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LA CIVILIZACIÓN COMO ESCUELA...

" La civilización es la escuela en donde el alma aprende las lecciones que le enseña el Logos. Cuando el alma entra en el pr...

viernes, 17 de marzo de 2017

Sobre la inmortalidad del Alma

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Esta doctrina de la Mente Universal, difundida en todas las cosas, constituye la base de todas las antiguas filosofías. 

Reconoce Platón que al aparecer el hombre en este mundo de la materia, es juguete del elemento de Necesidad -que es Karma bajo otro nombre- . El hombre está influido por causas externas y esas causas son daimonia, como el de Sócrates. Feliz es el hombre físicamente puro, porque si su alma externa (el cuerpo astral, la imagen del cuerpo) es pura, vigorizará a la segunda alma (el Manas inferior), o la que aquél denomina el alma mortal superior, que aunque expuesta a errar por sus propios motivos, siempre estará de parte de la razón contra las propensiones animales del cuerpo. En otras palabras, el rayo de nuestro Ego Superior -el Manas inferior- posee la luz de aquel -la razón o los poderes racionales del Nous- para ayudarse en la lucha contra los deseos kármicos. Los apetitos carnales del hombre nacen a consecuencia de su cuerpo material perecedero: así sucede con otras enfermedades -dice Platón- mas, aunque considera los crímenes como involuntarios algunas veces, por ser resultado, como las enfermedades corporales, de causas externas, establece claramente una diferencia muy marcada entre esas causas, El fatalismo kármico que concede a la Humanidad no excluye la posibilidad de evitar aquéllos; pues aun cuando el sufrimiento, el terror, la cólera y otros sentimientos tocan en suerte a los hombres, efecto de la necesidad... si los dominasen, vivirían rectamente, y si fuesen por ellos dominados, vivirían malamente.

El hombre dual  -es decir, aquel que el Espíritu divino inmortal ha abandonado, dejando tan sólo la forma animal y la sideral, el alma mortal superior de Platón- queda entregado únicamente a sus instintos, porque ha sido dominado por todos los males arraigados en la materia; por lo tanto, se convierte en dócil instrumento en mano de los invisibles seres de materia sublimada, que vagan por nuestra atmósfera y que están siempre dispuestos a inspirar a los que se hallan completamente privados de su consejero inmortal, el Espíritu divino que Platón llama genio. Según este gran Filósofo e Iniciado: "El que vivió bien el tiempo señalado, volverá a la morada de su estrella y tendrá allí una existencia feliz..."

Estas son las enseñanzas de la Doctrina Secreta, de la Filosofía Oculta. Enseñábase antiguamente la posibilidad de que el hombre perdiese su Ego Superior, efecto de su depravación, y esto mismo se sigue enseñando todavía en los centros del Ocultismo oriental. 
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No hubo filósofo alguno notable que no aceptase esta doctrina de la metempsicosis, según la enseñaban los brahmanes, los budistas y más tarde los pitagóricos en su sentido esotérico, expresándose de un modo más o menos inteligible. Orígenes y Clemente de Alejandría, Sinesio y Calcidio, creyeron en ella; y los gnósticos, a quienes la historia no vacila en considerar como hombres en extremo refinados, sabios y de grandes luces, creían también en la metempsicosis. Sócrates participaba de opiniones idénticas a las de Pitágoras, y como castigo de su filosofía divina, sufrió una muerte violenta. Las turbas han sido lo mismo en todas las épocas. Aquellos sabios enseñaban que los hombres tienen dos almas de naturaleza completamente distinta. una de ellas, perecedera, el alma astral o el cuerpo interno, fluídico, que no debe confundirse con el cuerpo astral o doble; la otra, incorruptible e inmortal -el Augoeides, o parte del Espíritu divino- Atma-Budhi; y que el alma mortal o astral perece a cada cambio gradual, al ingreso en cada nueva esfera, purificándose más y más en cada transmigración. El hombre astral intangible e invisible para nuestros sentidos mortales terrestres está, sin embargo, constituido de materia, si bien ésta es sublimada.

Las dos almas son el doble Manas: el alma astral inferior, personal, y el Ego Superior. La primera es el rayo de la última que cae dentro de la materia, es decir que anima al hombre y hace de él un ser pensante, racional en este plano, y que después de haber asimilado los elementos más espirituales de éste con la esencia divina del Ego que se reencarna, perece en su forma personal y material, como Kama-Rupa, en cada cambio gradual, al entrar de nuevo en Devachan para proceder luego a una nueva reencarnación. Perece, porque se desvanece del todo con el tiempo -salvo su imagen impalpable y pasajera en las ondas astrales- fundida por ley potente que siempre cambia, pero que jamás muere; mientras que el Alma Espiritual incorruptible e inmortal que llamamos Budhi-Manas y el Yo individual, se purifica en cada nueva encarnación. Todo lo que puede salvar del alma personal lo lleva al Devachán para darle el galardón de siglos de paz y bienaventuranza.

