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martes, 10 de noviembre de 2015

La Mediumnidad: Medianeros y Médiums



"Eran mediums si entendemos por tales a cuantos cuya magnética aura sirve de medio actuante a las entidades espirituales de las esferas superiores.

La verdadera mediumnidad se educe en unos individuos espontáneamente, en otros necesita influencias extrañas que la eduzcan y en la mayoría de los casos queda en estado potencial.  El aura del individuo está en función recíproca de sus facultades mediumnímicas. Todo depende del carácter moral del médium. El aura puede ser densa, turbia y mefítica, de modo que repela a las entidades superiores para atraer únicamente a las de ínfima condición que allí se gocen como el cerdo entre inmundicias; o por el contrario puede ser sutil, diáfana, pura y reverberante como el rocío de la mañana. Estos celestiales nimbos circuían a hombres tales como Apolonio, Jámblico, Plotino y Porfirio, cuyas almas, en perfecta identidad con sus espíritus por efecto de la santidad de vida, atraían las influencias benéficas e irradiaban efluvios de bondad que repelían las malignas. No sólo se asfixiaban las entidades inferiores en el aura del taumatargo, sino en las de cuantos reciben influencia de él, sea por cercanía eventual o por voluntad deliberada. Esto es mediación y no mediumnidad. Un hombre tal no es médium, sino medianero y templo del Dios vivo; pero si la pasión o los malos pensamientos y deseos profanan el templo, se convierte el medianero en nigromántico, porque se retiran entonces las entidades puras y acuden las malignas. Sin embargo, también en este caso hay mediación y no mediumnidad, pues tanto el mago negro como el mago blanco determinan conscientemente su aura y por su propio albedrío atraen a las entidades afines.

La mediumnidad, por el contrario, es inconsciente, pues el aura del médium puede modificarse por circunstancias independientes de su voluntad, de modo que provoque, favorezca o determine manifestaciones psiquicofísicas de carácter ya benéfico, ya maligno. La mediación y la mediumnidad son tan antiguas como el hombre. La segunda es sinónima de obsesión y posesión, pues el cuerpo del médium se somete al dominio de entidades distintas del Ego inmortal.

La mediumnidad, benéfica o maléfica, es siempre pasiva, y felices; por lo tanto, los puros de corazón que gracias a su natural bondad repelen espontáneamente los espíritus malignos.

Por el fruto se conoce el árbol. En todo tiempo hubo pasivos médiums y activos medianeros.

Los medianeros fueron hombres identificados con su Yo superior, que recibían auxilio de los espíritus angélicos."




fragmentos de HELENA P. BLAVATSKY
Isis sin Velo

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