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lunes, 29 de junio de 2015

SOBRE LA FRATERNIDAD BLANCA UNIVERSAL - Mensaje del Maestro Peter Deunov



Si, la vida de la humanidad se desarrolla siguiendo un plan determinado; si las culturas, las religiones, las ciencias y las artes evolucionan sobre la tierra; si los hombres experimentan una aspiración eterna hacia el progreso y la perfección aquí, es debido a los Grandes Seres razonables que, con una solicitud constante, sostienen e inspiran a los seres de nuestro planeta. De su corazón rebosante de amor, brota la vida y la alegría. Su deseo es que la humanidad adquiera esta luz y esta libertad, de la que ellos disfrutan. Quieren enseñar a vivir a los hombres, según las sublimes leyes del mundo divino. Ellos llevan una vida, la más pura y la más elevada. 

En su gran abnegación y su amor desinteresado, estos servidores de la humanidad, descienden de buen grado sobre la tierra en la que a menudo toman forma humana, para ayudar a los seres en su evolución. Los mensajeros que nos manda constantemente, pueden revestir los aspectos más diversos; los santos, los grandes hombres, los genios, los científicos, los sabios, ciertos escritores, artistas y hombres de estado que contribuyen al progreso de la humanidad de una manera o de otra, son todos servidores de la Gran Fraternidad Universal. Ella elige a las almas más avanzadas y las prepara para trabajar en el desarrollo espiritual de sus hermanos. 

Recordad pues esto: la única comunidad verdadera que existe en el mundo es La Gran FRATERNIDAD UNIVERSAL. Ella dirige el progreso de la humanidad y lleva a un porvenir luminoso. Sus miembros no constituyen ninguna sociedad ni organización visible para los humanos; ellos forman una comunidad viva lejos de las condiciones corruptas a las que los hombres se ven sometidos. Es pues ridículo pretender que la sede de tal fraternidad esté aquí o allí, ¡en tal o cual país! 

Estos Grandes Maestros de la Fraternidad Universal dirigen todo el COSMOS, tras haber completado su evolución, creando nuevas oleadas que se desenvuelven en otro plano y a otro ritmo. Bajo la dirección de su poderoso (…) estas Entidades superiores, han descendido de las altas cumbres de la Creación, creadores de sistemas solares como el nuestro.


 La creación y la organización de la primera tierra cósmica (el Paraíso de antaño) son obra suya. Sobre esta tierra cósmica viven ahora todavía los antepasados perfectos, nuestros ilustres ancestros que terminaron hace mucho tiempo su ciclo de evolución. Ellos descienden todavía sobre nuestra tierra y la van a transformar en paraíso. Con ellos vendrán también las 144.000 almas que menciona la Biblia, entre las que se encuentran representantes de todos los pueblos del presente y del pasado. Los adeptos, los santos y los Maestros, con todos los que les acompañaran. Su poderosa influencia actuará en todas las almas despiertas de la tierra y, todos juntos, instaurarán una organización y un orden perfecto en el mundo. Cuando hayan terminado su obra, se retirarán y dejarán vivir a los hombres y trabajar en las nuevas condiciones. Así se restablecerá la unión entre el mundo visible y el invisible. Es así como la Gran FRATERNIDAD UNIVERSAL ha trabajado, trabaja y trabajará en el mundo. 

AL FIN DEL SIGLO, TODOS LOS SANTOS ESTARÁN SOBRE LA TIERRA, y algunos ya lo están, yo no digo en carne y hueso pero están presentes en alguna forma u otra. Y trabajan. 

LA ENSEÑANZA DE LA FRATERNIDAD BLANCA ES INMUTABLE, ESTA EDIFICADA SOBRE LA ROCA Y NO PUEDE SER DESTRUIDA. 

En los archivos de esta escuela, que datan desde la creación del mundo, están conservados todos lo hechos y los secretos, sin ninguna omisión de la historia de la antigüedad, y un día, cuando vuestra evolución lo permita, podréis llegar a conocerlos. Veréis las etapas por las que habéis pasado y comprenderéis. Todos los hechos se presentarán ante vosotros como imágenes vibrantes. Esta perspectiva os animará a trabajar para adquirir esta condición; pero no vendrá de golpe, vuestros esfuerzos os llevarán allí gradualmente. 




ULTIMAS PALABRAS PRONUNCIADAS POR EL MAESTRO PETER DEUNOV ANTES DE SU PARTIDA DE ESTA TIERRA…… EN DICIEMBRE DE 1944 

Todo lo que es viejo va a desaparecer. Poco tiempo va a pasar antes de que este siglo se lo lleve todo. Las filosofías y las ciencias deben cambiar; Dios lo ha decidido así. El plan ya ha sido establecido. La humanidad no puede continuar viviendo en sus harapos. 


Se instaurará un hombre completamente nuevo y diferente. Se realizarán grandes transformaciones en este siglo. Todos deben trabajar, y esto es una preparación. Si ahora os llegase la muerte, no permaneceríais mucho tiempo en el espacio; volveréis hacia el año 1975 por que esta previsto un acontecimiento importante. 

