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LA CIVILIZACIÓN COMO ESCUELA...

" La civilización es la escuela en donde el alma aprende las lecciones que le enseña el Logos. Cuando el alma entra en el pr...

lunes, 15 de junio de 2009

LA TRANSFORMACION......




Al practicar la transformación,
no tengas miedo de fallar.
De hecho revelamos más Luz para nosotros
y el mundo cuando caemos y nos levantamos.
Si nunca caemos, nos quedamos
exactamente donde estamos.
Y aunque el tiempo nos mueva
hacia adelante físicamente,
espiritualmente avanzamos menos.
Caer puede apalear nuestra autoestima,
generando depresión o ansiedad,
que son reacciones naturales ante una situación difícil.
Pero responde siendo amable contigo mismo.

Hoy, no te tortures.De hecho, celebra los momentos en que has caído.
Cada "no" te lleva más cerca de un "sí".



Afinando la Conciencia - Khabbalab
Gracias a Rafael G. V.
 

sábado, 6 de junio de 2009

PROMETEO Y LOS ANGELES REBELDES




"Nuestros Salvadores, los Agnishvatta y otros "Hijos divinos de la Llama de la Sabiduría", personificados por los griegos en Prometeo, bien pueden quedar desconocidos y sin que se les dé las gracias, en la injusticia del corazón humano. En nuestra ignorancia de la verdad, pueden ser indirectamente maldecidos por el don de Pandora; pero verse proclamados y declarados DEMONIOS por boca del clero es un Karma demasiado pesado para "Aquel" que, cuando Zeus, "deseó ardientemente" extinguir toda la raza humana, "se atrevió él solo" a salvar a la "raza mortal" de la perdición, o, como se hace decir (en Prometeo encadenado*) al Titán que sufre:

Para que no se hundieran, arrebatados al tenebroso Hades
Por esto, terribles torturas me oprimen
Cruel sacrificio, que a lástima mueve,
Yo que a los mortales compadecí...
El coro observa muy pertinentemente
¡Gran beneficio fue el que a los mortales otorgaste!
Prometeo contesta:
Sí, y además les dí el fuego
Coro: ¿Conque el fuego llameante esos seres efímeros poseen?
Prometeo: Sí, y por él muchas artes con perfección aprenderán...*

Pero con las artes, el "fuego" recibido se ha convertido en la mayor de las maldiciones; el elemento animal y la conciencia de su posesión han cambiado el instinto periódico en animalismo y sensualidad crónica. Esto es lo que amenaza a la humanidad como pesado manto funerario. Así surge la responsabilidad del libre albedrío; las pasiones Titánicas que representan a la humanidad en su aspecto más sombrío:

la insaciabilidad constante de las pasiones inferiores que, con cínica insolencia, desafían las trabas de la ley *

Habiendo Prometeo dotado al hombre, según el Protágoras de Platón, con aquella "sabiduría que suministra el bienestar físico", y no habiendo cambiado el aspecto inferior del Manas animal (Kama), en lugar de una mente inmaculada, primer don del cielo, creóse el eterno buitre del deseo jamás satisfecho, del pesar y de la desesperación acoplado a la "debilidad soñolienta que encadena a la raza ciega de los mortales" hasta el día en que Prometeo sea puesto en libertad por su libertador, destinado por el cielo, Heracles.

El contraste es demasiado grosero y violento; el tabernáculo demasiado indigno del Dios que en él mora. Así el don de Prometeo se convirtió en una maldición, aún cuando sabida de antemano y prevista por la Hueste personificada en ese personaje. En esto se hallan fundados su pecado y su redención a la vez. Pues la Hueste que encarnó en una parte de la humanidad, aunque inducida a ella por Karma o Némesis, prefirió el libre albedrío a la esclavitud pasiva; el dolor, y hasta la tortura intelectual consciente, "durante el transcurso de miríadas de tiempos", a la beatitud instintiva, imbécil y vacía. Sabiendo que semejante encarnación era prematura y no estaba en el programa de la Naturaleza, la Hueste Celestial, "Prometeo", se sacrificó, sin embargo, para beneficiar con ello a una parte, al menos, de la humanidad. Pero al paso que salvaba al hombre de la oscuridad mental, le infligió las torturas de la propia conciencia de su responsabilidad (resultado de su libre albedrío), además de todos los males de que es heredero el hombre y la carne mortal. Esta tortura aceptóla Prometeo para sí, puesto que la Hueste se mezcló desde entonces con el tabernáculo preparado para ella, el cual era aún imperfecto en aquel período de formación.

