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Cartas de los Mahatmas-fragmentos

Uno de  los  Maestros  dijo  que,  en  el  mundo  de  hoy,  donde  se  encuentran  tan  pocos  que  tengan   deseos   desinteresados  p...

domingo, 17 de junio de 2018

PLANOS DE CONCIENCIA


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Tala:  un  cambio  para  mejorar.  Este  «mejor»  es  desde  el  punto  de  vista  de  la  materia,  en  que  más  materia  entra  en  ella,  es  decir,  la  materia  se  vuelve  más  diferenciada.  Este  es  un  término  oculto  antiguo. Su-Tala:  buen  lugar,  excelente. 

Kara-Tala:  algo  que  puede  ser  captado  o  que  haya  tocado  (de  Kara,  una  mano):  es  decir,  el  estado  en  el  que  la  materia  se  hace  tangible. Rasa-Tala:  el  lugar  de  los  gustos:  un  lugar  que  puede  ser  percibido  por  uno  de  los  órganos  de  los  sentidos. Maha-Tala:  lugar  exotéricamente,  muy  bueno.  Pero  esotéricamente,  un  lugar  como  todos  los  demás,  subjetivamente,  y,  potencialmente,  incluyendo  todo  lo  que  precede. Pa-Tala:  algo  bajo  los  pies  (de  Pada,  un  pie).  El  upadhi,  o  base,  de  nada.  Las  antípodas,  América,  etc. Tomando  esta  clasificación  Vedanta,  y  siguiendo  sus  correspondencias  en  los  Estados  de  la  Conciencia,  tenemos  lo  siguiente: 

Atala:  El  estado  Âtmico  o  lugar  Áurico.  Se  irradia  directamente  de  la  manifestación  periódica  de  lo  ABSOLUTO,  y  es  la  primera  cosa  en  el  Universo.  Su  correspondencia  en  el  Kosmos  es  la  jerarquía  de  los  no  sustanciales,  seres  primordiales,  no  es  un  lugar  sino  un  Estado.  Esta  Jerarquía  contiene  en  el  plano  primordial,  todo  lo  que  era,  es  y  será,  desde  el  principio  hasta  el  final  del  Mahâmanvantara;  todo  está  allí.  Esta  afirmación  no  debe,  sin  embargo,  interpretarse  en  el  sentido  de  fatalidad,  kismet:  este  último  es  contrario  a  todas  las  enseñanzas  del  Ocultismo.  Aquí  están  las  Jerarquías  de  los  Dhyani-Buddhas.  Su  estado  es  el  de  Pará-samâdhi,  del  Dharmakâya,  un  estado  donde  no  hay  progreso  posible.  Las  entidades  puede  decirse  que  se  cristalizaron  en  pureza,  y  en  homogeneidad. 
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Vitala:  Aquí  están  las  Jerarquías  de  los  Buddhas  celestiales,  o  Bodhisattvas,  que  se  dice  emanan  de  los  siete  Dhyâni-Buddhas.  Se  relaciona  con  el  Samâdhi  en  la  tierra,  y  la  conciencia  Búddhica  en  el  hombre.  Ningún  Adepto  puede  ser  superior  a  esto  en  vida:  si  se  pasa  al  Âtmico  o  Estado  Dharmakaya  (Âlaya)  no  puede  regresar  más  a  la  tierra.  Estos  dos  estados  son  puramente  híper-metafísicos. 

Sutala:  Un  estado  diferenciado  que  se  corresponde  en  la  tierra  con  el  Manas  Superior,  y  por  tanto  con  Sabda  (Sonido),  el  Logos,  nuestro  Ego  Superior.  Y  también  para  el  estado  Mânushya-Buda,  como  el  de  Gautama  en  la  tierra.  Esta  es  la  tercera  etapa  de  Samâdhi  (que  es  septenaria).  Aquí  pertenecen  las  Jerarquías  de  los  Kumaras  –los  Agnishwâttas,  etc.  

Karatala: Un  estado  que  se  corresponde  con  Sparúa  (tacto)  y  las  Jerarquías  de  etéreos  semi-objetivos  Dhyâni  Chohans  de  la  naturaleza  astral  del  Mânasa-Manas  –o  el  rayo  puro  de  Manas,  es  decir,  del  Manas  inferior  antes  de  mezclarse  con  Kama  (como  en  el  niño  pequeño).  Se  les  llama  Sparsa-Devas,  los  Devas  dotados  de  tacto.  (Estas  Jerarquías  son  progresivas,  la  primera  tiene  un  sentido,  la  segundo  dos,  y  así  sucesivamente  hasta  siete,  cada  uno  conteniendo  todos  los  sentidos  potencialmente  pero  no  desarrollados.  Sparsa  está  dotado  por  afinidad,  de  contacto). 

Rasâtala  o  Rûpatala  -.  (Rasâtala  es  un  velo  dentro  de  un  velo,  para  Rasa,  el  gusto,  pertenece  a  la  siguiente  Tala).  Este  estado  corresponde  a  las  jerarquías  de  Rûpa  o  Devas  de  la  Vista,  en  posesión  de  tres  sentidos:  vista,  oído  y  tacto.  Se  trata  de  entidades  Kâma-Mânásicas,  y  los  más  elevados  Elementales.  Como  las  Sílfides  y  Ondinas  de  los  Rosacruces.  Corresponde  a  la  Tierra  como  en  un  estado  artificial  de  la  conciencia,  como  la  producida  por  el  hipnotismo  y  las  drogas  (morfina,  etc.) 
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Mahâtala: El  estado  que  corresponde  a  las  Jerarquías  de  los  Devas  Rasa  o  del  gusto,  y  que  incluye  un  estado  de  conciencia  que  abarca  los  cinco  sentidos  inferiores  y  las  emanaciones  de  la  vida  y  del  ser.  Corresponde  a  Kâma  y  Prâna  en  el  hombre,  a  las  Salamandras  y  Gnomos  en  la  naturaleza

Pâtâla  -.  El  estado  que  corresponde  a  las  Jerarquías  de  Gandha  (olor)  Devas.  El  inframundo  o  antípodas;  Myalba:  La  esfera  de  los  animales  irracionales,  que  no  tiene  sentido  salvo  el  de  la  auto-preservación  y  la  gratificación  de  los  sentidos,  también  de  los  seres  humanos  intensamente  egoístas,  despiertos  o  dormidos.  Esta  es  la  razón  por  Nârada  se  dice  que  visitó  Pâtâla  cuando  fue  condenado  a  renacer.  Informó  que  la  vida  allí  era  muy  agradable  para  aquellos  «que  nunca  habían  salido  de  su  lugar  de  nacimiento»,  que  eran  muy  felices.  Es  el  estado  terrenal,  y  se  corresponde  con  el  sentido  del  olfato.  Aquí  todos  son  dugpas  animales,  elementales  de  animales  y  espíritus  de  la  naturaleza.