UNICAMENTE POR AMOR EL MUNDO VA A ENDEREZARSE. Yo, me voy; mi obra sigue adelante desde el otro lado. El tiempo que os queda es corto. Estad atentos y vigilantes, no os desaniméis. Tenéis que progresar todos con mucho más ardor; sed sinceros y verídicos en vuestra misión. ¡QUE LA PAZ ESTÉ CON VOSOTROS! 




Maestro PETER DEUNOV
Mensaje antes de desencarnar: Dic 1944

miércoles, 17 de junio de 2015

El Hatha Yoga y los tantras pueden ser peligrosos?




Tal es la Ciencia Oculta en que los modernos ascetas y yoguis de la India basan su desarrollo y poderes anímicos. Se les conoce con el calificativo de Hatha Yoguis. La ciencia del Hatha Yoga se apoya en el Prânâyâma o “detención del aliento”, a cuyo ejercicio se oponen unánimemente nuestros Maestros. Porque ¿qué es el Pranâyâma? Literalmente traducido significa: la “muerte del aliento vital”. Según hemos dicho, Prâna no es Jîva la eterna fuente de la vida inmortal; ni está en modo alguno relacionado con Pranava, como algunos piensan, porque Pranava es un sinónimo de AUM en sentido místico. En Las fuerzas más sutiles de la Naturaleza, se halla todo lo que sobre esto se ha enseñado pública y claramente. Pero tales prácticas sólo pueden conducir a la magia negra y a la mediumnidad. Varios Chelas impacientes, a quienes personalmente conocimos en la India, cayeron en las prácticas del Hatha Yoga, no obstante nuestras advertencias. Dos de ellos se volvieron tísicos y uno de estos murió; algunos quedaron casi idiotas; otro se suicidó; y uno logró desarrollarse como Tântrika o Mago Negro; pero felizmente para él, pronto vino la muerte a cortar su carrera.

            La ciencia de los Cinco Alientos: el húmedo, el ígneo, el aéreo, etc., tiene un doble significado y dos aplicaciones. Los Tântrikas la toman literalmente, en lo relativo a la regulación del vital aliento pulmonar; mientras que los antiguos râja yoguis la referían al aliento mental o de “voluntad”, que sólo puede conducir a las superiores facultades de clarividencia, a la función del tercer ojo y a la adquisición de los verdaderos poderes ocultos del Râja Yoga. Enorme es la diferencia entre ambos métodos. El primero, según queda indicado, emplea los cinco Tattvas inferiores; el segundo comienza por emplear únicamente los tres superiores, para el desarrollo mental y volitivo, dejando los demás para luego de dominados aquellos tres; por lo que sólo emplean uno (Âkâsha) de los cinco Tattvas tántricos. Según dice muy bien la obra citada: “los Tattvas son las modificaciones de Svara”. Pero Svara es la raíz del sonido, el substrato de la pitagórica música de las esferas, lo está más allá del espíritu en la moderna acepción de la palabra, el espíritu en el espíritu; o como propiamente se interpreta, “la corriente de la oleada de vida”, la emanación de la Vida Única. El Gran Aliento de que hablábamos en el primer tomo de esta obra es ÂTMÂ, que etimológicamente significa: “el movimiento eterno”. Ahora bien; mientras el chela asceta de nuestra escuela sigue cuidadosamente para su desarrollo mental el método propio de la evolución del Universo, esto es, de lo universal a lo particular, el Hatha Yogui invierte los términos y empieza por esforzarse en obtener la supresión de su (vital) aliento. Pero si, como enseña la filosofía hinduísta, “Svara asume la forma de Âkâsha” al comienzo de cada evolución, y sucesivamente va tomando las formas de Vâyu (aire), Agni (fuego), Âpas (agua), y Prithivî (materia sólida) (23), resulta patente la razón de empezar por los superiores y suprasensibles Tattvas. Los Râja Yoguis no descienden, en los planos de la substancia, más acá del Sûkshma (la materia sutil), mientras que los Hatha Yoguis únicamente desarrollan y emplean sus poderes en el plano material. Algunos Tântrikas colocan los tres Nâdis, llamados: Sushumnâ, Idâ y Pingalâ, en la médula oblongada, cuya línea central designan con el nombre de Sushumnâ, y con los respectivos de Pingalâ e Idâ las divisiones derecha e izquierda. También colocan en el corazón los tres Nâdis, con los mismos nombres. La escuela transhimaláyica de los antiguos Râja Yoguis de la India, con los cuales no deben confundirse los yoguis modernos, coloca el Sushumnâ, asiento principal de los tres Nâdis, en el conducto central de la médula espinal, e Idâ y Pingalâ a los lados izquierdo y derecho. Sushumnâ es el Brahmadanda, el canal (de la médula espinal), cuyo oficio desconoce la Fisiología, como desconoce los oficios del bazo y de la glándula pineal. Son Idâ y Pingalâ los sostenidos y bemoles del fa, tónica de la naturaleza humana y nota media de la septenaria armonía de los principios que, cuando vibran convenientemente, despiertan a los centinelas de ambos lados (al Manas espiritual y al Kâma físico), y subyugan lo inferior por medio de lo superior. Pero este efecto ha de resultar del ejercicio del poder de la voluntad, y no de la científica o regulada supresión del aliento. Si observáis una sección transversal de la médula espinal, advertiréis tres columnas una de las cuales transmite las órdenes volitivas, y la otra una vital corriente de Jîva (24) durante lo que se llama el estado de Samâdhi y otros análogos.



