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viernes, 18 de abril de 2008

LA ANTORCHA de Marion Zimmer Bradley



“No puedes quedarte aquí. Ven conmigo. Encontraré una nave que se dirija a Creta...
-No. Huye....Los dioses han abandonado a Troya.

Le condujo rápidamente hasta el santuario más recóndito del templo de la Doncella. Había allí varias sacerdotisas, y les gritó:
-Apagad al instante todas las antorchas ¡Sí, incluso la llama sagrada! ¡Los dioses nos han abandonado!
Soltó la mano de Miel y ella misma tomó la última antorcha y extinguió el fuego que ardía ante la Doncella.

Mientras las sacerdotisas corrían hacia las puertas, arrancó el velo del templo.
-Eneas, esto es lo más sagrado que hay en Troya. Tomó la antigua imagen, el Paladio, y la envolvió en el velo. –Llevátela más allá de los mares o hasta donde vayas. Alza un altar a la diosa y prende el fuego sagrado. Di la verdad sobre lo ocurrido en Troya.
El hizo un gesto como si fuera a desenvolver del velo el objeto sagrado, pero Casandra retuvo su mano.
-No, ningún hombre debe verlo. Jura que lo llevarás hasta un nuevo templo y que allí lo confiarás a una sacerdotisa de la Madre. ¡Júralo! – repitió y Eneas la miró a los ojos.

-Lo juro, Casandra no tienes ya razón alguna para permanecer aquí. Ven conmigo... Una sacerdotisa debiera ser quien lo porte a través de los mares.

Se inclinó para abrazarla. Casandra lo besó apasionadamente y luego retrocedió.
-No puede ser -dijo-, Mi destino está aquí. El tuyo es salir de Troya ileso, con vida. Pero vete ahora y que contigo vayan todas nuestras esperanzas y todos nuestros dioses.

-No debes quedarte aquí.... empezó a decir.
-Te lo prometo, abandonaré Troya antes de que vuelva a salir el Sol. No es la muerte lo que me aguarda, pero no estoy en libertad de ir contigo. Los dioses han decidido otra cosa.
Eneas la besó de nuevo y tomó el envoltorio.
Juro por mi propio linaje divino que cumpliré tu voluntad....y la de la diosa.

Sus ojos se enturbiaron por las lágrimas cuando él salió con paso firme del templo.
Casandra apenas había acabado de cruzar el patio cuando dentro de su cabeza oyó un gran rugido. El suelo osciló bajo sus pies; tropezó y cayó al suelo con Miel en brazos. Permaneció inmóvil con el cuerpo contra la tierra de repente inestable, que ondulaba y se agitaba bajo ella. Su única emoción no era el miedo sino la rabia: Madre Tierra, ¿por qué permites que tus hijos jueguen de esta manera con lo que tú has hecho?

Pareció que el movimiento iba a durar siempre. Luego remitió y ella se dio cuenta de que el sol sólo asomaba un poco por el horizonte; el terremoto no podía haber durado más de unos instantes. Los sollozos de Miel habían dado paso a un suave hipo.

-Casandra miró tras de sí, y comprobó que el estruendo que había oído procedía del derrumbe de los muros del templo del Señor del Sol, que cayeron hacia dentro. Era difícil que hubiera quedado en pie un solo edificio del recinto. La construcción principal, en donde moraban, estaba reducida a un montón de escombros. Evidentemente, nada podría salvarse de allí.

En algún lugar de los jardines empezó a cantar un pájaro.
¿Significaba eso que todo había concluido?
En los barrios pobres, el incendio adquiría cada vez más fuerza, alimentado por las casas de madera. Era la visión que tuvo siendo niña, una visión en la que nadie creyó: El incendio de Troya.



Novela Histórica "LA ANTORCHA" fragmento

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