No concede la Doctrina Secreta la inmortalidad a todos los hombres por igual. Declara con Porfirio que sólo: "por medio de la pureza y castidad más grandes nos acercaremos a nuestro Dios y obtendremos, por su contemplación, el Verdadero Conocimiento y la Intuición"

Si el alma humana ha dejado, durante el transcurso de su vida, de recibir la luz de su Espíritu Divino, nuestro Dios personal, entonces es difícil que el hombre grosero y sensual sobreviva por largo espacio a su muerte física. Así como no puede vivir mucho tiempo después de su nacimiento físico el monstruo, tampoco puede el alma existir después de su nacimiento en el mundo espiritual cuando se ha hecho demasiado material. Tan débil es la viabilidad de la forma astral que no puede haber cohesión firme entre sus partículas, una vez que ha abandonado la envoltura consistente del cuerpo externo. Obedeciendo gradualmente sus partículas a la atracción desorganizada del espacio universal, se esparcen al fin, siendo imposible una nueva agregación de las mismas. Cuando una catástrofe semejante ocurre, el individuo personal deja de existir; su glorioso Augoeides, el Yo inmortal, se ha separado de aquél para penetrar en el Devachan, donde no puede seguirle el Kama-Rupa. Durante el período intermediario entre la muerte corporal y la desintegración de la forma astral, esta última, ligada por atracción magnética a su repugnante cadáver, vaga en su proximidad, y absorbe la vitalidad a víctimas suceptibles.

Habiendo rechazado el hombre de sí todo lazo de luz divina, queda sumido en las tinieblas y, por tanto, se pega a la tierra y a lo terrenal.

Ningún alma astral, ni aun la de un hombre puro, bueno y virtuoso, es inmortal en el sentido más estricto; "fue formada de los elementos, y a los elementos ha de volver". Sólo que, mientras se desvanece el alma del depravado, y es absorbida sin remedio - esto es, que el muerto nada deja impreso de sí mismo en el Ego-Espíritu-, la de cualquier otra persona, aun moderadamente pura, cambia simplemente sus partículas etéreas por otras todavía más etéreas. Mientras quede en él una chispa de lo divino, el Ego personal no puede morir enteramente, puesto que sus pensamientos y sus aspiraciones más espirituales, sus "buenas acciones", la eflorescencia de su yo, se han fundido con su Padre Inmortal. Proclo dice:  "Después de la muerte, el Alma (el Espíritu) sigue vagando en el cuerpo aéreo (forma astral) hasta quedar enteramente purificado de todas las pasiones iracundas y voluptuosas... entonces abandona por medio de una segunda muerte al cuerpo áereo como lo hizo respecto al terrestre. Por lo cual, dicen los antiguos que existe un cuerpo celeste siempre unido al alma, que es inmortal, luminoso y semejante a una estrella"

No pudiendo considerarse este Venir a Ser como existente sino sólo como Algo que tiende sin cesar, en su progreso cíclico, hacia la Existencia Una Absoluta, a existir en lo Bueno y unido a lo Absoluto.

Del hombre depende el abrir o cerrar sus percepciones a la Voz divina.

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fragmento de: Helena P. Blavatsky

sábado, 25 de febrero de 2017

Sobre los Ángeles Caídos...


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"Los llamados "Angeles Caídos" son la Humanidad misma. El Demonio del Orgullo, de la Lujuria, de la Rebelión y del Odio no existía antes de la aparición del hombre físico consciente. El hombre es quien ha engendrado y criado al demonio, y le ha permitido desarrollarse en su corazón; él es también quien ha contagiado al Dios que mora en él mismo, enlazando al Espíritu puro con el Demonio impuro de la Materia. 

La leyenda de los "Angeles Caídos", en su significado esotérico, contiene la clave de las múltiples contradicciones del carácter humano; señala ella el secreto de la conciencia de sí en el hombre; es el eje en que gira todo un Ciclo de vida; la historia de su evolución y desarrollo.

Los Atlantes, primera progenie del hombre semidivino después de su separación en sexos, y por tanto, los primeros engendrados y los mortales que primeramente nacieron al modo humano, fueron los primeros "sacrificadores" al Dios de la Materia. Son ellos, en el oscuro y remoto pasado, en edades más que prehistóricas, el prototipo sobre el cual se construyó el gran símbolo de Caín, los primeros antropomorfistas que adoraron la Forma y la Materia (2), culto que pronto degeneró en personal, y que luego condujo al culto sexual y al falicismo que reina supremo hasta hoy día en el simbolismo de todas las religiones exotéricas de rituales, dogmas y formas. 