            Quien haya estudiado ambos métodos, el Hatha Yoga y el Râja Yoga, echará de ver una enorme diferencia entre ambos: el primero es puramente psíquicofísico; el segundo puramente psíquicoespiritual. Los tántricos no parecen ir allá de los seis visibles y conocidos plexos, con cada uno de los cuales relacionan los Tattvas; y la gran importancia que atribuyen al plexo principal de estos, el Mûlâdhâra Chakra (el plexo sagrado) indica su egoísta y material anhelo de adquirir poderes. Los Cinco Alientos y los cinco Tattvas de los tántricos, se relacionan principalmente con los plexos prostático, epigástrico, cardíaco y laríngeo; y como casi desconocen el Âjnâ, nada saben del sintetizante plexo laríngeo. Muy distintamente les sucede a los discípulos de la antigua escuela, que comienzan por dominar el órgano a que los anatómicos occidentales llaman cuerpo pituitario, sito en la base del cerebro, sobre la faringe.  


Es fatal “dedicarse al Yoga” con sólo un somero y a menudo extraviado conocimiento de sus verdades prácticas; porque el diez por ciento de estudiantes, o desenvolverán facultades mediumnísticas, o perderán el tiempo y se aburrirán tanto en la práctica como en la teoría. Antes de entregarse a tan arriesgado experimento y de ir más allá de un minucioso examen del propio yo inferior y de sus pasos en la vida, o lo que en terminología ocultista se llama el “Libro de la Vida diaria del Chela”, es preciso aprender, por lo menos la diferencia entre la “magia” blanca o divina y la magia negra o diabólica, y convencerse de que si se “dedica uno al yoga” sin experiencia alguna, y sin tener quien le muestre los peligros, antes hay que cerciorarse de que no se están cruzando de día en día y de hora en hora, los límites de lo divino para caer en lo satánico. Sin embargo, muy fácil es conocer la diferencia; pues basta recordar que ninguna verdad esotérica enteramente revelada se publicará jamás impresa en libros ni periódicos.




Ahora bien; como la diferencia capital entre la magia blanca y la negra es el objeto con el cual se practica, pues son de secundaria importancia los agentes empleados para producir resultados fenomenales, resulta en extremo tenue la línea divisoria entre ambas. Sin embargo, no es tan grave el peligro al considerar que los libros llamados ocultos lo son tan sólo en cierto sentido; es decir, que el texto es oculto sólo por razón de los velos. El lector ha de entender acabadamente el simbolismo, antes de descubrir el genuino significado de la enseñanza. Además, dichos libros no están nunca completos; pues sus varias partes llevan distintos títulos, y en cada una de ellas se inserta algún trozo de otra obra; de suerte que sin una clave, no se encuentra la verdad completa. 


            En vista de que algunos estudiantes tratan de seguir un método de yoga a su manera, sin otro guía que las escasas e incompletas insinuaciones halladas en revistas y libros teosóficos (que tienen que ser naturalmente incompletas), escojo una de las mejores exposiciones de las antiguas obras ocultas, Las Fuerzas más sutiles de la Naturaleza (Nature’s Finer Forces, Londres, 1897), a fin de hacer ver cuán fácilmente puede uno extraviarse con sus velos.

            Parece que el autor de dicha obra se ha engañado a sí mismo. Los tantras, leído esotéricamente, rebosan sabiduría como las más nobles obras ocultas. Estudiados sin guía y llevados a la práctica, pueden determinar varios resultados fenoménicos en los planos moral y fisiológico. Pero perdido estará sin remedio quien acepte la letra muerta de sus reglas y prácticas e intente llevarlas a cabo con algún egoísta propósito. Seguidas con puro corazón e intenciones inegoístas, con el mero objeto de experimentación, no producirán resultado alguno, o bien desengañarán y retrasarán al operador, los que produzca. Pero ¡ay! del egoísta que trate de educir facultades ocultas con el único fin de lograr beneficios materiales y satisfacer venganzas o ambiciones. La separación del Yo superior de los principios inferiores, y el apartamiento de Buddhi-Manas de la personalidad tántrica, serán las rápidas y terribles consecuencias kármicas de la Magia Negra.

            En Oriente, en la India y en China, se encuentran hombres y mujeres desalmados, tanto como en el Occidente, aunque allí no toma el vicio tanto incremento como aquí. A ello les conduce el olvido de la ancestral sabiduría, y la práctica de la Magia Negra. Pero de esto hablaremos más adelante, limitándonos por ahora a añadir: estáis advertidos y conocéis el peligro.



Además, como ya mostramos, la práctica de los Cinco Alientos resulta fisiológica y psicológicamente en una lesión mortal. Y todo esto es por cierto lo que se llama, Prânâyâma, o la «muerte de la respiración», ya que, para el que la practica resulta, en muerte –en muerte moral siempre, y en muerte física muy frecuentemente.



