrollado  los  símbolos  introduciendo  la  confusión  más intrincada. Una de sus proezas más censurables en este particular fue la transformación del divino Alter Ego en el grotesco Satán de su Teología.

Ahora   bien;   hasta   los   mismos   materialistas   son   completamente   inofensivos,  y pudieran  ser  considerados  como   amigos  de   la   Teosofía,   comparados   con   algunos kabalistas fanáticos “cristianos” (según  ellos  se  llaman),  “Sectarios”,  como  nosotros  los llamamos,  del  Continente.  Éstos  leen  el  Zohar, no  para  encontrar  en  él  la  antigua Sabiduría, sirio para  descubrir  en  sus   versículos,   mezclando   textos   y    significados, dogmas cristianos que  jamás  pudieron  encerrar;  y,  después  de  pescarlos  con  la  ayuda colectiva  de  la  casuista  erudición jesuítica,   los   supuestos “kabalistas” proceden a escribir libros  y a descarriar a  los  estudiantes  de  la  Kabalah de percepción  menos penetrante.

¿No se nos permitirá, pues, que draguemos los  profundos  ríos  del  Pasado,  para  traer así  a  la  superficie  la  idea  fundamental  que  condujo  a  la  transformación del  Dios  de  la Sabiduría, que primeramente había  sido considerado  como  el  Creador  de  todo  lo  que existe, en un Ángel del Mal; un ridículo bípedo cornudo, medio chivo, medio mono, con cascos  y  cola?  No  necesitamos  desviarnos  de   nuestra   senda  para  comparar   a   los Demonios paganos,  ya  sean  de  Egipto,  India  o  Caldea,  con  el  Diablo  del  cristianismo, pues semejante  comparación  no  es  posible.  Pero  podemos  detenernos  a   considerar   la biografía del Diablo cristiano, copia robada de la mitología caldeo–judía.

El  origen  primitivo  de  esta  personificación  se  basa  en  el  concepto  arcadio  de  los Poderes  Cósmicos  –los  Cielos  y  la  Tierra–  en  feudo  y  lucha  eternos  con  el  Caos.  SuSilik–Muludag (Muru–dug?), “el Dios entre los  Dioses”,  el  “guardián  misericordioso  de los hombres  en la tierra” era  hijo  de  Hea  (o  Ea),  el  Gran Dios  de  la  Sabiduría,  llamado Nebo  por  los  babilónicos.  Entre ambos  pueblos,  lo  mismo  que  sucede  con  los  Dioses indos, sus deidades eran a la vez benéficas y maléficas. Como el mal y el  castigo  son  los agentes del Karma, en un sentido absolutamente justo  retributivo,  por  esto  el  mal  era servidor de Dios. La lectura de los ladrillos  caldeo–asirios  ha  demostrado  ahora  esto, sin sombra de duda. En el Zohar vemos  la  misma  idea.  Satán  era  un  hijo  y  un  Ángel  de Dios. Para todas las naciones semitas, el Espíritu de la Tierra era tanto  el Creador en su propio reino, como   el   Espíritu   de    los    Cielos.   Eran ellos   hermanos   gemelos  e intercambiables  en  sus  funciones, cuando  no  dos  en  uno.  Nada  de  lo  que  vemos  en  el Génesis falta en  las  creencias religiosas caldeo–asirias,  aun  en  lo  poco  que  hasta  ahora ha  sido  descifrado.  La  gran “Faz  del  Abismo”  del  Génesis se  marca  en  el  Tohu  Bohu (“Abismo” o “Espacio Primordial”), o  Caos de  los  babilonios.  La  Sabiduría,  el  Gran  Dios Invisible (llamado en el Génesis el “Espíritu de Dios)”, vivía para  los  antiguos  babilonios, así como para los arcadianos, en el Mar del Espacio. Hacia los días descritos  por  Beroso, este  Mar  se  convirtió  en  las  Aguas  Visibles  en  la  superficie  de  la  Tierra:  la  mansión cristalina  de  la  Gran  Madre,  la  Madre  de  Ea  y  de  todos  los  Dioses,  que  se  convirtió, más adelante aún, en el gran Dragón Tiamat,  la  Serpiente  del  Mar.  Su  última  etapa  de desarrollo fue la gran lucha de Bel con el Dragón: el Diablo.

La palabra “Demonio”, sin embargo, como  en  el  caso  de  Sócrates  y  en el espíritu  de  la  significación que  le  daba  toda  la  antigüedad,  representaba  el   Espíritu Guardián,  un  “Ángel”,  no  un  Demonio  de  descendencia  Satánica,   como   quisiera  la Teología.  La  Iglesia  Católica  Romana  muestra  su  acostumbrada lógica  y  consecuencia aceptando  a  San  Miguel  como   el  Ferouer de   Cristo.   Este   Ferouer  era  su  “Ángel Guardián”,  como  está  probado  por Santo  Tomás,  quien,  sin embargo,  llama  a  los prototipos y sinónimos de Miguel (tal como Mercurio, por ejemplo), ¡Demonios!