De este modo fue cómo los primeros Atlantes, nacidos en el Continente Lemur, se separaron desde sus primeras tribus en buenos(1) y en malos(2); en los que adoraron al Espíritu invisible de la Naturaleza(1), cuyo Rayo siente el hombre dentro de sí mismo, o Panteístas, y en los que rendían un culto fanático a los Espíritus de la Tierra(2), los Poderes antropomórficos y tenebrosos, con quienes se aliaron.

Los que cayeron víctima de su naturalezas inferiores, se convirtieron en esclavos de la Materia (2). De "Hijos de la Luz y la Sabiduría"(1), concluyeron por ser "Hijos de las Tinieblas"(2). Cayeron en la batalla de la vida mortal con la Vida inmortal, y todos los que cayeron así, fueron la semilla de las futuras generaciones de Atlantes.

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Los Misterios del Cielo y la tierra revelados por sus Maestros Celestes en los días de su pureza se convirtieron en un foco de luz cuyos rayos se debilitaban necesariamente al difundirse y derramarse en un suelo refractario, por lo demasiado material. Entre las masas esos misterios degeneraron en Hechicería  y tomaron más tarde la forma de religiones exotéricas, de idolatría llena de supersticiones, y del culto al hombre. Solamente un puñado de hombres primitivos -en quienes ardía brillantemente la chispa de la Sabiduría Divina, la cual aumentaba su intensidad(1) a medida que se tornaba más y más tenue a cada edad en los que la empleaban con fines maléficos(2)- permanecieron como custodios electos(1) de los Misterios revelados a la humanidad por los Maestros Divinos. 

El pecado no consistió en usar de los nuevos poderes desarrollados, sino en usarlos mal; en hacer del tabernáculo, destinado a contener un Dios, el templo de todas las iniquidades espirituales.(2) Los poderes y atributos del Hombre-Deva se hicieron servidores de las pasiones fisiológicas y psíquicas,(2) que acaban de despertarse en el hombre físico, en lugar de ser lo contrario, el Ojo perdió sus poderes. Extinguió en ellos todo fulgor espiritual y divino. Cayeron víctimas de sus naturalezas animales y criaron "monstruos"...

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fragmento de Doctrina Secreta - H.P. BlAVATSKY

(1) Hijos de la Luz y la Sabiduría 
(2) Hijos de las Tinieblas

jueves, 23 de febrero de 2017

VIDA, ESTAMOS EN PAZ de Amado Nervo


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Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tan sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas...

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

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Amado Nervo

LA MONTAÑA de Amado Nervo

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Desde que no persigo las dichas pasajeras,
muriendo van en mi alma temores y ansiedad:
la Vida se me muestra con amplias y severas
perspectivas, y siento que estoy  en las laderas
de la montaña augusta de la Serenidad.
Comprendo al fin el vasto sentido de las cosas;
sé escuchar en silencio lo que en redor de mí
murmuran piedras, árboles, ondas, auras y rosas…
y advierto que me cercan mil formas misteriosas
que nunca presentí.
Distingo un santo sello sobre todas las frentes;
un divino me fecit Deus, por dondequier,
y noto que me hacen signos inteligentes
las estrellas, arcano de las noches fulgentes,
y las flores, que ocultan enigmas de mujer.
La Esfinge, ayer adusta, tiene hoy ojos serenos;
en su boca de piedra florece un sonreír
cordial, y hay en la comba potente de sus senos
blanduras de almohada para mis miembros llenos
a veces  de la honda laxitud del vivir.
Mis labios, antes pródigos de versos y canciones,
ahora experimentan el deseo de dar
ánimo a quien desmaya, de verter bendiciones,
de ser caudal perenne de aquellas expresiones
que saben consolar.
Finé mi humilde siembra; las mieses en las eras
empiezan a dar fruto de amor y caridad;
se cierne un gran sosiego sobre mis sementeras;
mi andar es firme…
¡Y siento que estoy en las laderas
de la montaña augusta de la Serenidad!

Amado Nervo

martes, 14 de febrero de 2017

EN LAS CONSTELACIONES de Rubén Darío



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En las constelaciones Pitágoras leía, 
yo en las constelaciones pitagóricas leo; 
pero se han confundido dentro del alma mía
el alma de Pitágoras con el alma de Morfeo. 

Sé que soy, desde el tiempo del Paraíso, reo;
sé que he robado el fuego y robé la armonía;
que es abismo mi alma y huracán mi deseo;
que sorbo el infinito y quiero todavía... 

Pero ¿qué voy a hacer, si estoy atado al potro
en que, ganado el premio, siempre quiero ser otro, 
y en que, dos en mí mismo triunfa uno de los dos? 