H.P. BLAVATSKY
Collected  Writings  Vol.  XIIVi-

viernes, 15 de junio de 2018

El Gran Inquisidor -Dostoyesvski



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Han pasado ya quince siglos desde que Cristo dijo: “No tardaré en volver. El día y la hora, nadie, ni el propio Hijo, las sabe”. Tales fueron sus palabras al desparecer, y la Humanidad le espera siempre con la misma fe, o acaso con fe más ardiente aún que hace quince siglos. Pero el Diablo no duerme; la duda comienza a corromper a la Humanidad, a deslizarse en la tradición de los milagros. En el Norte de Germania ha nacido una herejía terrible que, precisamente, niega los milagros. Los fieles, sin embargo, creen con más fe en ellos. Se espera a Cristo, se quiere sufrir y morir como Él… Y he aquí que la Humanidad ha rogado tanto por espacio de tantos siglos, ha gritado tanto “¡Señor, dignáos, aparecérosnos!”, que Él ha querido, en su misericordia inagotable, bajar a la tierra.
Y he aquí que ha querido mostrarse, al menos un instante, a la multitud desgraciada, al pueblo sumido en el pecado, pero que le ama con amor de niño. El lugar de la acción es Sevilla; la época, la de la Inquisición, la de los cotidianos soberbios autos de fe, de terribles heresiarcas, ad majorem Dei gloriam.
No se trata de la venida prometida para la consumación de los siglos, de la aparición súbita de Cristo en todo el brillo de su gloria y su divinidad, “como un relámpago que brilla del Ocaso al Oriente”. No, hoy sólo ha querido hacerles a sus hijos una visita, y ha escogido el lugar y la hora en que llamean las hogueras. Ha vuelto a tomar la forma humana que revistió, hace quince siglos, por espacio de treinta años.
Aparece entre las cenizas de las hogueras, donde la víspera, el cardenal gran inquisidor, en presencia del rey, los magnates, los caballeros, los altos dignatarios de la Iglesia, las más encantadoras damas de la corte, el pueblo en masa, quemó a cien herejes. Cristo avanza hacia la multitud, callado, modesto, sin tratar de llamar la atención, pero todos le reconocen.
El pueblo, impelido por un irresistible impulso, se agolpa a su paso y le sigue. Él, lento, una sonrisa de piedad en los labios, continúa avanzando. El amor abrasa su alma; de sus ojos fluyen la Luz, la Ciencia, la Fuerza, en rayos ardientes, que inflaman de amor a los hombres. Él les tiende los brazos, les bendice. De Él, de sus ropas, emana una virtud curativa. Un viejo, ciego de nacimiento, sale a su encuentro y grita: “¡Señor, cúrame para que pueda verte!” Una escama se desprende de sus ojos, y ve. El pueblo derrama lágrimas de alegría y besa la tierra que Él pisa. Los niños tiran flores a sus pies y cantan Hosanna, y el pueblo exclama: “¡Es Él! ¡Tiene que ser Él! ¡No puede ser otro que Él!”
Cristo se detiene en el atrio de la catedral. Se oyen lamentos; unos jóvenes llevan en hombros a un pequeño ataúd blanco, abierto, en el que reposa, sobre flores, el cuerpo de una niña de diecisiete años, hija de un personaje de la ciudad.
-¡Él resucitará a tu hija! -le grita el pueblo a la desconsolada madre.
El sacerdote que ha salido a recibir el ataúd mira, con asombro, al desconocido y frunce el ceño.
Pero la madre profiere:
-¡Si eres Tú, resucita a mi hija!
Y se posterna ante Él. Se detiene el cortejo, los jóvenes dejan el ataúd sobre las losas. Él lo contempla, compasivo, y de nuevo pronuncia el Talipha kumi (Levántate, muchacha).
La muerta se incorpora, abre los ojos, se sonríe, mira sorprendida en torno suyo, sin soltar el ramo de rosas blancas que su madre había colocado entre sus manos. El pueblo, lleno de estupor, clama, llora.
En el mismo momento en que se detiene el cortejo, aparece en la plaza el cardenal gran inquisidor. Es un viejo de noventa años, alto, erguido, de una ascética delgadez. En sus ojos hundidos fulgura una llama que los años no han apagado. Ahora no luce los aparatosos ropajes de la víspera; el magnífico traje con que asistió a la cremación de los enemigos de la Iglesia ha sido reemplazado por un tosco hábito de fraile.
Sus siniestros colaboradores y los esbirros del Santo Oficio le siguen a respetuosa distancia. El cortejo fúnebre detenido, la muchedumbre agolpada ante la catedral le inquietan, y espía desde lejos. Lo ve todo: el ataúd a los pies del desconocido, la resurrección de la muerta… Sus espesas cejas blancas se fruncen, se aviva, fatídico, el brillo de sus ojos.
-¡Prendedle! -les ordena a sus esbirros, señalando a Cristo.
Y es tal su poder, tal la medrosa sumisión del pueblo ante él, que la multitud se aparta, al punto, silenciosa, y los esbirros prenden a Cristo y se lo llevan. Como un solo hombre, el pueblo se inclina al paso del anciano y recibe su bendición.
Los esbirros conducen al preso a la cárcel del Santo Oficio y le encierran en una angosta y oscura celda.
Muere el día, y una noche de luna, una noche española, cálida y olorosa a limoneros y laureles, le sucede.
De pronto, en las tinieblas, se abre la férrea puerta del calabozo y penetra el gran inquisidor en persona solo, alumbrándose con una linterna. La puerta se cierra tras él. El anciano se detiene a pocos pasos de umbral y, sin hablar palabra, contempla, durante cerca de dos minutos, al preso. Luego, avanza lentamente, deja la linterna sobre la mesa y pregunta:
-¿Eres Tú, en efecto?
Pero, sin esperar la respuesta, prosigue:
-No hables, calla. ¿Qué podrías decirme? Demasiado lo sé. No tienes derecho a añadir ni una sola palabra a lo que ya dijiste. ¿Por qué has venido a molestarnos?… Bien sabes que tu venida es inoportuna. Mas yo te aseguro que mañana mismo… No quiero saber si eres Él o sólo su apariencia; sea quien seas, mañana te condenaré; perecerás en la hoguera como el peor de los herejes. Verás cómo ese mismo pueblo que esta tarde te besaba los pies, se apresura, a una señal mía, a echar leña al fuego. Quizá nada de esto te sorprenda…
Y el anciano, mudo y pensativo, sigue mirando al preso, acechando la expresión de su rostro, serena y suave.
-El Espíritu terrible e inteligente -añade, tras una larga pausa-, el Espíritu de la negación y de la nada, te habló en el desierto, y la Escrituras atestiguan que te “tentó”. No puede concebirse nada más profundo que lo que se te dijo e aquellas tres preguntas o, para emplear el lenguaje de la Escritura, en aquellas tres “tentaciones”. ¡Si ha habido algún milagro auténtico, evidente, ha sido el de las tres tentaciones! ¡El hecho de que tales preguntas hayan podido brotar de unos labios, es ya, por sí solo, un milagro! Supongamos que hubieran sido borradas del libro, que hubiera que inventarlas, que forjárselas de nuevo. Supongamos que, con ese objeto, se reuniesen todos los sabios de la tierra, los hombres de Estado, los príncipes de la Iglesia, los filósofos, los poetas, y que se les dijese: “Inventad tres preguntas que no sólo correspondan a la grandeza del momento, sino que contengan, en su triple interrogación, toda la historia de la Humanidad futura”, ¿crees que esa asamblea de todas las grandes inteligencias terrestres podría forjarse algo tan alto, tan formidable como las tres preguntas del inteligente y poderoso Espíritu? Esas tres preguntas, por sí solas, demuestran que quien te habló aquel día no era un espíritu humano, contingente, sino el Espíritu Eterno, Absoluto. Toda la historia ulterior de la Humanidad está predicha y condensada en ellas; son las tres formas en que se concretan todas las contradicciones de la historia de nuestra especie. Esto, entonces, aún no era evidente, el porvenir era aún desconocido; pero han pasado quince siglos y vemos que todo estaba previsto en la Triple Interrogación, que es nuestra historia.¿Quién tenía razón, di? ¿Tú o quien te interrogó?…
Si no el texto, el sentido de la primera pregunta es el siguiente: “Quieres presentarte al mundo con las manos vacías, anunciándoles a los hombres una libertad que su tontería y su maldad naturales no les permiten comprender, una liberad espantosa, ¡pues para el hombre y para la sociedad no ha habido nunca nada tan espantoso como la libertad!, cuando, si convirtieses en panes todas esas piedras peladas esparcidas ante tu vista, verías a la Humanidad correr, en pos de ti, como un rebaño, agradecida, sumisa, temerosa tan sólo de que tu mano depusiera su ademán taumatúrgico y los panes se tornasen piedras.” Pero tú no quisiste privar al hombre de su libertad y repeliste la tentación; te horrorizaba la idea de comprar con panes la obediencia de la Humanidad, y contestaste que “no sólo de pan vive el hombre”, sin saber que el espíritu de la tierra, reclamando el pan de la tierra, había de alzarse contra ti, combatirte y vencerte, y que todos le seguirían, gritando: “¡Nos ha dado el fuego del cielo!” Pasarán siglos y la Humanidad proclamará, por boca de sus sabios, que no hay crímenes y, por consiguiente, no hay pecado; que sólo hay hambrientos. “Dales pan si quieres que sean virtuosos.” Esa será la divisa de los que se alzarán contra ti, el lema que inscribirán en su bandera; y tu templo será derribado y, en su lugar, se erigirá una nueva Torre de Babel, no más firme que la primera, el esfuerzo de cuya erección y mil años de sufrimientos podías haberles ahorrado a los hombres. Pues volverán a nosotros, al cabo de mil años de trabajo y dolor, y nos buscarán en los subterráneos, en las catacumbas donde estaremos escondidos -huyendo aún de la persecución, del martirio-, para gritarnos: “¡Pan! ¡Los que nos habían prometido el fuego del cielo no nos lo han dado!” Y nosotros acabaremos su Babel, dándoles pan, lo único de que tendrán necesidad. Y se lo daremos en tu nombre. Sabemos mentir. Sin nosotros, se morirían de hambre. Su ciencia no les mantendría. Mientras gocen de libertad les faltará el pan; pero acabarán por poner su libertad a nuestros pies, clamando: “¡Cadenas y pan!” Comprenderán que la libertad no es compatible con una justa repartición del pan terrestre entre todos los hombres, dado que nunca -¡nunca!