Siendo incapaz la evolución espiritual de marchar a la par que la física, una vez rota su homogeneidad por la mezcla, el don se convirtió por ello en la causa principal, si no en el único origen del Mal.



"De ahí la alegoría de Prometeo, que roba el Fuego Divino para que los hombres prosigan conscientemente en el sendero de la Evolución Espiritual, transformando así al más perfecto de los animales de la Tierra en un Dios potencial...

Ardiendo en las fieras Llamas de sus Pasiones terrenales; la conflagración producida por su Pensamiento, distinguiendo, como lo hace ahora, el bien del mal, y sin embargo, esclavo de las pasiones de su Adán terrestre; sintiendo el buitre de la duda y de la conciencia completa, devorándole el corazón, un Prometeo verdaderamente, por ser una entidad consciente, y por tanto, responsable.


El permanece siendo en la Verdad esotérica el "Mensajero" siempre amante, el Angel, el Serafín, y el Querubín, que sabía mucho y que amaba aún más, y que nos confirió la Inmortalidad Espiritual, en lugar de la Física.


Los Devas del Fuego, los Rudras y los Kumâras, los “Ángeles Vírgenes” (a los cuales pertenecen los Arcángeles Miguel y Gabriel), los “Rebeldes” Divinos prefirieron la maldición de la encarnación y los largos ciclos de existencia terrestre y de renacimientos a contemplar la desdicha, aunque inconsciente, de los seres como Sombras que emanaron de sus Hermanos, por la energía semipasiva de sus Creadores demasiado espirituales. Si “el uso de la vida del hombre debe ser tal que ni se animalice ni se espiritualice, sino se humanice”, entonces tiene que nacer humano y no angélico.


He aquí por qué la tradición presenta a los Yogis celestes ofreciéndose víctimas voluntarias para redimir a la humanidad,
la cual fue creada a semejanza de Dios y perfecta en un principio, dotándola de aspiraciones y afectos humanos. Para hacer esto tuvieron que abandonar su estado natural, descender a nuestro Globo y habitar en él durante todo el ciclo de Mahâyuga, cambiando así sus Individualidades impersonales por Personalidades individuales -la dicha de la existencia sideral por la maldición de la vida terrestre. 
Este sacrificio voluntario de los Ángeles del Fuego, cuya naturaleza era la Sabiduría y el Amor..."



Un dios...encadenado, presa de la angustia

porque a los hombres amaba demasiado*


Por lo tanto, Prometeo, el "Dador del fuego y de la Luz", es encadenado al Monte Cáucaso y condenado a la tortura. Pero el Destino triforme (Karma) cuyos decretos como dice el Titán, hasta Zeus -

Ni aún él al destino escapar puede...*

ordena que estos sufrimientos sólo durarán hasta el día en que nazca un hijo de Zeus

Sí, un hijo más fuerte que su padre

Uno de tu propia estirpe (de Io) será*

Este "Hijo" librará a Prometeo (la humanidad que sufre) de su propio don fatal. Su nombre es "Aquel que tiene que venir".

El mito de Prometeo es verdaderamente una profecía; pero no se refiere a ninguno de los Salvadores cíclicos que han aparecido periódicamente en varios países y en diversas naciones. Se refiere al último de los misterios de las transformaciones cíclicas, en cuya serie la humanidad, habiendo pasado del estado etéreo al físico sólido, desde la procreación espiritual a la fisiológica, marcha ahora adelante, en el arco opuesto del ciclo, hacia esa segunda fase de su estado primitivo en que la mujer no conocía hombre, y la progenie humana era creada, no engendrada.


Ese estado volverá al mundo en general cuando éste descubra y aprecie realmente las verdades que yacen en el fondo de este gran problema del sexo. Será él como la "luz que nunca ha brillado ni en la tierra ni en el mar"... Esa luz conducirá a la verdadera intuición espiritual. 



Hay una Ley eterna en la Naturaleza que tiende siempre a ajustar los opuestos y a producir una armonía final.



* Prometeo encadenado de Esquilo




fragmentos de Doctrina Secreta- Helena P. Blavatsky