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domingo, 22 de junio de 2008

"PUERTAS DE FUEGO” de Steven Pressfield




"El dolor del hombre se soporta con ligereza y pronto se supera. Nuestras heridas son de la carne, las de las mujeres lo son del corazón, tristeza infinita, mucha más amarga de soportar.Aprended de ellas, hermanos, de su dolor al dar a luz que los dioses han ordenado inmutable. Sed testigos de la lección que nos dan; que nada bueno llega sin un precio. El más dulce de todos ellos es la Libertad. Esto es lo que hemos elegido y esto es por lo que pagamos. Ellas nos han enseñado a despreciar la vida ociosa y en cambio nos inscribimos en la academia de la disciplina y el sacrificio”.

Una noche soñé que marchaba en la falange. Avanzábamos por una llanura para encontrarnos con el enemigo. El terror me paralizó el corazón. Mis compañeros caminaban alrededor, por todos lados. Todos ellos eran yo. Yo mismo joven. Mi terror aumentó. Entonces todos se pusieron a cantar. Todos los “yo”, todos los “yo mismo”. Mientras sus voces se elevaban al unísono, el miedo desapareció de mi corazón. Desperté con el pecho inmóvil y supe que había sido un sueño venido directamente de Dios.

Comprendí entonces que lo que hace magnífica la falange es el pegamento. El pegamento invisible que la mantiene unida.

Cuando llegué a lacedemonia y me llamaron Suicidio, lo detestaba. Pero con el tiempo vi la sabiduría que contenía, aunque no era intencionada. Porque ¿qué puede ser más noble que matarse uno mismo? No literalmente. No clavarse un cuchillo en las entrañas, sino extinguir el yo egoísta que llevamos dentro, esa parte que sólo busca su propia conservación, salvar su propia piel. Vi que esta era la batalla que los espartanos habiais ganado sobre vosotros mismos. Este era el pegamento. Era lo que habíais aprendido y fue lo que me hizo quedarme, para aprenderlo también.


Cuando un guerrero lucha no para sí mismo, sino para sus hermanos, cuando el objetivo que con más pasión persigue no es la gloria y la conservación de su propia vida, sino perder su sustancia por ellos, sus camaradas, no abandonarlos, no demostrar que se es indigno de ellos, entonces su corazón verdaderamente ha conseguido el desprecio por la muerte, y con ello se trasciende a sí mismo y sus acciones rozan lo sublime. Por esto el verdadero guerrero no puede hablar de batalla salvo con sus hermanos que han estado allí.

Recuerdas la noche que hablamos del miedo y su opuesto?. Tengo la respuesta a mi pregunta. Nuestros amigos me la han dado.


Lo opuesto al miedo, es el amor”.


De la Novela "Puertas de Fuego" de Steven Pressfield

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