- sabrán repartírselo. Se convencerán también de que son indignos de la libertad; débiles, viciosos, necios, indómitos. Tú les prometiste el pan del cielo. ¿Crees que puede ofrecerse ese pan, en vez del de la tierra, siendo la raza humana lo vil, lo incorregiblemente vil que es? Con tu pan del cielo podrás atraer y seducir a miles de almas, a docenas de miles, pero ¿y los millones y las decenas de millones no bastante fuertes para preferir el pan del cielo al pan de la tierra? ¿Acaso eres tan sólo el Dios de los grandes? Los demás, esos granos de arena del mar; los demás, que son débiles, pero que te aman, ¿no son a tus ojos sino viles instrumentos en manos de los grandes?… Nosotros amamos a esos pobres seres, que acabarán, a pesar de su condición viciosa y rebelde, por dejarse dominar. Nos admirarán, seremos sus dioses, una vez sobre nuestros hombros la carga de su libertad, una vez que hayamos aceptado el cetro que -¡tanto será el miedo que la libertad acabará por inspirarles!- nos ofrecerán. Y reinaremos en tu nombre, sin dejarte acercar a nosotros. Esta impostura, esta necesaria mentira, constituirá nuestra cruz.
Como ves, la primera de la tres preguntas encerraba el secreto del mundo. ¡Y tú la desdeñaste! Ponías la libertad por encima de todo, cuando, si hubieras consentido en tornar panes las piedras del desierto, hubieras satisfecho el eterno y unánime deseo de la Humanidad; le hubieras dado un amo. El más vivo afán del hombre libre es encontrar un ser ante quien inclinarse. Pero quiere inclinarse ante una fuerza incontestable, que pueda reunir a todos los hombres en una comunión de respeto; quiere que el objeto de su culto lo sea de un culto universal; quiere una religión común. Y esa necesidad de la comunidad en la adoración es, desde el principio de los siglos, el mayor tormento individual y colectivo del género humano. Por realizar esa quimera, los hombres se exterminan. Cada pueblo se ha creado un dios y le ha dicho a su vecino: “¡Adora a mi dios o te mato!” Y así ocurrirá hasta el fin del mundo; los dioses podrán desaparecer de la tierra, mas la Humanidad hará de nuevo por los ídolos lo que ha hecho por los dioses. Tú no ignorabas ese secreto fundamental de la naturaleza humana y, no obstante, rechazaste la única bandera que te hubiera asegurado la sumisión de todos los hombres: la bandera del pan terrestre; la rechazaste en nombre del pan celestial y de la libertad, y en nombre de la libertad seguiste obrando hasta tu muerte. No hay, te repito, un afán más vivo en el hombre que encontrar en quien delegar la libertad de que nace dotada tan miserable criatura. Sin embargo, para obtener la ofrenda de la libertad de los hombres, hay que darles la paz de la conciencia. El hombre se hubiera inclinado ante ti si le hubieras dado pan, porque el pan es una cosa incontestable; pero si, al mismo tiempo, otro se hubiera adueñado de la conciencia humana, el hombre hubiera dejado tu pan para seguirle. En eso, tenías razón; el secreto de la existencia humana consiste en la razón, en el motivo de la vida. Si el hombre no acierta a explicarse por qué debe vivir preferirá morir a continuar esta existencia sin objeto conocido, aunque disponga de una inmensa provisión de pan. Pero ¿de qué te sirvió el conocer esa verdad? En vez de coartar la libertad humana, le quitaste diques, olvidando, sin duda, que a la libertad de elegir entre el bien y el mal el hombre prefiere la paz, aunque sea la de la muerte. Nada tan caro para el hombre como el libre albedrío, y nada, también, que le haga sufrir tanto. Y, en vez de formar tu doctrina de principios sólidos que pudieran pacificar definitivamente la conciencia humana, la formaste de cuanto hay de extraordinario, vago, conjetural, de cuanto traspasa los límites de las fuerzas del hombre, a quien, ¡tú que diste la vida por él!, diríase que no amabas. Al quitarle diques a su libertad, introdujiste en el alma humana nuevos elementos de dolor. Querías ser amado con un libre amor, libremente seguido. Abolida la dura ley antigua, el hombre debía, sin trabas, sin más guía que tu ejemplo, elegir entre el bien y el mal. ¿No se te alcanzaba que acabarías por desacatar incluso tu ejemplo y tu verdad, abrumado bajo la terrible carga de la libre elección, y que gritaría: “Si Él hubiera poseído la verdad, no hubiera dejado a sus hijos sumidos en una perplejidad tan horrible, envueltos en tales tinieblas?” Tú mismo preparaste tu ruina: no culpes a nadie. Si hubieras escuchado lo que se te proponía… Hay sobre la tierra tres únicas fuerzas capaces de someter para siempre la conciencia de esos seres débiles e indómitos -haciéndoles felices-: el milagro, el misterio y la autoridad. Y tú no quisiste valerte de ninguna. El Espíritu terrible te llevó a la almena del templo y te dijo: “¿Quieres saber si eres el Hijo de Dios? Déjate caer abajo, porque escrito está que los ángeles tomarte han en las manos.” Tú rechazaste la proposición, no te dejaste caer. Demostraste con ello el sublime orgullo de un dios; ¡pero los hombres, esos seres débiles, impotentes, no son dioses! Sabías que, sólo con intentar precipitarte, hubieras perdido la fe en tu Padre, y el gran Tentador hubiera visto, regocijadísimo, estrellarse tu cuerpo en la tierra que habías venido a salvar. Mas, dime, ¿hay muchos seres semejantes a ti? ¿Pudiste pensar un solo instante que los hombres serían capaces de comprender tu resistencia a aquella tentación? La naturaleza humana no es bastante fuerte para prescindir del milagro y contentarse con la libre elección del corazón, en esos instantes terribles en que las preguntas vitales exigen una respuesta. Sabías que tu heroico silencio sería perpetuado en los libros y resonaría en lo más remoto de los tiempos, en los más apartados rincones del mundo. Y esperabas que el hombre te imitaría y prescindiría de los milagros, como un dios, siendo así que, en su necesidad de milagros, los inventa y se inclina ante los prodigios de los magos y los encantamientos de los hechiceros, aunque sea hereje o ateo.
Cuando te dijeron, por mofa: “¡Baja de la cruz y creeremos en ti!”, no bajaste. Entonces, tampoco quisiste someter al hombre con el milagro, porque lo que deseabas de él era una creencia libre, no violentada por el prestigio de lo maravilloso; un amor espontáneo, no los transportes serviles de un esclavo aterrorizado. En esta ocasión, como en todas, obraste inspirándote en una idea del hombre demasiado elevada: ¡es esclavo, aunque haya sido creado rebelde! Han pasado quince siglos: ve y juzga. ¿A quién has elevado hasta ti? El hombre, créeme, es más débil y más vil de lo que tú pensabas. ¿Puede, acaso, hacer lo que tú hiciste? Le estimas demasiado y sientes por él demasiado poca piedad; le has exigido demasiado, tú que le amas más que a ti mismo. Debías estimarle menos y exigirle menos. Es débil y cobarde. El que hoy se subleve en todas partes contra nuestra autoridad y se enorgullezca de ello, no significa nada. Sus bravatas son hijas de una vanidad de escolar. Los hombres son siempre unos chiquillos: se sublevan contra el profesor y le echan del aula; pero la revuelta tendrá un término y les costará cara a los revoltosos. No importa que derriben templos y ensangrienten la tierra: tarde o temprano, comprenderán la inutilidad de una rebelión que no son capaces de sostener. Verterán estúpidas lágrimas; pero, al cabo, comprenderán que el que les ha creado rebeldes les ha hecho objeto de una burla y lo gritarán, desesperados. Y esta blasfemia acrecerá su miseria, pues la naturaleza humana, demasiado mezquina para soportar la blasfemia, se encarga ella misma de castigarla.