Autora: Helena P. Blavatsky
Fragmento DOCTRINA SECRETA

domingo, 7 de junio de 2015

CUERPO Y ALMA DE LAS ENSEÑANZAS SECRETAS



No es extraño que se interpreten erróneamente muchas parábolas y dichos de Jesús. Desde Orfeo, el primer adepto que la historia vislumbra tenuemente entre las nieblas de la era precristiana, pasando por Pitágoras, Confucio, Buddha, Jesús, Apolonio de Tiana y Amonio Saccas, ningún maestro dejó nada escrito. Todos y cada uno de ellos recomendaron silencio y sigilo sobre ciertos hechos y acontecimientos. Confucio no quiso explicar pública y satisfactoriamente lo que entendía por su “Gran Extremo”, ni tampoco dar la clave para la adivinación por medio de “pajas”. Jesús encargó a sus discípulos que a nadie dijesen que era el Cristo (1), el “hombre de las angustias” y pruebas, anteriores a su última y suprema iniciación, y asimismo les ordenó que no divulgasen que hubiese producido un “milagro” de resurrección (2). El sigilo entre los apóstoles llegaba al extremo de que “la mano izquierda no supiese lo que hacía la derecha” o sea, en términos más claros, que los peligrosos magos negros, enemigos terribles de los adeptos, de la mano derecha, especialmente antes de su iniciación suprema, no se aprovecharan de la publicidad, para dañar conjuntamente al sanador y al paciente. Por si esto pareciesen simples presunciones, desentrañemos el significado de las siguientes palabras terribles:

            A vosotros es dado conocer el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, todo se les trata por parábolas. Para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan...

           
            La tarea de propagar la verdad por medio de parábolas fue encomendada a los discípulos de los grandes iniciados, con el deber de acomodarse a la clave de las enseñanzas secretas, sin revelar sus misterios. Así lo demuestra la historia de todos los grandes adeptos. Pitágoras clasificó a sus alumnos en oyentes, exotéricos y esotéricos. Los magos aprendían y se iniciaban, en las más recónditas cavernas de Bactriana. Al decir Josefo que Abraham enseñó matemáticas, significa con ello que enseñó "magia"” pues en la escuela pitagórica se daba el nombre de matemáticas a las ciencias esotéricas, o sea la gnosis.
            El profesor Wilder hace notar que:

            Parecidas distinciones hacían los esenios de Judea y el Carmelo, dividiendo a sus prosélitos en neófitos, hermanos y perfectos... Amonio obligaba con juramento a sus discípulos, para que no comunicaran sus doctrinas sino a los ya instruidos por completo y dispuestos [a la iniciación] (5).

            Una de las más poderosas razones de la necesidad de riguroso sigilo, nos la da Jesús mismo, si hemos de dar crédito al evangelista Mateo. Porque he aquí lo que se hace decir al Maestro:

            No deis lo santo a los perros ni echéis vuestras perlas delante de los puercos; no sea que las huellen con sus pies y revolviéndose contra vosotros os despedacen (6).

            Sentencia de profunda verdad y sabiduría. 



           Así vemos que Clemente de Alejandría y Orígenes lo reconocen explícitamente. Clemente de Alejandría, que había sido iniciado en los misterios eleusinos, con conocimiento de causa, dice:

            Las doctrinas allí enseñadas contenían en sí el objeto de toda instrucción conforme a Moisés y los profetas,

cuya ligera tergiversación se le puede dispensar al buen Padre. Después de todo, se deduce de lo transcrito que los misterios judaicos eran idénticos a los de los paganos griegos, que los tomaron de los egipcios, y estos a su vez de los caldeos, quienes los aprendieron de los arios, estos de los atlantes y así antecedentemente mucho antes de los tiempos de aquella raza. Clemente de Alejandría atestigua además el secreto significado del Evangelio, cuando dice que no a todos se les puede comunicar los misterios de la fe.

            Pero como quiera que esta tradición no se publica sólo para quienes perciben la magnificencia de la palabra, es necesario encubrir bajo un misterio, la sabiduría que enseñó el Hijo de Dios (8).

            No menos explícito es Orígenes respecto a la Biblia y a sus simbólicas fábulas. Dice así:

            Si hubiésemos de atenernos a la letra y comprender lo que está escrito en la ley según lo entienden los judíos y el vulgo, me sonrojaría de proclamar en voz alta que Dios hubiese dado estas leyes; pues fueron mejores y más razonables las de los hombres (9).


            El rabí Simeón ben Jochai, compilador del Zohar, siempre comunicó sólo oralmente los principales puntos de su doctrina, y tan sólo a un corto número de discípulos. Por lo tanto, sin la iniciación final en la Mercavah, quedará siempre incompleto el estudio de la Kabalah; y la Mercavah sólo podrá aprenderse “en tinieblas, en solitario paraje, y después de varias y terroríficas pruebas”. Desde la muerte del gran iniciado judío, esta secreta doctrina ha sido inviolable arcano para el mundo exotérico.