Ahora  bien;  ¿qué  es  un  Ferouer,  o  Fravashi?  En  algunas  obras  mazdeístas  se  implica claramente que  Fravashi  es  el  Hombre  interno, inmortal,  o  el  Ego  que  reencarna;  que existía  antes  que  el  cuerpo  físico,  y  que  sobrevive  a  todos  los  cuerpos  de  que  se reviste. No sólo los hombres estaban dotados de un Fravashi, sino también los  Dioses,  y  el cielo,  el fuego, las aguas y las plantas. Esto  muestra  tan  claramente  como  es  posible,  que  él  Ferouer  es  la  “contraparte espiritual”de todo  Dios,  animal, planta  y  hasta  elemento,  es  decir,  la  parte  refinada  y más pura de la creación más densa, el alma  del cuerpo,  sea  el  que  quiera  el  cuerpo.  De aquí que Ahura Mazda recomiende a Zarathushtra que invoque a su Fravashi  y  no a él(Ahura  Mazda);  esto  es  a  la  Esencia impersonal  y  verdadera de  la  Deidad,  una  con  el propio  Âtmâ  (o  Cristos)  de  Zoroastro,  no  a  la  apariencia falsa y  personal.  Esto  es completamente claro.

Así,  pues;  queda  bien establecido que  Cristo,  el  Logos,  o  el  Dios  en  el  Espacio  y  el Salvador   en   la   Tierra,   es   tan   sólo   uno   de   los   ecos   de   esta   misma  Sabiduría antediluviana, tan desdichadamente interpretada. Su historia principia  con  el  descenso a la  Tierra  de  los  “Dioses” que encarnaron  la  humanidad,  y  esto  es  la  “Caída”.  Ya  sea Brahmâ precipitado a la Tierra por Bhagavân en la alegoría, o Júpiter por  Cronos, todos son símbolos de  las  razas humanas. Una  vez  que  han  tocado  este  planeta  de  Materia densa,   las   níveas   alas   del   Ángel,  aun  el  más   elevado,   no  pueden   seguir   siendo inmaculadas,  ni  ser  perfecto  el  Avatâra   (o   encarnación); pues   cada   uno   de   estos Avatâras  es  la  caída  de   un   Dios   en  la  generación.

Durante más de dieciséis siglos, las nuevas caretas puestas  a  la  fuerza  sobre  la  faz  de los  Dioses  antiguos  los  han  ocultado  a  la  curiosidad  pública;  pero  finalmente  han resultado inadaptadas. Entretanto, la CAÍDA metafórica y la Propiciación y  Crucifixión, igualmente metafóricas, han conducido a la Humanidad Occidental por caminos  en  que se ha hundido en sangre hasta las rodillas. Pero lo peor de todo es que la han  llevado  a creer en el dogma del Espíritu Maligno distinto del Espíritu de toda  Bondad,  siendo  así que el primero vive en toda Materia, y preeminentemente en el hombre. Finalmente  se ha creado el  dogma  blasfemo  del Infierno  y  de  la  condenación  eterna;  él  ha  extendido una  espesa  nube  entre las intuiciones superiores  del  hombre  y  las  verdades  divinas; siendo  el  resultado   más   pernicioso   de   todos,   que   el   pueblo  ha   quedado  en  la ignorancia del  hecho  de  que  no  había  demonios,  seres  malignos  tenebrosos   en   el Universo,  antes  de  la  aparición  del  hombre  sobre  esta  Tierra,  y  probablemente  sobre otras

El  “Dragón”  es  sencillamente  el  símbolo  del  Ciclo  y  de  los  “Hijos  de  la  Eternidad Manvantárica” que  habían  descendido  sobre  la  Tierra durante   cierta   época   de  su período  formativo. 

La mejor prueba   que   puede   presentarse   a   los   teólogos   cristianos   de   que  las declaraciones esotéricas de la Biblia, en ambos Testamentos,  son  el  aserto  de  la  misma idea de nuestras Enseñanzas  Arcaicas;  a  saber,  que  la  “Caída  de  los Ángeles” (atribuida simplemente  a  la  Encarnación   de   los Ángeles “que   hablan   atravesado  los   Siete Círculos”) se encuentran en el Zohar. Ahora bien; la Kabalah de Simeón Ben Jochaï  es  el alma  y  esencia  de  la  narración  alegórica,  así  como  la  Kabalah Cristiana posterior  es  el Pentateuco Mosaico   “obscuramente   vestido”.   Y   dice   ella   (en   los   manuscritos   de Agrippa) :

