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LA CIVILIZACIÓN COMO ESCUELA...

" La civilización es la escuela en donde el alma aprende las lecciones que le enseña el Logos. Cuando el alma entra en el pr...

miércoles, 25 de noviembre de 2015

LA FUERZA INTERIOR


¿Dónde está el mal? ¿Dónde está la solución? El mal y la solución está en nosotros mismos

Todo lo que nos pasa, todas estas cosas que amenazan a nuestros hijos y a nosotros mismos, han nacido de nosotros, de nuestra propia debilidad, de nuestro propio vacío de poder interior y exterior. Ante esa circunstancia nosotros únicamente podemos reafirmarnos en nosotros mismos, en la parte más noble que tenemos, volver a reencontrar los viejos caminos arbolados que llevaban a las colinas del espíritu; volver a encontrar la fuerza fraternal que nos una más allá de las diferencias de tiempo, edad, lugar, color. Llegar a estudiar realmente y reflexionar sobre los distintos pensamientos que hay en el mundo. No dejar que nos sigan deformando la historia, conocer la historia realmente porque ella conforma nuestras raíces, pues nuestra civilización es como un árbol, y un árbol sin raíces se cae.



Necesitamos una historia profunda, que tenga dedos fuertes y que penetran a través de la tierra para buscar los escondidos manantiales del espíritu, para que pueda luego volver a florecer, para que puedan otra vez salir las hojas verdes, para que canten los pájaros , para que los jóvenes sean de nuevo jóvenes y no payasos vestidos a veces de cualquier manera.


Estamos de acuerdo en que el mundo está viejo, en que los tiempos están podridos, en que se nos ha engañado, y que tal vez nosotros también engañamos sin querer. Pero hay una cosa en la cual no estamos de acuerdo: en que podamos igualar por abajo. Todos los hombres son iguales en esencia, pero en la personalidad todos somos maravillosamente diferentes... Es cuestión de levantarnos y encontrarnos allí en la cumbre de la historia, donde brilla el Sol de un mundo nuevo, donde se puede forjar poco a poco de una manera directa y clara, la fuerza interior y exterior del hombre nuevo. Ese hombre nuevo, ese hombre limpio, ese hombre que no se podrá comprar, que concibe la vida como un ejercicio de voluntad para evolucionar hacia Dios. 


Debemos recrear en nuestro corazón esa fuerza interior natural, invisible, inexorable que pueda señalarnos dónde está lo bueno, dónde está lo malo, y no solamente señalarlo, sino que lo hagamos realidad con nuestros actos, día a día, hora a hora, instante a instante, donde vayamos y donde estemos.


Ante todo necesitamos ser nosotros mismos. No hay revolución salvo una re-evolución. Antes de aspirar al desarrollo o a la revolución debemos enfrentarnos con nosotros mismos. No hay desarrollo si no tenemos qué desarrollar. Encontrar primero qué tenemos dentro.


El mundo nuevo necesita un hombre nuevo, no se puede construir un mundo nuevo con hombres y mujeres viejos.Cuando digo viejo no me refiero al sentido exterior, sino al interior. Este mundo nuevo debemos re-crearlo de una manera bella, debemos amar la buena música, la buena pintura, la buena literatura, el buen trato, amar la buena gente, gozar de la amistad, del amor y tratar de no envilecer a nuestra juventud.


Es mi deseo, queridos amigos, que todos vosotros, de alguna manera, hayáis sentido esta noche la inquietud del hombre nuevo, que llama a la puerta de nuestro pecho cargado de poesía, belleza, de amor, de amistad y de fuerza. Ese hombre nuevo bañado en la inmortalidad, que sabe apreciar la belleza de los amaneceres, de los atardeceres, de las noches estrelladas, de la vida y de la muerte. Ese hombre nuevo es bondadoso, dulce, tierno; que no desprecia a los ancianos, que no le corta el paso a los jóvenes, que no abandona un amor por exaltar el sexo, que no abandona la concordia por exaltar la violencia. 



1980 - fragmentos de conferencias de JORGE ANGEL LIVRAGA RIZZI

martes, 10 de noviembre de 2015

La Mediumnidad: Medianeros y Médiums



"Eran mediums si entendemos por tales a cuantos cuya magnética aura sirve de medio actuante a las entidades espirituales de las esferas superiores.

La verdadera mediumnidad se educe en unos individuos espontáneamente, en otros necesita influencias extrañas que la eduzcan y en la mayoría de los casos queda en estado potencial.  El aura del individuo está en función recíproca de sus facultades mediumnímicas. Todo depende del carácter moral del médium. El aura puede ser densa, turbia y mefítica, de modo que repela a las entidades superiores para atraer únicamente a las de ínfima condición que allí se gocen como el cerdo entre inmundicias; o por el contrario puede ser sutil, diáfana, pura y reverberante como el rocío de la mañana. Estos celestiales nimbos circuían a hombres tales como Apolonio, Jámblico, Plotino y Porfirio, cuyas almas, en perfecta identidad con sus espíritus por efecto de la santidad de vida, atraían las influencias benéficas e irradiaban efluvios de bondad que repelían las malignas. No sólo se asfixiaban las entidades inferiores en el aura del taumatargo, sino en las de cuantos reciben influencia de él, sea por cercanía eventual o por voluntad deliberada. Esto es mediación y no mediumnidad. Un hombre tal no es médium, sino medianero y templo del Dios vivo; pero si la pasión o los malos pensamientos y deseos profanan el templo, se convierte el medianero en nigromántico, porque se retiran entonces las entidades puras y acuden las malignas. Sin embargo, también en este caso hay mediación y no mediumnidad, pues tanto el mago negro como el mago blanco determinan conscientemente su aura y por su propio albedrío atraen a las entidades afines.

La mediumnidad, por el contrario, es inconsciente, pues el aura del médium puede modificarse por circunstancias independientes de su voluntad, de modo que provoque, favorezca o determine manifestaciones psiquicofísicas de carácter ya benéfico, ya maligno. La mediación y la mediumnidad son tan antiguas como el hombre. La segunda es sinónima de obsesión y posesión, pues el cuerpo del médium se somete al dominio de entidades distintas del Ego inmortal.

La mediumnidad, benéfica o maléfica, es siempre pasiva, y felices; por lo tanto, los puros de corazón que gracias a su natural bondad repelen espontáneamente los espíritus malignos.

Por el fruto se conoce el árbol. En todo tiempo hubo pasivos médiums y activos medianeros.

Los medianeros fueron hombres identificados con su Yo superior, que recibían auxilio de los espíritus angélicos."




fragmentos de HELENA P. BLAVATSKY
Isis sin Velo