La inquietud, la duda, la desgracia: he aquí el lote de los hombres por quienes diste tu sangre. Tu profeta dice que, en su visión simbólica, vio a todos los partícipes de la primera resurrección y que eran doce mil por cada generación. Su número no es corto, si se considera que supone una naturaleza más que humana el llevar tu cruz, el vivir largos años en el desierto, alimentándose de raíces y langostas; y puedes, en verdad, enorgullecerte de esos hijos de la libertad, del libre amor, estar satisfecho del voluntario y magnífico sacrificio de sí mismos, hecho en tu nombre. Pero no olvides que se trata sólo de algunos miles y, más que de hombres, de dioses. ¿Y el resto de la Humanidad? ¿Qué culpa tienen los demás, los débiles humanos, de no poseer la fuerza sobrenatural de los fuertes? ¿Qué culpa tiene el alma feble de no poder soportar el peso de algunos dones terribles? ¿Acaso viniste tan sólo por los elegidos? Si es así, lo importante no es la libertad ni el amor, sino el misterio, el impenetrable misterio. Y nosotros tenemos derecho a predicarles a los hombres que deben someterse a él sin razonar, aun contra los dictados de su conciencia. Y eso es lo que hemos hecho. Hemos corregido tu obra; la hemos basado en el “milagro”, el “misterio” y la “autoridad”. Y los hombres se han congratulado de verse de nuevo conducidos como un rebaño y libres, por fin, del don funesto que tantos sufrimientos les ha causado. Di, ¿hemos hecho bien? ¿Se nos puede acusar de no amar a la Humanidad? ¿No somos nosotros los únicos que tenemos conciencia de su flaqueza; nosotros que, en atención a su fragilidad, la hemos autorizado hasta para pecar, con tal de que nos pida permiso? ¿Por qué callas? ¿Por qué te limitas a mirarme con tus dulces y penetrantes ojos? ¡No te amo y no quiero tu amor; prefiero tu cólera! ¿Y para qué ocultarte nada? Sé a quién le hablo. Conoces lo que voy a decirte, lo leo en tus ojos… Quizá quieras oír precisamente de mi boca nuestro secreto. Oye, pues: no estamos contigo, estamos con Él…; nuestro secreto es ése. Hace mucho tiempo -¡ocho siglos!- que no estamos contigo, sino con Él. Hace ocho siglos que recibimos de Él el don que tú, cuando te tentó por tercera vez mostrándote todos los reinos de la tierra, rechazaste indignado; nosotros aceptamos y, dueños de Roma y la espada de César, nos declaramos los amos del mundo. Sin embargo, nuestra conquista no ha acabado aún, está todavía en su etapa inicial, falta mucho para verla concluida; la tierra ha de sufrir aún durante mucho tiempo; pero nosotros conseguiremos nuestro objeto, seremos el César y, entonces, nos preocuparemos de la felicidad universal. Tú también pudiste haber tomado la espada de César; ¿por qué rechazaste tal don? Aceptándole, hubieras satisfecho todos los anhelos de los hombres sobre la tierra, les hubieras dado un amo, un depositario de su conciencia y, a la vez, un ser en torno a quien unirse, formando un inmenso hormiguero, ya que la necesidad de la unión universal es otro de los tres supremos tormentos de la Humanidad. La Humanidad siempre ha tendido a la unidad mundial. Cuanto más grandes y gloriosos, más sienten los pueblos ese anhelo. Los grandes conquistadores, los Tamerlán, los Gengis Kan que recorren la tierra como un huracán devastador, obedecen, de un modo inconsciente, a esa necesidad. Tomando la púrpura de César, hubieras fundado el imperio universal, que hubiera sido la paz del mundo. Pues, ¿quién debe reinar sobre los hombres sino el que es dueño de sus conciencias y tiene su pan en las manos?
Tomamos la espada de César y, al hacerlo, rompimos contigo y nos unimos a Él. Aún habrá siglos de libertinaje intelectual, de pedantería y de antropofagia -los hombres, luego de erigir, sin nosotros, su Torre de Babel, se entregarán a la antropofagia-; pero la bestia acabará por arrastrarse hasta nuestros pies, los lamerá y los regará con lágrimas de sangre. Y nosotros nos sentaremos sobre la bestia y levantaremos una copa en la que se leerá la palabra “Misterio”. Y entonces, sólo entonces, empezará para los hombres el reinado de la paz y de la dicha. Tú te enorgullecerás de tus elegidos, pero son una minoria: nosotros les daremos el reposo y la calma a todos. Y aun de esa minoría, aun de entre esos “fuertes” llamados a ser de los elegidos, ¡cuántos han acabado y acabarán por cansarse de esperar, cuántos han empleado y emplearán contra ti las fuerzas de su espíritu y el ardor de su corazón en uso de la libertad de que te son deudores! Nosotros les daremos a todos la felicidad, concluiremos con las revueltas y matanzas originadas por la libertad. Les convenceremos de que no serán verdaderamente libres, sino cuando nos hayan confiado su libertad. ¿Mentiremos? ¡No! Y bien sabrán ellos que no les engañamos, cansados de las dudas y de los terrores que la libertad lleva consigo. La independencia, el libre pensamiento y la ciencia llegarán a sumirles en tales tinieblas, a espantarlos con tales prodigios y exigencias, que los menos suaves y dóciles se suicidarán; otros, también indóciles, pero débiles y violentos, se asesinarán, y otros -los más-, rebaño de cobardes y de miserables, gritarán a nuestros pies: “¡Sí, tenéis razón! Sólo vosotros poseéis su secreto y volvemos a vosotros! ¡Salvadnos de nosotros mismos!”
No se les ocultará que el pan -obtenido con su propio trabajo, sin milagro alguno- que reciben de nosotros se lo tomamos antes nosotros a ellos para repartírselo, y que no convertimos las piedras en panes. Pero, en verdad, más que el pan en sí, lo que les satisfará es que nosotros se lo demos. Pues verán que, si no convertimos las piedras en panes, tampoco los panes se convierten, vuelto el hombre a nosotros, en piedras. ¡Comprenderán, al cabo, el valor de la sumisión! Y mientras no lo comprendan, padecerán. ¿Quién, dime, quién ha puesto más de su parte para que dejen de padecer? ¿Quién ha dividido el rebaño y le ha dispersado por extraviados andurriales? Las ovejas se reunirán de nuevo, el rebaño volverá a la obediencia y ya nada le dividirá ni lo dispersará. Nosotros, entonces, les daremos a los hombres una felicidad en armonía con su débil naturaleza, una felicidad compuesta de pan y humildad. Sí, les predicaremos la humildad -no, como Tú, el orgullo. Les probaremos que son débiles niños, pero que la felicidad de los niños tiene particulares encantos. Se tornarán tímidos, no nos perderán nunca de vista y se estrecharán contra nosotros como polluelos que buscan el abrigo del ala materna. Nos temerán y nos admirarán. Les enorgullecerá el pensar la energía y el genio que habremos necesitado para domar a tanto rebelde. Les asustará nuestra cólera, y sus ojos, como los de los niños y los de las mujeres, serán fuentes de lágrimas. ¡Pero con qué facilidad, a un gesto nuestro, pasarán del llanto a la risa, a la suave alegría de los niños! Les obligaremos, ¿qué duda cabe?, a trabajar; pero los organizaremos, para sus horas de ocio, una vida semejante a los juegos de los niños, mezcla de canciones, coros inocentes y danzas. Hasta les permitiremos pecar -¡su naturaleza es tan flaca! Y, como les permitiremos pecar, nos amarán con un amor sencillo, infantil. Les diremos que todo pecado cometido con nuestro permiso será perdonado, y lo haremos por amor, pues, de sus pecados, el castigo será para nosotros y el placer para ellos. Y nos adorarán como a bienhechores. Nos lo dirán todo y, según su grado de obediencia, les permitiremos o les prohibiremos vivir con sus mujeres o sus amantes y les consentiremos o no les consentiremos tener hijos. Y nos obedecerán, muy contentos. Nos someterán los más penosos secretos de su conciencia, y nosotros decidiremos en todo y por todo; y ellos acatarán, alegres, nuestras sentencias, pues les ahorrarán el cruel trabajo de elegir y de determinarse libremente.
Todos los millones de seres humanos serán así felices, salvo unos cien mil, salvo nosotros, los depositarios del secreto. Porque nosotros seremos desgraciados. Los felices se contarán por miles de millones, y habrá cien mil mártires del conocimiento, exclusivo y maldito, del bien y del mal. Morirán en paz. pronunciando tu nombre, y, más allá de la tumba, sólo verán la oscuridad de la muerte. Sin embargo, nos lo callaremos; embaucaremos a los hombres, por su bien, con la promesa de una eterna recompensa en el cielo, a sabiendas de que, si hay otro mundo, no ha sido, de seguro, creado para ellos. Se vaticina que volverás, rodeado de tus elegidos, y que vencerás; tus héroes sólo podrán envanecerse de haberse salvado a sí mismos, mientras que nosotros habremos salvado al mundo entero. Se dice que la fornicadora, sentada sobre la bestia y con la “copa del misterio” en las manos, será afrentada y que los débiles se sublevarán por vez postrera, desgarrarán su púrpura y desnudarán su cuerpo impuro. Pero yo me levantaré entonces y te mostraré los miles de millones de seres felices que no han conocido el pecado. Y nosotros que, por su bien, habremos asumido el peso de sus culpas, nos alzaremos ante ti, diciendo: “¡Júzganos, si puedes y te atreves!” No te temo. Yo también he estado en el desierto; yo también me he alimentado de langostas y raíces; yo también he bendecido la libertad que les diste a los hombres y he soñado con ser del número de los fuertes. Pero he renunciado a ese sueño, he renunciado a tu locura para sumarme al grupo de los que corrigen tu obra. He dejado a los orgullosos para acudir en socorro de los humildes. Lo que te digo se realizará; nuestro imperio será un hecho. Y te repito que mañana, a una señal mía, verás a un rebaño sumiso echar leña a la hoguera donde te haré morir, por haber venido a perturbarnos. ¿Quién más digno que Tú de la hoguera? Mañana te quemaré. Dixi.
El inquisidor calla. Espera unos instantes la respuesta del preso. Aquel silencio le turba. El preso le ha oído, sin dejar de mirarle a los ojos, con una mirada fija y dulce, decidido evidentemente a no contestar nada. El anciano hubiera querido oír de sus labios una palabra, aunque hubiera sido la más amarga, la más terrible. Y he aquí que el preso se le acerca en silencio y da un beso en sus labios exangües de nonagenario. ¡A eso se reduce su respuesta! El anciano se estremece, sus labios tiemblan; se dirige a la puerta, la abre y dice:
-¡Vete y no vuelvas nunca…, nunca!