La primera lección que enseña  la  Filosofía  Esotérica  es  que  la  Causa  Incognoscible  no produce  la  evolución,  ya  sea  consciente  o  inconscientemente,  sino  que  sólo  exhibe periódicamente aspectos diferentes de  Sí  Misma  para  la  percepción  de  las  mentes finitas. Ahora bien;  la  Mente Colectiva  –la  Mente  Universal–  compuesta  de  diversas  e innumerables Huestes  de  Poderes  Creadores,  por  más  infinita que  sea  en  el  Tiempo Manifestado,  es,  sin embargo, finita cuando  se  compara  con  el  Espacio  No–nacido  e Inmarcesible en su aspecto esencial supremo. Lo que  es finito  no  puede ser  perfecto,  y por tanto, entre estas Huestes hay Seres inferiores,  pero nunca  ha  habido Demonios ni“Ángeles desobedientes” por la sencilla razón de que todos están regidos por la  ley. 

Esto  se  aproxima  un  poco  más  a  la  verdad  pero  se  encuentra aún  lejos  de  la  misma. No hubo ningún “mal pensamiento” que originase el  Poder  contrario, sino sencillamente el  Pensamiento  per se;  algo  que,  siendo  reflexivo  y  conteniendo  designio   y  objeto,  es por tanto finito, y tiene así que encontrarse  naturalmente  en  oposición  al  puro  Reposo estado natural de la Perfección y Espiritualidad absolutas.  Fue  sencillamente la Ley de la Evolución que se  afirmó; el progreso  del  Desenvolvimiento  Mental,  diferenciado  del Espíritu,  envuelto  y  cogido  ya  por  la  Materia,  hacia   la  cual   es  atraído   de  modo irresistible.  Las  ideas,  en  su   propia  naturaleza  y  esencia,  como  conceptos  que  tienen relación  con  objetos,  ya  sean verdaderos  o  imaginarios,  son  opuestas  al  Pensamiento Absoluto, ese Todo Incognoscible de cuyas misteriosas operaciones  afirma  Mr  Spencer que   nada   puede  decirse,  sino que “no   tiene   parentesco   de   naturaleza   como   la Evolución”; y ciertamente que no lo tiene.

Y esto  significa sencillamente que los “Ángeles” condenados  a  la  encarnación,  se encuentran en las cadenas de la carne y de la  materia,  en  la  obscuridad de la ignorancia, hasta el “Gran Día” que vendrá, como siempre, después de la Séptima Ronda, al final  de la “Semana” en el SÉPTIMO SABBATH, o Nirvâna Postmanvantárico.

Metafísicamente, el Padre y el Hijo son la “Mente Universal” y el  “Universo  Periódico”; el “Ángel” y el “Hombre”. Es el HIJO y el PADRE  a  un mismo  tiempo;  en  el  Pymander es la  IDEA  activa y  el  PENSAMIENTO  pasivo que  la  genera;  la  tonalidad radical  en  la Naturaleza  que  da  nacimiento  a  las  siete  notas,  la  escala  septenaria   de  las  Fuerzas Creadoras, y a los siete aspectos prismáticos del color, todos nacidos del rayo  blanco,  o la LUZ, generada en las TINIEBLAS.

Desde   los   últimos   tiempos   de   la   Cuarta   Raza   había   habido   una contienda  entre   los   Iniciados   del   Sendero   de   la   Derecha   y    los    de    la   Izquierda;
Toda  la  historia  de  ese  período  está  alegorizada  en  el  Râmâyana, que  es  el  relato místico  en  forma  épica,  de  la  lucha  entre  Râma  (el  primer  rey  de  la  Dinastía  Divina  de los  primeros  arios)  y  Râvana,   la  personificación simbólica  de  la  Raza  Atlante  (Lanka). Los  primeros  eran las encarnaciones  de  los  Dioses  Solares;  los  segundos  las  de  los Devas Lunares. Ésta fue la gran batalla entre el Bien y el Mal, entre la Magia Blanca y  la Negra, por la supremacía de las fuerzas divinas sobre los poderes  terrestres inferiores  o cósmicos.

Manas es doble– Lunar en su parte inferior, Solar en la superior. Es  decir,  es   atraído   en  su   aspecto  superior  hacia  Buddhi.  y  en  el  inferior desciende dentro, y escucha la voz de su Alma animal, llena de deseos egoístas y sensuales; y aquí está contenido  el  misterio   de  la  vida  del  Adepto  y  del  hombre  profano  así  como también   el   de  la  separación   post–mortem del   Hombre   divino    del    animal.    El Mahâbhârata (cada  una  de  cuyas  líneas debe leerse esotéricamente) descubre con  un magnífico simbolismo y alegoría, las tribulaciones tanto del Hombre como del  Alma. 