            En la venerable secta de los tanaim, o mejor dicho de los tananim o sabios, estaban los varones prudentes y doctos, encargados de enseñar prácticamente los secretos y de iniciar a algunos discípulos, en el grande y supremo misterio. Pero en la segunda sección del Mishna Hagiga, se dice que el índice de la Mercaba [Mercavah] “sólo debe confiarse a los doctores viejos”. El Gemara es todavía más dogmático. “Los secretos de mayor importancia en los Misterios no se revelaban ni aun a todos los sacerdotes. Únicamente lo sabían los iniciados”. Y así notamos el mismo riguroso sigilo en todas las antiguas religiones (12).

            ¿Qué dice por su parte la Kabalah? Los grandes rabinos anatematizan hoy a quien verbalmente admite sus sentencias. Leemos en el Zohar:

            ¡Ay del hombre que tan sólo ve en el Thorah, esto es, en la Ley, simples recitados y palabras vulgares! Porque si en verdad contuviera eso únicamente, seríamos nosotros, hoy mismo, capaces de componer un Thorah mucho más digno de admiración. Si nos atuviéramos literalmente a las palabras, tan sólo podríamos dirigirnos a los legisladores de la tierra (13) a quienes vemos en las cúspides de la grandeza. Fuera suficiente imitarlos, y componer una ley a su ejemplo y según sus palabras. Pero no es así; cada vocablo del Thorah encierra profundo significado y sublime misterio... Los versículos del Thorah son el vestido del Thorah. ¡Ay de quien tome el vestido por el Thorah!... Los necios se enteran únicamente de los versículos o vestidura del Thorah, y no advierten otra cosa, ni ven lo que encubre el ropaje. Los doctos no atienden al vestido, sino al cuerpo que está envuelto en él (14).

            Amonio Saccas enseñó que la doctrina secreta de la Religión de la Sabiduría, estaba enteramente contenida en los Libros de Thoth (Hermes) de los que tanto Pitágoras como Platón, derivaron gran parte de sus conocimientos y filosofías; y que las enseñanzas de dichos libros son “idénticas a las de los sabios del remoto Oriente”. El profesor Wilder observa que:

            Como el nombre Thoth significa colegio o asamblea, no es aventurado suponer que se llamaron así los libros, por ser una colección de los oráculos y doctrinas de la comunidad sacerdotal de Menfis. Rabinos muy sabios han expuesto la misma hipótesis tocante a las divinas expresiones registradas en las Escrituras hebreas (15).

        
            Pero tanto los libros de Hermes, como la Biblia, los Vedas o la Kabalah, prescriben el mismo sigilo sobre ciertos misterios de la naturaleza simbolizados en su texto. “¡Ay de quien divulgue indiscretamente las palabras cuchicheadas al oído de Mânushi por el Primer Iniciador!” 

            Además, respecto al castigo de quienes revelan “los secretos de los ángeles”, se dice:

            Juzgados fueron los que revelaron secretos, pero no tú, hijo mío [Noé]... tú eres puro y bueno y no se te puede acusar de descubrir [revelar] secretos (17).

           
            Nada en absoluto, ciertamente, si tales misterios hubiesen sido dados desde el principio, como sucedió con las primitivas, semidivinas, puras y espirituales razas de la humanidad, que poseían las “verdades de Dios”, y según ellas y su ideal vivían, preservándolas, en tanto que apenas hubo mal alguno, por lo que apenas fuera posible abusar de aquellas verdades. Pero la evolución y la caída en la materia, es también una de las “verdades” y una ley de “Dios”. Y a medida que el género humano fue progresando, y llegó a ser cada generación más carnal, terrenalmente, principió a afirmarse la individualidad de cada Ego temporario. El egoísmo personal se desarrolla e incita al hombre a abusar de su conocimiento y poderío, porque el egoísmo es semejante al edificio cuyas puertas y ventanas dan siempre paso libre a todo linaje de iniquidades, para que penetren en el alma humana. Pocos fueron durante la primera juventud de la humanidad, y menos todavía hoy, los hombres dispuestos a practicar la varonil declaración de Pope, de que no hubiera vacilado en destrozarse el corazón, si de egoísta amor propio latiera, burlándose del prójimo. De aquí la necesidad de sustraer gradualmente de los hombres el poder y conocimiento divinos, que en cada nuevo ciclo humano hubieran llegado a ser más peligrosos, como espada de dos cortes, cuyo siniestro filo amenazaba siempre al prójimo, y cuyas buenas cualidades se prodigaban exclusivamente en provecho propio. Aquellos pocos “elegidos” a cuya naturaleza interior no afectó el externo desenvolvimiento físico, llegaron a ser así, con el tiempo, los únicos guardianes de los misterios revelados; y los comunicaron a los más aptos para recibirlos, manteniéndolos ocultos a los demás. Si se prescinde de esta explicación de las enseñanzas secretas, queda la religión reducida a fraude y engaño.