Y le deja salir a las tinieblas de la ciudad. El preso se aleja.
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Recogido de: ciudadseva.com
Fedor Dostoyesvski

jueves, 14 de junio de 2018

EL LIBRO DE ENOCH

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El Libro  de  Enoch  se  ha  declarado  apócrifo.  Pero  ¿qué  es  un  apócrifo?. La etimología misma  de  la  palabra  muestra  que  es  sencillamente  un  libro  secreto, esto  es,  que pertenecía  al  catálogo   de   las   bibliotecas   de   los   templos   bajo    la   guarda de los Hierofantes  y  Sacerdotes  Iniciados,  y  que  no  fue  destinado  jamás  para  el  profano. Apócrifo viene del verbo crypto (crúptw)“ocultar”.  Durante  edades  el  Enoïchion, el Libro  del  Vidente,   fue   conservado  en   la   “ciudad  de  las  letras”  y  obras  secretas,  la antigua Kirjath–sepher, más tarde Debir. Algunos  de  los  escritores  interesados  en  el  asunto  (especialmente  los  masones)  han tratado de identificar  a  Enoch  con  Thoth  de  Memfis,  el  Hermes  griego,  y  hasta con  el Mercurio  latino.    Como  individuos, todos  éstos  son  distintos  uno  de  otro; profesionalmente (si podemos emplear esta  palabra  tan  limitada  ahora  en  su  sentido), todos pertenecen  a  la  misma  categoría  de  escritores  sagrados,  de  Iniciadores  y Recopiladores  de  Sabiduría  Oculta  y  antigua. Los  que  en  el   Korán  se llaman genéricamente los  Edris,  o “Sabios”,  los  Iniciados, llevaban  en  Egipto  el  nombre  de “Thoth”, el inventor  de  las  Artes y  de  las  Ciencias, de la escritura o de  las  letras; de  la Música  y  Astronomía.  Entre los  judíos,  Edris  se  convirtió   en  “Enoch”,  el  cual,  según Bar–Hebræus, “fue el primer inventor de la escritura”, de los libros, de las  Artes  y  de  las Ciencias, y el primero que redujo a un  sistema  el  progreso  de  los  planetas.  En Grecia fue llamado Orfeo, cambiando  así de  nombre  en  cada  nación.  Estando  el  número  siete relacionado con cada uno de estos Iniciadores primitivos, así como el número  365  de los  días  del  año,  astronómicamente,  esto  identifica  la  misión,  el  carácter  y  el  cargo sagrado de todos estos hombres, aunque ciertamente  no sus  personalidades. Enoch es el séptimo Patriarca; Orfeo es el poseedor del Phorminx, la lira de siete  cuerdas,  que  es el séptuple misterio de  la  Iniciación.  Thoth, con  el  Disco  Solar  de  siete  rayos  sobre  su cabezas  viaja  en  el  Barco  Solar  (los  365  grados),  aumentando  cada  cuatro  años  un  dí a (año  bisiesto).  Finalmente,  Toth–Lunus  es  el  Dios  septenario  de   los  siete  días,  o  la semana. Esotérica y espiritualmente, Enoïchion significa el “Vidente del Ojo Abierto”. La  historia  acerca  de  Enoch,  referida por  Josefo,  a  saber: que  había  ocultado  sus preciosos Rollos  o  Libros  bajo  los  pilares  de  Mercurio  o  Seth,   es   la  misma  que  se cuenta de  Hermes, el “Padre  de  la  Sabiduría”,  que  ocultó  sus  libros  de  Sabiduría  bajo una  columna,  y  luego,  descubriendo   las   dos   columnas  de  piedra,  encontró  la  Ciencia escrita en  ellas. Sin embargo,  Josefo,  a  pesar  de  sus  constantes  esfuerzos  en  pro  de  la inmerecida glorificación de Israel,  y  aunque  atribuye  esa  Ciencia  (o  Sabiduría)  al  Enoch judío, no  Israel,  y  no  obstante,  hace  historia. Habla   él  de estas  columnas como existiendo todavía  en  su  tiempo.  Nos  dice  que  fueron construidas  por  Seth,  y  así puede  haber  sido,  aunque  ni  por  el  Patriarca  de  este  nombre  (el fabuloso  hijo  de Adán), ni  por  el  Dios  de  la  Sabiduría  egipcio  –Teth,  Set,  Thoth,  Tat,   Sat (el último Sat–an), o Hermes, los cuales son todos uno– sino por los “Hijos  del  Dios–Serpiente”, o “Hijos  del  Dragón”, nombre  bajo  el  cual  eran conocidos  los  Hierofantes  de  Egipto   y Babilonia antes del Diluvio, como lo fueron sus antepasados, los Atlantes. Lo que Josefo por  tanto  nos  dice,  exceptuando  la  aplicación que  hace  de  ello,  debe ser verdad alegóricamente. Según  su  versión,  las  dos   famosas   columnas  estaban enteramente cubiertas de jeroglíficos, los cuales, después de su  descubrimiento, fueron copiados  y  reproducidos  en  los  lugares  más  recónditos  de  los  templos secretos  de Egipto,  y  se   convirtieron así  en  la  fuente    de su  Sabiduría  y  conocimientos excepcionales. Estas  dos  “columnas”,  en  todo  caso,  son  los  prototipos  de  las  “dos tablas de piedra”, talladas por Moisés por orden del “Señor”.  De  aquí  que,  al  decir  que todos  los  grandes Adeptos  y  Místicos  de  la  antigüedad  (tales  como  Orfeo,  Hesiodo, Pitá tenga razón  en  un  sentido,  y  cometa  un error  en  otro.  La  Doctrina Secreta  nos  enseña que  las  Artes,  las  Ciencias,  la  Teología  y  especialmente  la  Filosofía  de  todas las naciones que precedieron al último Diluvio universalmente conocido, pero  no  universal, habían  sido  registradas  ideográficamente de los anales  orales  primitivos  de  la  Cuarta. Khanoch  o  Hanoch,  o  Enoch esotéricamente, significa  el  “Iniciador”  y  “Maestro”, así  como  Enos,  el Hijo del Hombre” Raza,  la  cual  los  había  heredado  de  la  primitiva  Tercera Raza–Raíz,  antes   de   la  Caída alegórica.  De  aquí,  también,  que  las  columnas  egipcias,  las  tablas,  y  hasta  la  “piedra blanca  de  pórfido  oriental ”de  la  leyenda  masónica  –la  cual  Enoch  ocultó  antes  del Diluvio en las entrañas  de  la  Tierra,  temiendo  que  los  verdaderos  y  preciosos  secretos se  perdiesen–  fuesen  simplemente  copias  más  o  menos  simbólicas  y  alegóricas  de  los Anales primitivos. 