El símbolo  del  “Árbol”  representando  a  diversos  Iniciados,  era  casi  universal.  Jesús  es llamado el “Árbol de Vida”, así como todos los  Adeptos  de  la  Buena  Ley,  mientras  que a los del Sendero de la Izquierda  se  les  llama  “los  árboles  que  se  secan”.

La Guerra  de  los Titanes  no  es sino  una  copia  legendaria  y  deificada  de  la  verdadera guerra que  tuvo  lugar  en  el Kailâsa Himaláyico  (el  Cielo),  en   lugar   de  las   profundidades  del   Espacio   Cósmico interplanetario. Es el relato de la terrible lucha entre los  “Hijos  de  Dios”  y  los  “Hijos  de la  Sombra”,  de  las  Razas  Cuarta  y  Quinta.

Ahora  bien;  ¿cuál  es  el  verdadero  carácter  de  todos  los  que  lucharon  en  unión  con ellos? Éstos son: 1º. Ushanas, o las “Hueste” del  Planeta Venus,  convertida ahora  en el Lucifer católico romano, el Genio de la “estrella del día”, Tsaba o Ejército de “Satán”. 2º. Los Daityas y Dânavas son los  Titanes,  los  Demonios  y  Gigantes  que  vemos  en  la Biblia 129, la progenie de los “Hijos de Dios” y de las “Hijas  de  los  Hombres”.  Su  nombre genérico muestra  su  pretendido  carácter,  y  pone  en  claro  al  mismo  tiempo  el  animus secreto  de  los  brahmanes;  pues  ellos  son  los  Kratu–dvishas, los “enemigos  de  los sacrificios”  o  simulacros exotéricos.  Éstas  son  las  “Huestes”  que  combatieron  contra Brihaspati, la  representación  de  las  religiones exotéricas populares y  nacionales;   y contra  Indra,  el  Dios  del  Cielo  visible, el Firmamento, que,  en  el  Veda Primitivo,  es  el Dios más elevado del  Cielo  cósmico,  la  morada  propia  de  un  Dios  extra–cósmico  y personal, sobre el cual no puede nunca remontarse ningún culto exotérico.

Luego  vienen los  Nâgas,  los  Sarpas,  Serpientes  o  Serafines. Éstos   también muestran  su  carácter  por  el  sentido  secreto  de  su  emblema.  En  mitología  son  seres semidivinos con cara humana y cola de dragón. Por tanto, es innegable que ellos  son  los Seraphim  judíos  (compárese  Serapis,  Sarpa  y  Serpiente);  siendo  el  singular,  Saraph,“ardiente, ígneo”. (Véase Isaías, VI,  2,  3.)  La  angeología  cristiana  y  judía   hace   una distinción  entre  los  Seraphim  y  los  Querubines  o  Querubes,  que  vienen  en  segundo lugar. Esotérica y kabalísticamente son idénticos; pues los Querubines son  simplemente el nombre de las imágenes o semejanzas de  cualquiera  de  las  divisiones  de  las  Huestes celestiales. Ahora bien; según se ha dicho ya, Dragones y Nâgas son los nombres  que  se daban  a  los  Iniciados  ermitaños,  a  causa  de  su  gran Sabiduría  y  Espiritualidad, y por vivir  en  subterráneos. De  modo que  la  llamada  “Guerra”  es  también,  en  uno  de   sus   muchos  significados,  un  anal alegórico de la  lucha  entre las dos  clases  de  Adeptos: los  del  sendero  de  la  Derecha  y los del de  la Izquierda. 


H.P.Blavatsky -D.S

miércoles, 9 de septiembre de 2020

El Tiempo y el Espacio


La NASA comparte impresionantes fotos y vídeos de un colosal vivero estelar  - Sputnik Mundo

El Tiempo nos lleva adelante; corcel con siete rayos, mil ojos, infatigable, lleno de fecundidad. Sobre él montan los sabios inteligentes; sus ruedas son todos los mundos.

Así el Tiempo marcha sobre siete ruedas; tiene siete naves; la inmortalidad es su eje. El es ahora todos estos mundos. El Tiempo apresura hacia adelante al primer Dios.

El Tiempo contiene un recipiente lleno. Lo vemos existiendo en muchas formas. El es todos estos mundos en el futuro. Ellos le llaman "el Tiempo en los más elevados Cielos"

Himno XIX, 53 
Atharva Veda traducción Doctor Muir

La NASA afirma que la nebulosa Mariposa es "cuna de cientos de estrella  bebé" - Hoy Los Ángeles

En todos los Manvantaras, las clases de Rishis aparecen por siete y siete, y después de establecer un código de ley y moralidad, parten para la dicha

Los Rishis, además representan muchas otras cosas, aparte de ser sabios vivientes.
Matsya Purana

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Vishnu es todo: los mundos, las estrellas, los mares...Es todo lo que existe y lo que no existe... Pero no es una substancia. Lo que la gente llama el Dios más elevado, no es una substancia, sino la causa de ella, no lo que vemos, sino aquello en lo cual todo está: el Espacio.