Sin embargo, las masas necesitaban algún freno moral. El hombre está siempre ansioso de un “más allá” y no puede vivir sin un ideal cualquiera, que le sirva de faro y consuelo. Al mismo tiempo a ningún hombre vulgar, aún en esta época de cultura general, se le pueden confiar verdades demasiado metafísicas y sutiles de difícil comprensión, sin correr el riesgo de una inminente reacción, que suplante con el absurdo y cerrado ateísmo la fe en Dios y sus santos. Ningún verdadero filántropo, y por consiguiente ningún ocultista, soñaría ni por un momento con una humanidad sin religión; y aun en nuestros días, la religión de Europa, limitada a los domingos, vale más que carecer de ella. Pero si, como dijo Bunyan, “la religión es la mejor armadura del hombre”, no es menos cierto que es “la peor capa”; y contra esa “capa” y falsas pretensiones luchan ocultistas y teósofos. Si apartamos esta capa, tejida por la fantasía humana y arrojada sobre la Divinidad por la artificiosa mano de sacerdotes ávidos de dominación y poderío, podrá adorar el hombre el verdadero ideal de la Divinidad, al único Dios viviente en la naturaleza. La primera hora de este siglo anunció el destronamiento del “Dios más elevado” de cada país, a favor de una universal Divinidad; el Dios de la inmutable Ley, no el de la caridad; el Dios de la justicia distributiva, no el de la clemencia, que es sencillamente un incentivo para cometer el mal y reincidir en él. Cuando el primer sacerdote inventó la primera oración de súplica egoísta, se perpetró el más nefando crimen de lesa humanidad. La idea de un Dios propicio a las súplicas para “bendecir las armas” de sus adoradores y aniquilar a los enemigos (que son hermanos); un Dios que da oídos a laudes entreverados de ruegos para que los “vientos le sean favorables” al suplicante y contrarios al que navega en opuesto rumbo; esta idea es la que ha nutrido el egoísmo en el hombre, y le ha privado de confianza en sí mismo. La oración es acto noble cuando la mueve un intenso sentimiento y ardiente deseo del bien ajeno, sin mira alguna personal. El ansia de un más allá es santa y bendita en el hombre; pero a condición de que con sus semejantes comparta su dicha. 

            Es evidente que, excepto Pablo y Clemente de Alejandría, iniciados ambos en los Misterios, ningún otro Padre de la Iglesia conoció gran cosa de las verdades secretas. Por la mayor parte fueron gentes ignorantes e incultas; y, si como le pasó a Agustín, Lactancio, el venerable Beda y otros, no conocieron hasta tiempos de Galileo las enseñanzas que en los templos paganos se daban acerca de la redondez de la tierra, sin hablar del sistema heliocéntrico (22); puede colegirse cuán supina sería la ignorancia de los demás. Para los primitivos cristianos eran sinónimos la instrucción y el pecado; y de aquí que acusaran a los filósofos paganos de tener pacto con el demonio.


            Pero se nos puede preguntar: ¿por qué siguieron el mismo rumbo las religiones asiáticas que nada de esta clase tenían que ocultar y que abiertamente revelaban el esoterismo de sus doctrinas? La respuesta es que mientras el actual, y sin duda forzoso silencio de la Iglesia en este punto, se relaciona tan sólo con la externa y teórica exposición de la Biblia (cuyos secretos ningún mal causaran si desde un principio se hubiesen explicado), sucede cosa muy distinta en cuanto al esoterismo y simbología del Oriente. Si se hubiese revelado el sentido oculto del Antiguo Testamento, en nada desmereciera la gran figura protagonística del Evangelio, como la del fundador del buddhismo si se hubiese probado eran alegóricos los escritos brahmánicos de los Purânas que precedieron a su nacimiento. Además, Jesús de Nazareth ganara más que perdiera si se le hubiese presentado como un mortal que hubiera de estimarse por sus propios méritos y enseñanzas, en vez de considerarle como un Dios cuyas palabras y actos están expuestos a los ataques de la crítica. Por otra parte, los símbolos y sentencias alegóricas que velan las grandes verdades de la Naturaleza en los Vedas, Bráhmanas, Upanishads y especialmente en el lamaísta Chagpa Thogmed y otras obras de naturaleza del todo distinta y mucho más complicados en su significación secreta. Los símbolos de la Biblia tienen casi todos fundamento trínico, al paso que el de las Escrituras orientales es septenario, estando tan íntimamente relacionados con los misterios de la Fisica y de la Fisiología, como con los del Psiquismo, Teogonía y la trascendental naturaleza de los elementos cósmicos. Revelado su sentido oculto, perjudicarían a los no iniciados, y fueran desastrosos sus efectos si se comunicaran a la generación presente en su actual estado de desenvolvimiento físico e intelectual, con ausencia de espiritualidad y aun de sentido moral. 