El Libro de Enoch es una de  tales  copias; y  además,  es  un  compendio caldeo  ahora  muy  incompleto. Como  ya  se  ha  dicho,  Enoïchion significa  en  griego  el“Ojo Interno”o  el  Vidente;  en  hebreo,  con  la  ayuda  de  puntos  masotéricos,  significa  el“Iniciador” e “Instructor” (Krnc). Enoch es un  título  genérico;  y,  además,  su  leyenda  es  la de otros varios profetas, judíos y paganos, con diferencias de detalles recogidos, siendola  forma  fundamental  siempre  la  misma.  Elías  es  también  llevado  “vivo”  al  Cielo;  y  el Astrólogo  de  la  corte  de  Isdubar,  el  Hea–bani  caldeo, es  igualmente elevado  al  Cielo por el Dios Hea, que era supatrón, como Jehovah lo era de Elías, cuyo nombre  significa en hebreo  “Dios–Jah”,  Jehovah   (hyla),   y   también   de  Elihu, que tiene   el   mismo significado. Esta   clase   de   muerte   fácil,   o   eutanasia, tiene   un   sentido  esotérico. Simboliza  la  “muerte”  de  cualquier  Adepto  que  ha  alcanzado  el  poder  y  el  grado,  así como  la  purificación,  que  le  permite  “morir”  en  el  Cuerpo Físico  y  seguir  empero viviendo con vida consciente en su Cuerpo  Astral.  Las  variaciones  sobre  este  tema  no tienen fin, pero el significado secreto  es siempre  el  mismo.  La  expresión  de  Pablo de “que  él  no  vería  la  muerte” (ut non videret  mortem), tiene por tanto   un   sentido esotérico, pero  nada  de sobrenatural. La  maltrecha  interpretación  que  se  da  a  algunas alusiones bíblicas al efecto de que Enoch, “cuya edad igualará  a  la  del  mundo”  (del  año solar de  365  días),  compartirá  con  Cristo  y  el  profeta  Elías  los  honores  y  la  dicha  del último Advenimiento y de la destrucción del Anticristo significa, esotéricamente, que algunos de los Grandes Adeptos volverán en la  Séptima  Raza,  cuando  todo  error haya sido  desvanecido,  y  el  advenimiento  de  la  VERDAD sea   proclamado   por   aquellos Shishta, los santos “Hijos de la Luz”. La Iglesia latina no es siempre lógica, ni prudente. Declara apócrifo el Libro  de  Enoch,  y ha  ido  hasta  pretender  por  medio  del  Cardenal  Cayetano  y  otras  lumbreras  de  la Iglesia, la repudiación del Canon del mismo Libro de Judas, quien, por otra  parte,  como apóstol inspirado, hace  citas  del  Libro  de  Enoch,  que  se  considera  como  una  obra apócrifa, santificándolo  de  este  modo. Afortunadamente,  algunos  de  los  dogmáticos percibieron  el  peligro  a  tiempo. Si  hubiesen  aceptado  la  decisión  de  Cayetano,  se hubieran visto obligados a  rechazar también el Cuarto Evangelio; pues  San  Juan  toma literalmente de Enoch toda una sentencia, que pone en boca de Jesús Ludolf,   el   “padre   de   la   literatura   etíope”,  encargado   de  investigar   los   diversos manuscritos Enochianos presentados  por  Pereisc,  el  viajero,  a  la  biblioteca Mazarine declaró que ¡”entre los abisinios no podía haber ningún Libro  de  Enoch”! Investigaciones y    descubrimientos    posteriores    echaron    por    tierra    esta    afirmación demasiado dogmática, como  todos  saben.  Bruce  y   Ruppel  encontraron  el  Libro de  Enoch en Abisinia, y lo que es más, lo trajeron a Europa unos años después, y  el  obispo  Laurence lo  tradujo.  Pero  Bruce  despreciaba  su  contenido  y  se  burlaba  de  él;  como  hicieron todos los demás hombres de ciencia. Declaró él que era una obra gnóstica referente a  la Época de los Gigantes que  devoraban  hombres  y  que  tenía  una  gran semejanza  con  el Apocalipsis . ¡Los Gigantes! ¡Otro cuento de hadas! Pero  no  fue  ésta,  sin embargo,  la  opinión  de  todos  los  mejores críticos. El  doctor Hanneberg coloca  al  Libro  de  Enoch  en el mismo  lugar  que  el  Libro Tercero  de  los Macabeos, a la cabeza de la  lista de aquellos cuya  autoridad  se  halla  más  cerca  a  la  de las obras canónicas. Verdaderamente, “¡cuando los doctores no están de acuerdo...!” Como  de  costumbre,  sin embargo,  todos  tienen razón  y  todos   se  equivocan.   El aceptar a Enoch como un carácter bíblico, como una persona sola viva, es lo  mismo  que aceptar  a  Adán  como  el  primer  hombre. Enoch  fue  un  término genérico aplicado  a docenas de individuos, en todos tiempos y épocas, y en toda raza y  nación.  Esto  puede inferirse fácilmente del  hecho  de  que  los  antiguos  talmudistas  y  los  maestros   de Midrashismo  no  están  generalmente  de  acuerdo  en  sus  opiniones sobre Hanokh,  el Hijo de Yered. Algunos dicen que  Enoch  fue  un  gran Santo,  amado  de  Dios  y  “llevado vivo  al  cielo”, esto  es,  que  alcanzó  Mukti  o  el  Nirvâna  en  la  Tierra,  como  lo  hizo Buddha  y  lo  hacen  otros  aún;  y  otros  sostienen que  fue  un  brujo,   un  mago  malvado. Esto  muestra  que  “Enoch”, o  su  equivalente,  era  un  término,  aun  en  los  días  de  los últimos talmudistas, que significaba “Vidente”,  “Adepto  de  la  Sabiduría  Secreta”,  etc., sin ninguna especificación del carácter del portador del título. Josefo, hablando  de  Elíasy de Enoch observa que: Está escrito en los libros sagrados que desaparecieron ellos [Elías  y  Enoch], pero  de  modo que nadie sabía que hubieran muerto.  Lo cual significa sencillamente que habían muerto en sus  personalidades;   como mueren los Yogis hasta hoy en la India, y aun algunos monjes cristianos para  el  mundo. Desaparecieron ellos de la vista de los hombres y murieron (en el plano  terrestre)  hasta para  sí  mismos.  Esto  parece  un  modo   figurado   de  hablar,   pero,   sin embargo,   es literalmente verdad. “Hanokh  comunicó  a  Noé   la ciencia del cálculo (astronómico)  y  del  cómputode    las    estaciones”,  dice    el Pirkah de Midrash, atribuyendo R. Eliezar a Enoch lo que otros atribuyeron a Hermes Trismegisto; pues  los dos  son idénticos  en su sentido esotérico.  En este caso “Hanokh” y su  “Sabiduría” pertenecen al  ciclo  de la Cuarta  Raza  Atlante,  y  Noé  al de la Quinta.  En  este sentido  ambos  representan Razas  Raíces:  la  presente  y   la que   le  precedió. En otro sentido, Enoch   desapareció,“se  fue  con  Dios,  y  no  existió más  porque   Dios  se  lo  llevó”; refiriéndose la alegoría a la  desaparición  del  Conocimiento  Sagrado  y  Secreto  de  entre los hombres; pues “Dios” (o Java–Aleim, los altos Hierofantes,  los  jefes  de  los Colegios de  Sacerdotes  Iniciados) se  lo  llevaron  consigo;  en  otras  palabras, los  Enoch  o  los Enoïchions,  los  Videntes  y  su  Conocimiento  y  Sabiduría, confináronse estrictamente  a los Colegios Secretos de los Profetas, para los judíos, y a los Templos para los gentiles.  El Zohar dice: “Hanokh tenía un libro que era uno con  el Libro  de  las  Generaciones  de  Adán; éste  es  el Misterio de la Sabiduría”. Noé  es  heredero  de  la  sabiduría  de  Enoch;  en  otras  palabras,  la  Raza  Quinta  es  la  heredera  de  la Cuarta.  Enoch, interpretado con sólo la ayuda de la clave simbólica, es el tipo de  la  naturaleza doble del hombre, espiritual y física. "


fragmento de DOCTRINA SECRETA
H.P. BLAVATSKY

martes, 29 de mayo de 2018

La importancia del Polvo meteórico





No   conocemos   ningún   fenómeno  de  la  naturaleza  que  sea  del  todo  independiente  del  magnetismo o de la electricidad, pues allí donde hay movimiento, calor, roce y luz, el magnetismo y su alter ego (en nuestra humilde opinión) electricidad aparecerán ya como causa, ya como efecto, o  como  ambos  a  la  vez,  si  indagamos  el  origen  del  fenómeno.  Todos  los  fenómenos  de  las  corrientes  de  la  tierra,  magnetismo  terrestre y electricidad atmosférica, provienen de que la tierra es un  conductor  electrizado  cuyo  potencial  cambia  de  continuo  a  causa de la rotación del anual recorrido de su órbita, del sucesivo enfriamiento y calentamiento del aire, de la formación de nubes, chubascos, vientos, etc. Tal vez hallaréis cuanto os digo en algún libro de texto. Pero la ciencia se negará a admitir que todos estos cambios provienen del magnetismo akásico que sin cesar engendra corrientes  eléctricas  que  propenden  a  restablecer  el  perturbado  equilibrio.  Manejando  la  más  potente  batería  eléctrica  que  se  conoce,   cual   es   el   cuerpo   humano   electrizado  por  cierto   procedimiento,  es  posible  que  cese  la  lluvia  en  determinado  paraje, haciendo "un agujero en los nubarrones", como dicen los ocultistas.  Empleando  otro  instrumento  intensamente  magnético  dentro  de,  digámoslo  así,  un  área  aislada,  se  puede  provocar  artificialmente  la  lluvia.  Siento  no  poder  explicaros  con  mayor  claridad  el  procedimiento.  Conocéis  el  efecto  que  los  vegetales  producen  en  los  nimbos  o  nubes  de  lluvia,  y  cómo  su  enérgica  índole  magnética  las  atrae  y  aun  nutre  sobre  la  copa  de  los  árboles.  Acaso  la  ciencia  explique  todo  esto  de  otro  modo.  Sin  embargo,    no    puedo    desdecirme,    porque    tal    es    nuestro    conocimiento y el fruto de milenios de observación y experiencia. 


Aun la más leve contracción muscular va siempre  acompañada  de  fenómenos  eléctricos  y  magnéticos,  y  hay  una  robusta  conexión  entre  el  magnetismo  terrestre,  los  cambios  atmosféricos  y  el  hombre,  quien  sería  el  más  exacto  barómetro viviente si supiese con acierto descifrarlo.

La  magnética  atracción  terrestre  de  polvo  meteórico  y  la  directa   influencia   de  este   polvo   en   los   bruscos   cambios   de   temperatura de frío y calor son problemas no planteados hasta el día.  Creo  que  el  doctor  Plimpson  en  1867 y  Cowper  Ranyard  en  1879 expusieron  la  teoría,  que  fue  rechazada.  Se  dudó  de  que  el  paso  de  nuestra  tierra  por  una  región  del  espacio  en  la  que  hay  más  o  menos  masas  meteóricas  tuviese  algo  que  ver  con  el  aumento  o  disminución  de  la  altura  de  nuestra  atmósfera  ni  con  el  estado  del  tiempo.  Pero  a  nosotros  nos  parece  que  nos  sería  fácil  demostrarlo;  y  puesto  que  los  cientistas  admiten  que  la  relativa  proporción  y  distribución  de  tierra  y  agua  en  nuestro  globo puede  provenir  de  la  gran  acumulación  de  polvo  meteórico  (la nieve, sobre todo la de nuestras regiones septentrionales, está llena de hierro meteórico y partículas magnéticas), y como se han encontrado depósitos de dicho polvo en el fondo de los mares, me extraña  que  todavía  no  haya  comprendido  la  ciencia  que  todos  los  cambios  y  perturbaciones  de  la  atmósfera  provienen  del  combinado  magnetismo  de  las  dos  grandes  masas  entre  las  que  está comprendida nuestra atmósfera. Llamo "masa" a este polvo meteórico  porque   realmente   lo   es.   Muy   por   lo   alto   de   la   superficie  de  la  tierra,  el  aire  está  impregnado  y  el  espacio  lleno de magnético polvo meteórico que ni siquiera pertenece a nuestro sistema   solar.   Afortunadamente   descubrió   la   ciencia   que   la  tierra, lo mismo que los demás planetas, ruedan por el espacio, y recibe mayor cantidad de polvo meteórico en el hemisferio boreal que en el austral; y así sabe la ciencia que ésta es la causa de que haya más porción continental en el hemisferio norte que en el sur y  mayor  abundancia  de  nieve  y  humedad.  Millones  de  tales  meteoros  y  aun  de  finísimas  partículas  nos  llegan  cada  año  y cada día, y todos  nuestros  cuchillos  de  templada  hoja  son  del  "celeste"  hierro  que  nos  llega  sin  haber  sufrido  cambio  alguno,  y  el  magnetismo  de  la  tierra  los  mantiene  en  cohesión.  De  continuo  añade materia gaseosa a nuestra atmósfera la incesante caída de polvo   meteórico  intensamente   magnetizado;   y   sin   embargo,   todavía  parece  problemático  si  las  condiciones  magnéticas  tienen o no algo que ver con la lluvia. No sé nada acerca de "un régimen establecido por presión, expansión, etc., debidas en primer término a la  energía  solar".  La ciencia se vale a un tiempo mucho y poco de la "energía solar" y aun del mismo sol; pero el sol no tiene nada que ver con la lluvia y muy poco con el calor.  Yo  me  figuraba  que  la  ciencia  sabía  que  los  períodos  glaciales, así como aquellos otros períodos en que la temperatura era  la  de  "la  época  carbonífera",  provenían  del  aumento  y  disminución o mejor dicho de la expansión de nuestra atmósfera, que  a  su  vez  proviene  de  la  presencia  del  polvo  meteórico."