Vishnu Purana

Doctrina Secreta - H.P. B.

El espectacular vídeo de la NASA que te transporta a la nebulosa de Orión

lunes, 31 de agosto de 2020

Lucifer y la Luz Astral



De esta suerte, los kabalistas  verdaderos  y “libres” admiten que,  para  todos  los  fines de la Ciencia  y  Filosofía,  es  bastante  que  el  profano  sepa  que  el  Gran  Agente  Mágico (llamado  por   los  partidarios   del  Marqués  de  Saint  Martin,  los  Martinistas,  la  Luz Astral;  por  los  kabalistas  y  alquimistas  de  la  Edad   Media,  la  Virgen Sideral  y  el Mysterium  Magnum,  y por  los  Ocultistas  orientales  el  Æther,  la  reflexión del Âkâsha), es lo que la Iglesia llama Lucifer. Para nadie es una novedad que los  escolásticos  latinos han  conseguido  transformar el  Alma Universal y el  Pleroma  –Vehículo  de  la  Luz  y receptáculo de todas las formas, Fuerza esparcida en todo  el Universo, con sus efectos directos  o  indirectos–  en  Satán   y   sus   obras.   Pero   ahora  aquellos  escolásticos   se preparan  a  comunicar  al  profano  antes  mencionado,  hasta  los  secretos  aludidos  por Eliphas  Lévi,  sin explicación adecuada alguna  a  pesar  de  que  la  norma  de  conducta  de este   último,  de  emplear  revelaciones veladas,   sólo  puede   conducir   a   mayores supersticiones errores. ¿Qué puede,  a  la  verdad,  sacar  en  limpio  un  estudiante  de Ocultismo,  que  sea  principiante,  de  las  siguientes  sentencias altamente poéticas  de Eliphas Lévi, pero tan apocalípticas como los escritos de cualquier alquimista?

Lucifer [la Luz Astral]... es una fuerza intermedia que existe  en  toda  la  creación; sirve ella para crear y para destruir, y la Caída de Adán fue una intoxicación erótica que ha convertido a su generación  en  esclava  de  esta  Luz fatal...toda  pasión  sexual  que  domina  nuestros sentidos, es un torbellino de esta Luz que trata de arrastrarnos hacia el abismo de la muerte. La locura, las alucinaciones, las visiones, los éxtasis, son todos  formas  de  una excitación  muy peligrosa debida a este fósforo interior[?]. Finalmente,  la  luz  es  de  la  naturaleza  del  fuego, cuyo uso inteligente calienta y vivifica, y cuyo exceso, por el contrario, disuelve y aniquila. De  esta  suerte  el  hombre  está  llamado  a asumir un imperio soberano sobre esta Luz [Astral] conquistando con ello  su  inmortalidad,  y  al  mismo tiempo está  amenazado  de intoxicarse, y de ser absorbido y eternamente destruido por ella. Esta luz, por tanto, toda vez que es devoradora, vengativa  y  fatal, sería  así  en  realidad  el fuego del infierno, la serpiente de la leyenda; los errores  atormentadores  de  que  está  llena, las lágrimas  y  el rechinamiento  de  dientes  de  los  seres  abortados que devora, el  fantasma de la vida que  se  les  escapa,  y  que  parece  burlarse  e  insultar  su  agonía,  todo  esto  sería  el Demonio o Satán verdaderamente.

