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domingo, 8 de febrero de 2009

EL TEATRO MISTERICO



Siguiendo el esquema natural del Universo, que es uno y trino a la vez, el Teatro se dividió en Tragedia, Drama y Comedia.

Tragedia es la obra teatral en la cual el Destino y los Dioses priman y dirigen las acciones de los hombres. Estos están sujetos a una Ley –Diké- por la cual toda acción promueve reacciones equivalentes según una mecánica moral inexorable. Las acciones de los hombres se encauzan en las vías que la Naturaleza ha dispuesto para ellos, y la utilización de la libertad indiscriminada lleva al pecado de “exceso” en uno u otro sentido.

El Drama se distingue por llevar al teatro las vicisitudes humanas en combinación con las de los Dioses y con el Destino, pero no se dan situaciones límite que calen tan hondo en las leyes de la vida como para volver inexorables los acontecimientos. El dolor y el esfuerzo redimen más fácilmente.

La Comedia, finalmente, era la forma más superficial en donde el aspecto lúdico de la vida no se ve purificado ni atormentado por la filosofía ni la erudición. Los hombres nacen, viven y mueren de manera vulgar. Las situaciones se hacen risueñas y el ánimo liviano. Los Dioses, siempre presentes, se limitan a reirse de las torpezas de los hombres que se ridiculizan los unos a los otros. El Destino los guía, pero sin hacerse sentir, pues las acciones son pueriles y no amenazan seriamente el equilibrio de a Naturaleza n el Ser de los mismos personajes.

La Tragedia sería la mansión de la Voluntad Divina, una forma de Cielo difícil pero tremendamente real. El Drama es la Casa del Amor y el Conocimiento, de la experiencia propia de los hombres manifestados en un cuerpo de carne, pero sujetos a gozar y sufrir por causa de sus sentimientos y sus ideas. La Comedia es el mundo de las formas y de sus relaciones, sus sombras y sus brillos. Un engañoso mundo de espejos y resonancias por el que vagan desorientados, pero felices aún tras sus risas y sus lágrimas, los humanos que dan primacía a lo cotidiano y que carecen del sentido de lo trascendente.




Jorge Angel Livraga (Fragmentos del libro: EL TEATRO MISTERICO)

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