fragmentos de Las Cartas de los Mahatmas

jueves, 24 de mayo de 2018

Buda: Modelo de todos los Adeptos


"Responderé   diciendo   primero   que   todo   espíritu   planetario  fue  un  tiempo  material  o  lo  que  vosotros  llamáis  humano.  Cuando  nuestro  excelso  Buda,  el  modelo  de  todos  los  adeptos,  el  reformador  y  codificador  del  Sistema  oculto,  alcanzó  antes  que  nadie  el  nirvana  en  la  tierra,  convirtióse  en  espíritu  planetario,  es  decir,  que  su  alma  podía  recorrer  con  plena  conciencia   los  espacios   interestelares,   y   al   propio   tiempo   continuar  en  su  original  e  individual  cuerpo  aquí  en  la  tierra.  Porque el divino Yo se había tan completamente emancipado de la  materia,  que  podía  crearse  a  voluntad  un  interno  substituto  y  dejarlo  en  la  humana  forma  durante  días,  semanas  y  a  veces  años,  sin  que  en  modo  alguno  le  afectaran  los  cambios  del  principio  vital  ni  de  la  mente  física  de  su  cuerpo.  Dicho  sea  de  paso, ésta es la superior categoría de adeptado que al hombre le cabe  esperar  en  nuestro  planeta,  aunque  es  tan  rara  como  la  de  Buda.  El  último  hobelgan  que  la  alcanzó  fue  Tsong-ka-pa  de  Rokowr  (siglo  XIV),  el  reformador  del  lamaísmo  así  esotérico  como vulgar.


Cartas de los Mahatmas-fragmento

domingo, 20 de mayo de 2018

Otros Mundos...