            Sin embargo, las secretas enseñanzas de los templos han tenido y tienen sus depositarios, que las perpetuaron en distintos modos. Se han difundido por el mundo en cientos de volúmenes henchidos de la afectada y enigmática prosa de los alquimistas; y como impetuosas cataratas de oculto y místico saber, fluyeron de labios de bardos y poetas. Sólo el genio tuvo determinados privilegios en aquellas tenebrosas épocas en que ningún vidente podía ofrecer al mundo ni siguiera una ficción, sin adecuar al texto bíblico sus conceptos del cielo y de la tierra. Sólo al genio le cupo revelar libremente algunas de las augustas verdades de iniciación en aquellos siglos de ceguera mental, en que el temor al “Santo Oficio” cubría con tupido velo toda verdad cósmica y física. ¿De dónde sacó Ariosto, en su Orlando Furioso, aquella idea del valle de la Luna, en donde después de la muerte podemos encontrar las ideas e imágenes de todo cuanto en la tierra existe? ¿Cómo llegó Dante a imaginarse en su Infierno las múltiples descripciones de su visita y trato con las almas de las siete esferas que nos hace en aquella verdadera revelación épica de su Divina Comedia, comparable al Apocalipsis de San Juan? Las verdades ocultas no chocan al entendimiento vulgar cuando las enuncian la poesía o la sátira, porque se suponen hijas de la fantasía. El conde de Gabalis es mejor conocido y ha tenido mayor éxito que Porfirio y Jámblico. Por ficción se tiene a la misteriosa Atlántida de Platón; y en cambio creen en el diluvio universal algunos arqueólogos, que se mofan del mundo arquetípico a que alude Marcelo Palingenio en su Zodíaco; y se considerarían injuriados si se les invitara a discutir sobre los cuatro mundos: arquetípico, espiritual, astral, elemental, y otros tres más internos, de Mercurio Trismegisto. Evidentemente las sociedades civilizadas sólo están medio preparadas a recibir la revelación. De aquí que los iniciados no descubrirán del todo los secretos, hasta que la masa general de la humanidad haya cambiado su modo de ser actual y esté mejor dispuesta a aceptar la verdad. Razón tenía Clemente de Alejandría al decir: “Es indispensable ocultar en un misterio la sabiduría hablada” que enseñan “los hijos de Dios”.


            En todos los países antiguos que por civilizados se tuvieron, hubo una doctrina esotérica, un sistema llamado genéricamente SABIDURÍA (24), a quienes se aplicaban a su estudio y fomento se les dio el nombre de sabios... Pitágoras llamó a este sistema ... ... ... , Gnosis o conocimiento de las cosas que son. Los antiguos maestros, los sabios de la India, los magos de Persia y Babilonia, los videntes y profetas de Israel, los hierofantes de Egipto y Arabia y los filósofos de Grecia y Roma, incluían en la noble denominación de SABIDURÍA todo conocimiento de naturaleza para ellos divina, distinguiendo una parte esotérica, y una parte exotérica. A esta última la llamaron los rabinos Mercavah, o sea cuerpo o vehículo del conocimiento superior (25).

            Más adelante hablaremos de las leyes del sigilo a que están sujetos los discípulos orientales o chelas.



fragmentos de DOCTRINA SECRETA
Autora: H.P. Blavatsky

esotérico: interno (el Alma, la esencia)
exotérico: externo (el cuerpo, la forma)

viernes, 5 de junio de 2015

Enseñanzas internas o secretas




Son unos ignorantes aquellos que, en su ciego y hoy día intempestivo odio al Buddhismo, y por reacción al Budhismo, niegan sus enseñanzas esotéricas que son también las de los brahmanes, simplemente porque el nombre les sugiere lo que para ellos, como monoteístas, son doctrinas perniciosas. Ignorantes, es el término correcto que debe emplearse para su caso, puesto que la Filosofía Esotérica es la única capaz de resistir en esta época de materialismo craso e ilógico, los ataques repetidos a todo cuanto el hombre tiene por más querido y sagrado en su vida espiritual interna. El verdadero filósofo, el estudiante de la Sabiduría Esotérica, pierde por completo de vista las personalidades, las creencias dogmáticas y las religiones especiales. Además, la Filosofía Esotérica reconcilia todas las religiones, despoja a cada una de ellas de sus vestiduras humanas exteriores, y demuestra que la raíz de cada cual es idéntica a la de las demás grandes religiones. Ella prueba la necesidad de un Principio Divino y Absoluto en la Naturaleza. Ella no niega la Deidad como no niega el Sol. La Filosofía Esotérica jamás ha rechazado a Dios en la Naturaleza, ni a la Divinidad como al Ente abstracto y absoluto. Rehusa únicamente aceptar los dioses de las llamadas religiones monoteístas; dioses creados por el hombre a su propia imagen y semejanza, caricaturas impías y miserables del Siempre Incognoscible. Por lo demás, los archivos que vamos a presentar al lector, abrazan los principios esotéricos del mundo entero, desde el principio de nuestra humanidad; y en ellos el ocultismo Buddhista ocupa su lugar correspondiente, y no más. A la verdad, las porciones secretas del Dan o Janna (Dhyâna) (4) de la metafísica de Gautama, por grandes que aparezcan a los que no están enterados de los principios de la Religión de la Sabiduría de la antigüedad, constituyen tan sólo una pequeña porción del total. El Reformador indo limitó sus enseñanzas públicas al aspecto puramente moral y fisiológico de la Religión de la Sabiduría, a la ética y al hombre únicamente. Las cosas “invisibles e incorpóreas”, el misterio del Ser fuera de nuestra esfera terrestre, no fueron tratados en manera alguna por el gran Maestro en sus enseñanzas públicas, reservando las verdades ocultas para un círculo selecto de sus Arhats. Estos últimos recibían la iniciación en la famosa Cueva Saptaparna (la Sattapanni de Mahâvansa) cerca del Monte Baibhâr (el Webhâra de los manuscritos palis). Esta cueva estaba en Râjâgriha, la antigua capital de Magadha, y era la Cueva Cheta de Fa-hian, como justamente sospechan algunos arqueólogos (5).

