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domingo, 27 de diciembre de 2015

EL DEVACHÁN o Cielo


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"Usted debe tener presente que hay dos campos de manifestación  causal, a saber: el objetivo y el subjetivo.  Las actividades morales y espirituales encuentran su esfera de efectos en el "Devachán". 

Todos los grandes planes de reforma moral, de investigación intelectual y espiritual en los principios abstractos de la naturaleza, todas las divinas aspiraciones, llegarían a su realización en el Devachán...

Todas las aspiraciones, los deseos, las esperanzas, los sueños que, en conexión con ese "momento" determinado hayan atravesado jamás el cerebro del soñador durante su vida, sin haber hallado nunca su realización sobre la Tierra; todo lo cual, él lo encuentra ahora plenamente realizado en el Devachán en toda su intensidad, sin sospechar jamás que toda esa bendita realidad no es más que la progenie creada por su propia imaginación, los efectos de las causas mentales producidas por él mismo. Ese momento particular único, que será el más intenso y que está más allá de todos los demás pensamientos de su cerebro moribundo en el momento de la disolución, será, naturalmente, el que regirá todos los demás "momentos"; no obstante, los últimos pensamientos, aún siendo menos vívidos y de menor importancia, están también allí, y tendrán su plan asignado...



No hay hombre en la tierra que no tenga alguna predilección determinada o alguna pasión que lo domine; nadie, por humilde y pobre que sea, y a menudo a causa de eso, puede dejar de entregarse a esos sueños y deseos, aunque no hayan sido satisfechos.

Así como la existencia física va acumulando la intensidad de su fuerza desde la infancia hasta la plenitud, y su energía va disminuyendo, a partir de entonces hasta la senectud y la muerte, de igual modo transcurre el sueño que se vive en el Devachán. 

La naturaleza no engaña ni al morador del Devachán ni al hombre físico viviente. La naturaleza le proporciona allí una verdadera dicha y una felicidad mucho mayores que aquí, donde se enfrenta a todas las condiciones para el bien y para el mal, y donde su inherente desamparo ha hecho de la felicidad pura en esta tierra una total imposibilidad para el ser humano, cualesquiera que sean sus oportunidades y condiciones. Llame más bien a esta vida una pesadilla fea y horrible, y tendrá usted razón.

Esta fatigosa ronda de nacimiento tras nacimiento debe recorrerse una y otra vez hasta que el ser alcance el fin de la séptima ronda o bien, en el interín, alcance la sabiduría de un Arhat, después de un Buddha...

La imagen puede contener: árbol, piscina, exterior y naturaleza


Para el morador del Devachán su ocupación especial es siempre agradable y llena su vida de éxtasis. Luego, debe haber cambio, puesto que esa vida de ensueño no es más que el goce, el momento e la cosecha de esos gérmenes psíquicos de semillas caídas del árbol de la existencia física en nuestros momentos de sueños y esperanzas, que florecen en la rosada aurora del Devachán, y maduran bajo su siempre fructífero cielo. ¡Allí no hay fracasos ni desengaños!  Aunque un hombre haya tenido un único momento de felicidad y experiencia ideal durante su vida. Esa nota única, pulsada de la lira de la vida, formaría la Nota Clave del estado subjetivo del ser, y se traduciría en innumerables y armoniosos tonos y semitonos de fantasmagoría psíquica. Allí, todas las esperanzas no realizadas, las aspiraciones y los sueños, se ven plenamente colmados, y los sueños de lo objetivo se convierten en las realidades de la existencia subjetiva.

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K.M.

fragmentos de LAS CARTAS DE LOS MAHATMAS 

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