En todo  esto  no  hay  nada  falso; nada,  salvo  una  superabundancia  de   metáforas  mal aplicadas,  como,  por  ejemplo,  en  la  aplicación  del  mito  de  Adán  para  la  ilustración  de los  efectos  astrales.  Âkâsha,  la  Luz  Astral,  puede  definirse  en  pocas  palabras:  es  el Alma  Universal,  la  Matriz  del  Universo,  el  Mysterium  Magnum  del  cual  nace todo  lo que  existe,  por  separación  o  diferenciación. Es  la  causa  de  la  existencia;  llena todo  el Espacio infinito, es el Espacio mismo, en  un  sentido,  o  sus principios sexto y  séptimo  a la  vez.  Pero  como  finita  en  lo  Infinito,  en   lo  que  a  la  manifestación concierne, esta Luz  debe  tener  su  aspecto  sombrío,  como  ya  se  ha  observado. Y  como  lo  Infinito jamás puede ser  manifestado, de  aquí  que  el mundo finito tenga  que contentarse  con sólo la sombra, atraída, con sus acciones, sobre la humanidad, y que los hombres atraen y ponen en actividad.   De  modo  que  al  paso  que  la  Luz  Astral  es  la  Causa  Universal  en su  unidad   no   manifestada   e  infinita,  se   convierte,   respecto   de   la   humanidad, simplemente  en  los  efectos  de  las  causas  producidas  por  los  hombres   en  sus  vidas pecadoras.  No  son  sus  brillantes moradores  –ya  se  llamen Espíritus  de  la  Luz  o  de  las Tinieblas–  los  que  producen  el  Bien  y  el  Mal, sino que  la  humanidad  misma  es  la   que determina la inevitable acción  y  reacción del  Gran  Agente  Mágico.  La  humanidad  es  la que se  ha  convertido en la  “Serpiente  del  Génesis”, causando  así  diariamente  y  a  cada hora la Caída y el Pecado de la “Virgen Celestial”,  la  cual  se  convierte  de  este  modo  en Madre  de  Dioses  y  de  Demonios  a  un  mismo  tiempo;  pues  ella  es  la  Deidad  siempre amante,  y  benéfica,  para  todos  los  que  conmueven  su  Alma y  su  Corazón, en lugar  de atraer  hacia  sí  su  esencia sombría  manifestada,  llamada  por  Eliphas   Lévi  “la luz fatal” que  mata  y  destruye.  La  humanidad,  en  sus  unidades,  puede  exceder  y  dominar  sus efectos, pero tan sólo por la  santidad de  vida  y  produciendo  buenas  causas. Tiene  ella poder únicamente sobre  los  principios inferiores manifestados,  sombra  de  la  Deidad Desconocida  e  Incognoscible  en  el  Espacio.  Pero  en  antigüedad  y  realidad, Lucifer  o Luciferus  es  el  nombre  de  la  Entidad  Angélica que  preside  sobre  la  Luz  de  la  Verdad como sobre la luz del día. En el gran Evangelio Valentiniano Pistis  Sophia  se enseña  que de  los  tres  Poderes  que  emanan  de  los  Santos  Nombres  de  los  tres  Poderes  Triples (Tridugámeiç), el de  Sophia   (el   Espíritu   Santo, según estos  gnósticos, los más instruidos de todos) reside en el planeta Venus o Lucifer.

Delfín Martell González: “Luz Astral” este jueves por la señal de 93.7 FM

De  esta  suerte,  para  el  profano,  la  Luz  Astral  puede  ser  Dios  y  Demonio  a  la  vez –Demont  est  Deus  inversus–,  lo que  es  como  decir que  en  cada  punto,  en  el  Espacio Infinito, palpitan  las  corrientes magnéticas  y  eléctricas  de  la  Naturaleza animada, las ondas productoras de la vida y de la muerte, pues la muerte en la tierra  se  convierte  en vida en otro plano. Lucifer  es  la  Luz  divina  y  terrestre,  el  “Espíritu  Santo” y “Satán” de una  pieza y al  mismo   tiempo  el  Espacio  visible verdaderamente lleno  invisiblemente con el Aliento diferenciado; y la Luz Astral, los efectos manifestados de los dos que  son uno, guiada y atraída por nosotros mismos, es el Karma de  la  Humanidad,  entidad  a  la vez personal  e  impersonal:  personal,  porque  es  el  nombre  místico  dado  por  Saint Martin   a   la   Hueste   de   Creadores   Divinos,  Guías   y   Regentes  de   este  Planeta; impersonal, como Causa y Efecto de la Vida y Muerte Universales. La   Caída   fue   el  resultado   del   conocimiento del   hombre,  pues   sus    “ojos   fueron abiertos”. Verdaderamente, le fue enseñada la Sabiduría  y  el  Conocimiento  Oculto  por el “Ángel Caído”;  pues  este  último  se  ha  convertido  desde  entonces  en  su  Manas,  la Mente  y  la  Propia  Conciencia.  En  cada  uno  de  nosotros  existe, desde  el  principio  de nuestra aparición  en  esta  Tierra,  el  dorado  hilo  de  la  Vida  continua,  periódicamente dividida  en  ciclos  pasivos  y  activos,   de   existencia  sensible   en   esta  Tierra,  y suprasensible  en  el  Devachan. Es el  Sûtrâtmâ, el  hilo  luminoso  de  la  Mónada impersonal inmortal, en el cual se engarzan, como otras tantas cuentas,  nuestras  “vidas”terrestres o Egos transitorios, según una hermosa expresión de la Filosofía Vedantina. Y ahora queda probado que Satán, o el Dragón Îgneo Rojo, el “Señor del  Fósforo”  –el azufre fue un progreso teológico– y Lucifer, o el “Portador de Luz”, está en nosotros: es nuestra Mente, nuestro Tentador y  nuestro  Redentor, nuestro  Libertador inteligente  y Salvador de la pura  animalidad. Sin este principio –emanación  de  la  esencia  misma  del principio puro  divino  Mahat  (la  Inteligencia) que irradia  directamente  de  la  Mente Divina  no  seríamos  seguramente  más  que animales.