            El tiempo y la imaginación humana disminuyeron la pureza y la filosofía de estas enseñanzas, cuando, durante el curso de su obra de proselitismo, fueron trasplantadas del círculo secreto y sagrado de los Arhats, a un suelo menos preparado para las concepciones metafísicas que la India; o sea, en cuanto fueron llevadas a China, Japón, Siam y Birmania. La manera como fue tratada la prístina pureza de estas grandes revelaciones, puede verse estudiando algunas de las llamadas escuelas buddhistas “esotéricas” de la antigüedad en su aspecto moderno, no solamente en China y en otros países buddhistas en general, sino hasta en no pocas escuelas del Tibet, abandonadas al cuidado de Lamas no iniciados y de innovadores mongoles.

            Así es, que el lector debe tener presente las muy importantes diferencias que existen entre el Buddhismo ortodoxo, o sea las enseñanzas públicas de Gautama el Buddha, y su Budhismo esotérico. Su Doctrina Secreta no difiere, sin embargo, en manera alguna de la de los brahmanes iniciados de su tiempo. El Buddha era hijo del suelo ario, un indo, un Kshatriya, discípulo de los “nacidos dos veces” (los brahmanes iniciados) o Dvijas. Sus enseñanzas, por tanto, no podían ser diferentes de las doctrinas de aquéllos, pues toda la reforma buddhista consistió sencillamente en revelar una parte de lo que había permanecido secreto para todos los hombres que estaban fuera del “círculo encantado” de los iniciados del Templo y de los ascetas. No pudiendo, por razón de sus votos, enseñar todo cuanto le había sido comunicado, y a pesar de que Buddha enseñó una filosofía fundada en la base del verdadero conocimiento esotérico, participó al mundo únicamente el cuerpo material externo de aquélla, y guardó su alma para sus elegidos. Muchos orientalistas que se dedican al chino, han oído hablar de la “doctrina del alma”. Ninguno parece haber comprendido su verdadera significación e importancia.


            Aquella doctrina fue conservada en secreto, en demasiado secreto quizás, dentro del santuario. El misterio que envolvía su dogma principal y sus aspiraciones más exaltadas, el Nirvâna, ha llamado e irritado tanto la curiosidad de los sabios que lo han estudiado, que siendo incapaces de resolverlo de una manera lógica y satisfactoria desatando el nudo Gordiano, han preferido cortarlo, declarando que el Nirvâna significa la absoluta aniquilación.

            Hacia el final del primer cuarto de este siglo, apareció en el mundo una clase de literatura especial, cuyas tendencias de año en año se han hecho más definidas. Basada, según dice ella misma, en las sabias investigaciones de sanscritistas y orientalistas en general, ha sido considerada como científica. A las religiones, mitos y emblemas de la India, de Egipto y de otros pueblos antiguos, se les ha hecho decir todo lo que deseaba el simbologista que expresasen, dando así con frecuencia la ruda forma exterior, en lugar de la significación interna. Aparecieron en rápida sucesión obras notabilísimas por sus ingeniosas especulaciones y deducciones formadas en círculo vicioso, por colocarse generalmente conclusiones anticipadas en vez de premisas, en  los silogismos de varios sabios sánscritas o palis; y así fueron inundadas las bibliotecas con disertaciones más bien sobre el culto fálico o sexual que sobre el verdadero simbolismo, contradiciéndose además unas a otras.



            Ésta es quizás la verdadera razón porque hoy se permite que vean la luz, después de millares de años del silencio y secreto más profundos, los bosquejos de unas pocas verdades fundamentales de la Doctrina Secreta de las Edades Arcaicas. Digo de propósito “unas pocas verdades”, porque lo que debe permanecer sin decirse, no podría contenerse en un centenar de volúmenes como éste, ni puede ser comunicado a la presente generación de saduceos. Pero aun lo poco que hoy se publica es preferible a un silencio completo acerca de estas verdades vitales. El mundo actual, en su loca carrera hacia lo desconocido, que el físico se halla demasiado dispuesto a confundir con lo incognoscible siempre que el problema escapa a su comprensión, progresa rápidamente en el plano opuesto al de la espiritualidad. El mundo se ha convertido hoy en un vasto campo de combate, en un verdadero valle de discordia y de perpetua lucha, en una necrópolis en donde yacen sepultadas las más elevadas y más santas aspiraciones de nuestra alma espiritual. Aquella alma se atrofia y paraliza más y más a cada generación nueva



fragmentos de Doctrina Secreta 
Autora: HELENA P. BLAVATSKY