En el plano físico, el hombre tiene la ilusión de estar solo. Pero en los Mundos Sutiles esa ilusión  se  desvanece.  Muchas  de  las  relaciones  establecidas  a  través  de  las  edades  se  van revelando  gradualmente  a  medida  que  el  alma  humana  penetra  en  los  elevados  estratos  de los Mundos Sutiles. A través de las edades los hombres van construyendo mejores y mejores relaciones  con  otras  almas;  como  marido  y  mujer,  como  hijos,  parientes,  maestros  y profesores,  estudiantes;  como  íntimos  amigos;  como  asociados  en  asuntos  de  negocios  o como   compañeros   de   trabajo.   Ninguno  de   estos   contactos   y   relaciones   desaparece. Continúan  en  ambos  mundos.  A  veces  van  desvaneciéndose  lentamente.  A  veces  se  van fortaleciendo  con  una  nueva  provisión  de  amor,  dedicación  y  trabajo. De  esta  manera,  a través  de  las  edades,  vamos  creando  una  red  de  amigos  en  la  tierra  y  en  los  Mundos Sutiles. En la enseñanza e instrucción, la amistad es altamente recomendada, especialmente las  amistades  basadas  en  la  labor  y  el  servicio  sacrificado.  Una  gran  tarea  realizada  por  el amor a la humanidad, por el servicio a la jerarquía, construyen fuertes lazos de amistad que pueden durar eternamente. La relación entre maestro y estudiante es sagrada. Dura muchas edades  o  eternamente.  El  vínculo  creado  en  tal  relación  se  transforma  en  un  manantial  de eterna  alegría  e  inspiración. No  todas  las  amistades  perseveran.  A  veces  una  amistad  es quebrada por intereses personales, apegos escondidos, actitudes posesivas, traición, maldad, calumnia y critica destructiva. Todas las veces que una relación se destruye violentamente se crea  un  pesado  disturbio  en  la  red  de  relaciones  en  la  tierra  y  en  las  esferas  sutiles  y  se produce una reacción limitante e irritante. La Unidad es considerada sagrada, lo mismo que los  avances  de  la  vida  hacia  la  unidad  y  la  unificación.  La  desunión  va  en  contra  de  la evolución,  y  es  el  camino  de la  retrogradación,  dolor  y  sufrimiento.  La  unidad  nos  va impulsando  a  progresar  en  el  sendero  de  la  perfección. Dispersos  entre  la  tierra  y  los  Mundos   Sutiles, los   amigos   mantienen   los   hilos   de   las   relaciones.  Es inspirador y estimulante saber que aunque uno esta solo en la tierra, esta relacionado con cientos y miles de amigos esparcidos en todo el mundo y a través de los Mundos Sutiles. La soledad es una ilusión. Para cualquier tiempo dado, tenemos amigos que, o están alrededor nuestro, o están pensando  en  nosotros,  o  activamente  participando  junto  con  nosotros  en  nuestra  tarea,  ya sea  en  forma  visible  o  invisible.  Nuestra  vida  puede  brindarles  alegría  o  tristeza;  puede brindarles  inspiración  o  depresión.  Vivimos  en  su  presencia. El  cuerpo  físico  nos  da  la impresión de que tenemos un castillo privado dentro del cual nos podemos esconder o aislar. Esto  es  una  ilusión.  Todos  nuestros  amigos  en  los  Mundos  Sutiles  nos  pueden  ver  y comunicarse  con  nosotros.  Todos  nuestros  amigos  que  están  encarnados  en  diferentes partes  del  mundo,  con  diferentes  nacionalidades,  en  diferentes  razas,  colores  y  sexos  están también  con  nosotros  en  los  niveles  subjetivos  cuando  dormimos  y  nos  ponemos  en actividad en los mundos sutiles. Debido a  nuestra ignorancia e insuficiente desenvolvimiento  en  la  continuidad  de  nuestra  conciencia,  no  podemos  reconocer  este hecho  y  no  podemos  afirmar  nuestras  relaciones.  Esto  no  implica  que  tales  relaciones  no existan. Uno  de  los  logros  del  ser  humano  es  construir  buenas  relaciones  con  sólidos fundamentos  e  incrementar  el  numero  de  tales  relaciones.  Los  fundamentos  sólidos  son muy importantes. Se pueden construir entre personas que están dedicadas a lo siguiente:1-Perfeccionando y transmutando sus conciencias. 2-Sirviendo a la Humanidad Una. 3-Brindándose por la unidad, prosperidad y curación de la tierra. 4-Allanando el camino para la  exteriorización  de  la  Jerarquía  y  la  reaparición  del  Cristo. 5-Sellando  la  puerta  donde  se halla el mal. 6-Brindando Belleza, Bondad, Rectitud, Alegría y Libertad a la humanidad. 7-Construyendo  un  puente  entre  el  mundo  objetivo  y  el  subjetivo. 8-Revelando  la  Gloria Interna  en  cada  ser  humano. 9-Borrando  las  ilusiones,  apariencias  y  la  polución  en  el mundo. Las   Relaciones   construidas   sobre   tales  fundamentos duran eternamente. Las almas relacionadas por una eterna y creciente alegría y gozo avanzan en el camino de la perfección. Sus relaciones se van haciendo cada vez mas concientes y sensibles, y mientras progresan, se entregan  y  sacrifican  unas  por  otras.  Este  es  el  motivo  por  el  cual,  las  Fuerzas  de  la  Luz  se generan en todas partes, en cualquiera de los estratos de la existencia. Tal realización, quita la ilusión de soledad alojada en tu mente y abre los horizontes de una ilimitada hermandad. Lentamente  nos  vamos  dando  cuenta  que  no  estamos  solos  en  nuestros  esfuerzos,  faltas, culpas,  sucesos,  esfuerzos  y  tareas.  Muchos  visibles  e  invisibles  amigos  nos  ayudan con sus pensamientos y sus aspiraciones, esfuerzos y ayuda activa. Cuando  descubres  la  fe  y  la  confianza  en  tus  visibles  e  invisibles  amigos,  vives  como  un grupo, como un ejercito de amigos que cooperan y se ayudan en todos sus esfuerzos, labores y  servicios  basados  en  sólidos  fundamentos. Buenos  Amigos,  especialmente  en  los  planos subjetivos, no gustande participar en actividades que llevan a la fealdad, crimen, desunión, enredo y penuria. Actualmente, tu pierdes algunos de tus amigos si sigues el sendero oscuro. Por  largo  tiempo  tus  verdaderos  amigos  han  tratado  de  ayudarte,  de  empujarte  fuera  del sendero  oscuro.  Ellos  tratan  de  llevarte  hasta  tu  corazón  y  hacia  tu  mente;  y  si  tu  no  los escuchas  se  sienten  realmente  apenados  y  dolidos,  especialmente  aquellos  que  tratan  de orientarte en la dirección correcta. Al perder un buen amigo te ganas un amigo oscuro. Tu has tenido y continuas teniendo muchos "amigos" que, por diferentes razones y a través de muchas encarnaciones, te han odiado, deseado enfermedad, y creado muchos obstáculos en tu  sendero.  También  has  tenido  almas  que  han  esperado  la  oportunidad  para  atacarte. Cuando  la  desunión  es  creada  dentro  de  la  red  de  buenas  relaciones,  ellos  se  sienten extremadamente  contentos  porque  se  les  ha  dado  la  oportunidad  de  infiltrarse  en  tu  red  y toman   posesión   de   tus   amigos   para   futuros  disturbios   y   ataques.   Puedes   perder   tus verdaderos  amigos  si  tratas  de  detener  o  cortar  su  evolución  espiritual  y  guiarlos  hacia  la oscuridad,  o  si  actúas  de  la  misma  forma  contigo. Existe  una  unidad  artificial  entre  los enemigos  de  la  humanidad.  Existen  muchas  redes  entre  quienes siguen  el  camino  de  la oscuridad  y  la  destrucción.  Cada  miembro  retarda  la  evolución  del  otro,  guiándose  unos  a otros hacia una profunda oscuridad y un gran sufrimiento. Tales relaciones están basadas en intereses individuales y las conexiones de la red están debilitadas por miedo y odio. Es muy poco  saludable  estar  ligado  a  tales  redes  porque  ellos  acumulan  el  peor  karma  y  su destrucción  es  muy  dolorosa  en  la  tierra.  Y  es  todavía  más  dolorosa  en  los  Mundos Sutiles. Hay personas que llegan a la encarnación con serios problemas mentales y nerviosos y  se  convierten  en  una  carga  para  la  sociedad.  Uno  debe  tener  cuidado  de  no  ser  atrapado por  tales  redes  del  mal. Hemos  dicho  que  existen  cinco  maneras  diferentes  a  través  de  las cuales   la   humanidad   cae   en la  trampa   de   los   enemigos:  maldad,  calumnia,  traición, separatividad  y  explotación.  Las  Buenas  Relaciones  de  Amistad  se  construyen  con  hilos  y conexiones  muy  sensibles.  Existen  ciertas  cosas  que  separan  o  desunen  estas  conexiones  y generan  relaciones  dificultosas o  imposibles  por  largo  tiempo.  Las  razones  más  comunes para romper las relaciones entre amigos son:1-Critica. 2-Entrometerse en las cuestiones personales del otro. 3-Tratar de poseer a tus amigos. 4-Chismes. 5-Faltar a las promesas. 6-Robar. 7-Crear separación entre un amigo y sus  amigos. 8-Ofender  a  sus  amigos. 9-No  cumplir  con  tus  responsabilidades  hacia  el  o hacia sus amigos. 10-Usando su poder o reputación para tus propios intereses y logros. 11-Dándole pensamientos y emociones negativas. 12-Atacando su libertad y los objetos de su devoción y respeto.Existen  algunas  reglas  dadas  por  los  Ancianos  que  pueden  ser  usadas  para  sanar  estas heridas y descartarlas todas juntas. En caso de algún tipo de fisura entre tu y tu amigo:1-Nunca  chismorrees  sobre  él.  Nunca  profieras  palabras  desagradables  sobre  él. 2-Recuerda  que  la  vida  personal  y  compartida  de  los  amigos  debe  ser  salvaguardada  y  no traicionada. 3-Ofrece bendiciones hacia tus amigos. No guardes rencores en tu corazón. 4-Recuerda que un enemigo puede ser tu mejor amigo en el futuro. Un amigo perdido puede ser encontrado en los infinitos cruces de tu vida, en los momentos más críticos, y extender su mano para ayudarte. 5-Recuerda que todos los cortes en las relaciones son temporarios y nos  están  enseñando  una  lección.  Cuanto  más  rápido  aprendamos  nuestras  lecciones mayores y mejores serán nuestras redes de relaciones de amistad verdadera. Cuando  vamos  despertando  más  y  más  nuestra  conciencia  sobre  nuestra  red  de  amigos, vivimos  una  vida  basada  en  la  cooperación  subjetiva,  donde  existe  la  ayuda  mutua.  De  esta forma,  cada  miembro  en  cada  red  de  amistades  inspiran,  animan  y  ayudan  a  los  demás  a través  de  los  siglos.  Muchas  veces  los  miembros  de  estos  grupos  encarnan  juntos  y  llevan  a cabo  trabajos  de  servicio  para  la  humanidad.  Es  posible  que  ellos  quizás  no  reconozcan  sus pasadas o presentes relaciones subjetivas. De todas maneras, dedican sus esfuerzos hacia los mismos  logros  y  visiones.  La  dedicación  y  trabajo  por  las  mismas  visiones  son  sólidas pruebas de sus pasadas relaciones. Las almas avanzadas están expectantes y ansiosas observando los campos de la existencia donde a manera de un tapiz se puedan ir conformando y construyendo las líneas eléctricas de las redes de amistad. Sobre estas formaciones, ellas pueden emitir bendiciones y sabiduría dentro  de  las  almas  que  ofrecen  dedicada  amistad. En  los  elevados  mundos,  las  amistades eventualmente  se  transforman  en  una  hermandad.  Existen  muchas  hermandades  en  los diferentes   estratos   de   la   existencia.   Ellas   avanzan   hacia   la   gran   luz,  como   flores encendidas. Como   nosotros   tenemos   en   nuestra   vida   terrestre  muchas   amistades   y relaciones  que  nos  causan  problemas  y  nos  traen  complicaciones,  también  tenemos  amigos invisibles en el plano astral y amigos desconocidos por nosotros en el mundo físico que nos causan    problemas    y    complicaciones    sin    ninguna    conciencia    plan    o    intención. Afortunadamente,  el  numero  de  tales  problemáticos  amigos  decrece  a  medida  que  vamos resolviendo  nuestro  karma  (deudas  pendientes)  con  ellos.  Con  algunos  de  ellos  tenemos heridas abiertas que nos son desconocidas y maltratadas inconscientemente. Estamos ahora devolviendo  a  través  de  estas  acciones  y  actitudes. Encontramos  tales  "amigos"  en  nuestro paso  por  la  tierra  y  en  los  Mundos  Sutiles  quienes,  en  el  nombre  de  la  amistad,  crean disturbios en nuestras vidas. Es posible ponerlos en el camino de una correcta relación con nosotros.  O  quizás,  sea  necesario  posponer  nuestras  relaciones  con  tales  "amigos"  por  un largo  periodo  de  tiempo,  hasta  que  las  condiciones  sean  las  adecuadas  y  el  crecimiento  de nuestra alma nos dé la oportunidad para construir mejores relaciones. Tal clase de "amigos" no  son  tan  peligrosos  como  aquellos  que  entran  en  la  red  de  nuestros  buenos y verdaderos amigos, enmascarándose como tales. Estos son muy difíciles de descubrir en el plano físico, pero son de fácil exposición en los mundos sutiles. El problema es debido a nuestra falta de continuidad  de  conciencia,  y  a  la  falta  de  habilidad  para  utilizar,  en  el  plano  terrestre,  las revelaciones recibidas en los planos sutiles. Cuando pasamos hacia los mundos sutiles, estos "amigos"  no  nos  alcanzan  como  cuando  estamos  en  el  cuerpo  físico.  Pero  si  ellos  también pasan a los planos sutiles, también verán claramente su hipocresía y detendrán su actitud de enfrentamiento  hacia  nosotros.  Si  nosotros  no  habitamos  en  el  bajo  plano  astral,  ellos  no podrán alcanzarnos. El encarnizamiento y el rencor no van mas allá de los bajos niveles del plano astral. Si ellos también se equilibran, no continúan con sus rencores. Atraemos a estas personas por nuestro karma pasado. Odio, revancha y explotación producen tales enemigos escondidos.  Sencillez  e  inocencia  son  las  grandes  virtudes  que  karmicamente  previenen  el acercamiento  de  estas  personas. Los  enemigos  de  Los  Grandes  Iniciados  son  los  agentes  de las fuerzas oscuras. Estos no tienen nada que hacer sobre el Karma de Los Grandes Iniciados. Las fuerzas oscuras siguen los pasos de Los Grandes Iniciados vida tras vida para herirlos y si esposible  dañar  Sus  trabajos.  Pero,  afortunadamente,  todas  esas  intrigas  finalizan  con  la victoria de Los Grandes Maestros.


Torkom Saraydarian
fragmentos de OTROS MUNDOS