En la arena me enseña la tortuga de oro
hacia dónde conduce de las musas el coro 
y en dónde triunfa, augusta, la voluntad de Dios.

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Rubén Darío

lunes, 13 de febrero de 2017

AMA TU RITMO... de Rubén Darío

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Ama tu ritmo y ritma tus acciones 
bajo su ley, así como tus versos; 
eres un universo de universos 
y tu alma una fuente de canciones.

La celeste unidad que presupones 
hará brotar en ti mundos diversos, 
y al resonar tus números dispersos 
pitagoriza en tus constelaciones.

Escucha la retórica divina 
del pájaro, del aire y la nocturna 
irradiación geométrica adivina;
mata la indiferencia taciturna
y engarza perla y perla cristalina 
en donde la verdad vuelca su urna.

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Rubén Darío

domingo, 12 de febrero de 2017

El Poeta a las Musas - Ruben Darío

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Tengo que preguntaros ¡oh divinas
Musas! si el plectro humilde que meneo
mejor produzca los marciales himnos,
y dé armonía al cántico guerrero,

o de Natura los preciados dones
ensalce al son de cadenciosos versos,
o en églogas armónicas repita
de Títiro el cantar y Melibeo.

Decidme, sacras Musas, si el conturno
trágico calce de grandioso fuego
henchido el corazón;o si la trompa
que puede producir los cantos épicos

empuñe osado; o si la ebúrnea lira
vagos intenten dominar mis dedos
para cuajar el aire de armonías
dulces como las mieles del Himeto.

Yo ansío la corona que la Fama
brinda a los sacerdotes de lo bello,
y corro en busca del divino lauro,
verde siempre al fulgor apolíneo,

En su loco afanar la mente mía
alza a la altura el atrevido vuelo,
y se embebe en la luz de lo infinito
al admirar a los pasados genios.

Rudo en mi oído escucho resonante
el hexámetro rígido de Homero
y el son melifluo de la flauta de oro
que inventa Pan dentro de los bosques griegos.

Siglos pasados, extendiendo el Arte
su eterna luz y su poder excelso,
materia de inmortales concepciones
e instrumentos y voz al vate dieron.

Batió el Pegaso el ala voladora,
irguió la crin y del Olimpo heleno
hirió la cumbre con el leve casco;
y el poeta preludió su hosanna eterno
.

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El padre Apolo derramó su gracia,
el padre Apolo del talante regio,
aquel del verso rítmico y sonante
que llenaba el abismo de los cielos.

Y fue el pota de laurel ceñido
del rubio Dios en los alegres juegos,
e infinita cadencia inagotable
brotada de sus labios entreabiertos.

Pero este siglo, Musas, tan extraño
del arte universal a los portentos
¿a quién no infunde temerosa idea
por más que lleve ardores en el pecho?

¿Qué ley ha de seguir el que el vibrante
bordón del arpa pulsa, y el soberbio
cantar pretende a las sonoras alas
confiar ansioso, de los vagos vientos?

Cruje la inmensa fábrica y retumba
incesante golpear de broncos hierros;
y tal parece que martilla el yunque,
gobernador del mundo, Polifemo.

Decidme si he de alzar voces altivas
ensalzando el espíritu moderno;
o si, echando al olvido estas edades,
me abandone a merced de los recuerdos.

Porque es más de mi agrado el engolfarme
en mis tranquilos clásicos recreos,
en pasadas memorias, y en delicias
que me suelen traer días pretéritos.

Ya no se oye de Eschylo la palabra
vibradora y terrible como el trueno,
ni repite rapsodio vagabundo
las rudas notas del mendigo Homero.

Calló el rabel de Teócrito apacible
que amor cantó de rústico monteros,
rodaron las estatuas de los pórticos
y enmudeció el oráculo de Delfos.

Hoy el rayo de Júpiter Olímpico
es esclavo de Franklin y de Edison;
ya nada queda del flamante tirso,
y el ruin Champagne sucedió al Falerno.

Las abejas del Ática libaron
flores sagradas de divinos pétalos,
alimentadas con la savia pura
que a raudales brotó de virgen suelo.

Se congregaron los poetas todos,
y fijos en el lauro de Menermo,
pulsaban los alambres de las cítaras
inventando dulcísimos conciertos.

Y así reinaba el Arte poderoso,
de par en par las puertas de su templo,
y bajo un cielo azul iban errantes
las balsámicas brisas del Egeo.

Todo acabó. Decidme, sacras Musas,
¿cómo cantar en este aciago tiempo
en que hasta los humanos orgullosos
pretenden arrojar a Dios del cielo?


[Managua, 1884]

Rubén Darío