Los  siete  Dioses primordiales tenían todos  un  estado  doble,  uno  esencial,  el  otro  accidental.  En su estado esencial todos eran los Constructores o Modeladores, los Preservadores  y Regentes  de  este  Mundo;  y  en  el  estado  accidental,  revistiéndose  de   corporeidad visible, descendían  a  la  Tierra  y  reinaban  en  ella  como Reyes  e  Instructores  de  las Huestes inferiores, que habían encarnado nuevamente en ella como hombres. Así, pues, la Filosofía Esotérica  muestra   que   el  hombre  es  la  verdadera  deidad manifestada en sus dos aspectos –bueno y malo,  el bien  y  el  mal–,  pero  la  Teología  no puede admitir esta verdad filosófica. Enseñando, como lo hace el dogma de  los Ángeles Caídos  en  el  sentido  de  la  letra  muerta,  y  habiendo  convertido  a  Satán  en  la  piedra angular del dogma de la redención, el hacer otra cosa sería un suicidio. 
El Akasha, la Luz Astral, puede... - Registros Akáshicos | Facebook


H.P. Blavatsky
Doctrina Secreta- fragmento

martes, 4 de agosto de 2020

La Doctrina de las Eras arcaicas

Axaxaxas, un cuento sobre el libro que Borges no pudo terminar de leer

Este  libro  tan  antiguo  es  la  obra  original  de  la  cual  fueron  compilados  los  muchos volúmenes  del Kiu-tí. Y  no  solamente  este  último  y  el Siphrah  Dzenioutha,  sino  que también el Sepher Yetzirah [El rabino Jeshoshua Ben Chananea, que murió hacia el año 72 de  nuestra  Era,  declaró  abiertamente  que  había  hecho «milagros»por  medio  del  libro Sepher Yetzirah, y desafiaba a los escépticos. Franck, citando el Talmud babilónico, habla de otros dos taumaturgos, los rabinos Chanina y Oshoi. (Véase Jerusalem Talmud, Sanhedrín, cap.  VII,  &;  y  Franck, Kabalah,  págs.  55,  56).  Muchos  de  los  ocultistas,  alquimistas  y kabalistas  de  la  Edad  Media  han  pretendido  lo  mismo,  y  aun  el  último  mago  moderno, Eliphas  Lévi,  lo  asegura  públicamente  en  sus  obras  sobre  magia]–la  obra  atribuida  por  los kabalistas hebreos  a  su Patriarca  Abraham  (!);  el Shu-King[Alrededor  de  5000  años  de antigüedad,  escrito  en  los  primitivos  caracteres «Sello»(Chuan-tze)  sobre  bambú.  Ver también nota al pie de la p. 9 –Ed.], la Biblia primitiva de la China; los volúmenes sagrados del  Thoth-Hermes,  egipcio;  los Purânas de  la  India;  el Libro  de  los  Números caldeo,  y  el Pentateuco mismo,  todos  han  sido  derivados  de  aquel  pequeño  volumen padre.  Dice  la tradición  que  fue  escrito  en senzar,  la  lengua  secreta  sacerdotal,conforme  a  las  palabras  de los Seres Divinos que lo dictaron a los Hijos de Luz en elAsia Central, en los comienzos de nuestra Quinta Raza: pues hubo un tiempo en queeste lenguaje (el senzar) era conocido de los  Iniciados  de  todas  las  naciones,  cuando los  antepasados  de los  toltecas  lo  comprendían tan bien como los habitantes de la perdida Atlántida, que lo habían heredado a su vez de los sabios de la Tercera Raza,los Mânus-his, quienes lo aprendieron directamente de los Devas de las Razas Primera y Segunda. La viñeta de que se habla en Isis, se refiere a la evolución de estas Razas y a la de las Razas Cuarta y Quinta de nuestra Humanidad durante la Ronda o Manvantara Vaivasvata; estando cada Ronda constituida por los Yugas de los siete períodos de la Humanidad, cuatro delos cuales han pasado ya en nuestro Ciclo de Vida, y debiendo  alcanzarse   muy   pronto   el   punto   medio   del  quinto.   Este   dibujo   es simbólico   como cualquiera  comprenderá  perfectamente,  y  abarca  el  fondo  desde  el principio.  El  antiguo libro, después de haber descrito la evolución cósmica y explicado el origen de todas las cosas que  existen  en  la  tierra,  incluso  el  hombre físico;  después  de  hacer  la  verdadera  historia  de las Razas, desde la Primera hasta la Quinta (la nuestra), se detiene. Hace alto al principio del Kâli  Yuga,  hace  ahora exactamente  4.989  años,  cuando  acaeció  la  muerte  de  Krishna,  el resplandeciente«dios-Sol», héroe y reformador vivo y efectivo.Pero  hay  otro  libro.  Ninguno  de  sus  poseedores  le  considera  como  muy  antiguo, pues nació  a  los  comienzos  de  la  Edad  Negra,  y  tiene  tan  sólo  la  antigüedad  de  ella,  o sea  unos 5.000 años. Dentro de unos nueve años , terminará el primer ciclo de los 5.000 primeros, que  comenzó  con  el  gran  ciclo  del  Kâli  Yuga,  y  entonces  se  cumplirá la  última  profecía contenida en aquel libro, que es el primer volumen de profecías referentes a la Edad Negra. No tenemos que esperar mucho tiempo, y muchos de nosotros veremos la aurora del Nuevo Ciclo,  a  cuya  conclusión  no  pocas  cuentas  y litigios  se  habrán  pagado  y  zanjado  entre las razas. El volumen II de las profecías se halla casi terminado, habiéndose preparado desde los tiempos de Shankarâchârya, el gran sucesor de Buddha. Debe llamarse la atención acerca de otro punto importante, que es el principal de los que constituyen  la  serie  de  pruebas  en  pro  de  la  existencia  de  una  Sabiduría primitiva  y universal,  por  lo  menos  para  los  kabalistas  cristianos  y  para  los  eruditos. Sus  enseñanzas fueron,  al  menos,  conocidas  en  parte  por  varios  Padres  de  la  Iglesia. Se  sostiene,  con fundamentos  puramente  históricos  que  Orígenes,  Synesio  y  aun Clemente  de  Alejandría, habían  sido  iniciados  en  los  misterios,  antes  de  añadir  alNeoplatonismo  de  la  escuela Alejandrina,  el  sistema  de  los  gnósticos,  bajo  velo cristiano.  Y  más  aún:  algunas  de  las doctrinas de las escuelas secretas, aunque no todas ciertamente, se conservan en el Vaticano; y  desde  entonces,  se  han  convertido en  parte  y  porción  de  los  Misterios,  bajo  la  forma  de adiciones  desfiguradas,  hechas por  la  Iglesia  Latina  al  programa  cristiano  original. Tal  es  el dogma  de  la  Inmaculada Concepción,  en  la  actualidad  materializada.  Esto  explica  las grandes persecuciones emprendidas por la Iglesia Católica Romana contra el Ocultismo, la Masonería y el Misticismo heterodoxo en general.

Los  días  de Constantino  fueron  el  último  punto  crítico  en  la  historia,  el  período  de la lucha  suprema  que  terminó  en  el  mundo  occidental  con  la  destrucción  de  las antiguas religiones en favor de la nueva, construida sobre sus cuerpos. Desde entonces, la perspectiva de un pasado remoto, más allá del Diluvio y del Jardín del Edén,  comenzó  a  ser  interceptada  a  las  indiscretas  miradas  de  la  posteridad  por modo forzoso e implacable, y recurriendo a toda clase de medios lícitos e ilícitos. Se cerraron todas las  salidas;  se  destruyeron  todos  cuantos  documentos  podían  hallarse a  mano.  Y,  sin embargo   queda   todavía   lo   suficiente,   aun   entre   estos   documentos mutilados,  para autorizarnos  a  decir  que  hay  en  ellos  toda  la  prueba  que  se  requiere para  demostrar  la existencia  efectiva  de una  Doctrina  Matriz.  

Se  han  salvado  de  los cataclismos  geológicos  y políticos  bastantes  fragmentos  para  narrarnos  la  historia;  y todos  los  que  sobreviven, demuestran  hasta  la  saciedad  que  la  actual  Sabiduría Secreta  fue  en  un  tiempo  la  fuente original, la corriente perenne siempre fluyendo, de la cual se alimentaban los riachuelos (las religiones  posteriores  de  todos  los pueblos),  desde  la  primera  hasta  la  última.  Este  período que comienza con Buddha y Pitágoras y termina con los neoplatónicos y los gnósticos, es el único foco que nos muestra la historia, donde por última vez convergen brillantes rayos de luz emanados de edades remotísimas, y no obscurecidos por el fanatismo

Deben  darse  a conocer al público los esfuerzos de muchos adeptos que ha habido en el mundo, de poetas y escritores   clásicos   iniciados   de   todas   las   épocas, para  conservar   en   los   anales   de   la humanidad el conocimiento por lo menos de la existencia de tal filosofía, ya que no el de sus verdaderos principios


H.P. Blavatsky
fragmentos